Un equipo de especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) logró reducir a más de la mitad el uso de nitrógeno en cultivos de girasol mediante el uso de drones y algoritmos, en un ensayo realizado en Reconquista. La experiencia, desarrollada por técnicos del INTA local, resulta relevante porque demuestra que es posible disminuir costos productivos y mejorar la eficiencia del uso de insumos sin afectar los rendimientos, uno de los principales desafíos del agro.
El trabajo se basó en la aplicación de herramientas de agricultura de precisión, con el objetivo de reemplazar el esquema tradicional de fertilización uniforme por un sistema ajustado a las necesidades específicas de cada sector del lote. Para ello, se utilizaron drones equipados con sensores multiespectrales y modelos algorítmicos que permitieron interpretar la información recolectada.
“Logramos reducir de manera significativa la cantidad de nitrógeno aplicado sin perder rendimiento. La clave fue usar información precisa del cultivo para ajustar la fertilización en cada sector del lote, dándole a cada ambiente exactamente lo que necesita”, explicó Gonzalo Scarpín, del INTA Reconquista, en declaraciones difundidas por el organismo.

El procedimiento comenzó con un relevamiento aéreo del cultivo previo a la fertilización. Mediante el uso de drones, los técnicos captaron imágenes que luego fueron procesadas para generar distintos índices vegetativos, como NDVI, GNDVI y NDRE, herramientas ampliamente utilizadas para medir el vigor y estado de las plantas.
Estos indicadores permitieron identificar diferencias dentro del lote, es decir, zonas con mayor o menor desarrollo del cultivo. A partir de esa información, el equipo elaboró mapas de recomendación que sirvieron como base para definir dosis variables de nitrógeno.
“Previo a la fertilización realizamos un vuelo con dron que nos permitió obtener mapas muy detallados del cultivo. Esa información es la base para tomar decisiones más precisas”, detalló Scarpín.
El uso de algoritmos fue clave en este proceso. Los datos recolectados por los sensores fueron procesados para traducir la variabilidad detectada en decisiones concretas de manejo. En lugar de aplicar una dosis uniforme en todo el lote, el sistema permitió asignar cantidades específicas de fertilizante según la necesidad real de cada ambiente.
“El algoritmo traduce los colores del mapa en una recomendación concreta. Así podemos aplicar más nitrógeno donde el cultivo lo necesita y menos donde no hace falta”, agregó la especialista.
Para evaluar el impacto de esta estrategia, el ensayo comparó tres esquemas: fertilización tradicional con dosis fija, manejo variable con agricultura de precisión y parcelas sin aplicación de nitrógeno.
Los resultados fueron contundentes. En los tratamientos con dosis variable, la cantidad total de nitrógeno aplicada se redujo de manera significativa. “En muchos casos la dosis total fue menos de la mitad de la que se aplica con un manejo uniforme”, señaló Vitti Scarel, también integrante del equipo técnico.
A pesar de esta reducción, los rindes obtenidos se mantuvieron en niveles similares a los del manejo convencional. Esto implicó una mejora directa en la eficiencia del uso del nitrógeno, un indicador clave que mide cuántos kilos de grano se producen por cada kilo de fertilizante aplicado.

El resultado no solo tiene impacto económico —al reducir el costo de uno de los insumos más relevantes— sino también ambiental, ya que un uso más eficiente del nitrógeno contribuye a disminuir pérdidas y posibles efectos negativos sobre el suelo y el agua.
El ensayo del INTA Reconquista se inscribe en una tendencia creciente hacia sistemas productivos más eficientes y sustentables. La posibilidad de ajustar insumos en función de la variabilidad intra-lote marca un cambio de paradigma frente a los modelos tradicionales, que aplican criterios uniformes sobre superficies heterogéneas.
En este sentido, los especialistas destacan que la integración de tecnologías como drones, sensores remotos y análisis de datos permite transformar información en decisiones agronómicas concretas. Este enfoque no solo optimiza recursos, sino que también mejora la competitividad de los sistemas productivos.
Además, la adopción de estas herramientas se vuelve cada vez más accesible para los productores, en un contexto donde la digitalización del agro avanza con rapidez. El uso de mapas de prescripción y maquinaria capaz de aplicar insumos de manera variable ya forma parte de la práctica en muchas regiones agrícolas.
Si bien los resultados del ensayo son alentadores, desde el INTA señalan que la implementación a gran escala requiere considerar factores como la disponibilidad de tecnología, la capacitación técnica y la adaptación a distintas condiciones productivas.
El desafío, sostienen, es lograr que estas herramientas se integren de manera efectiva en los sistemas productivos, permitiendo a los productores tomar decisiones basadas en datos y reducir la incertidumbre.
En paralelo, el desarrollo de algoritmos más precisos y la mejora en la calidad de los sensores seguirán ampliando las posibilidades de la agricultura de precisión. En ese escenario, el manejo sitio-específico de nutrientes aparece como una de las estrategias con mayor potencial para aumentar la eficiencia y la sustentabilidad del agro argentino.
El caso de Reconquista aporta evidencia concreta en esa dirección: menos insumos, mismos resultados y mayor eficiencia, una combinación que podría redefinir la forma en que se manejan los cultivos en los próximos años.