La inflación en Uruguay registró en marzo un 2,94% interanual, ubicándose por debajo del piso de tolerancia establecido por el Banco Central del Uruguay (BCU), y generando preocupación en el gobierno sobre el impacto en otras variables económicas clave. La cifra se convierte en la más baja en 70 años y representa la primera vez en 33 meses que el IPC sale del rango considerado aceptable, que va del 3% al 6%.
El BCU tiene como meta que la inflación converja hacia 4,5% anual, aunque admite cierta flexibilidad con el rango de tolerancia. Según informó el noticiero Telemundo, esta desviación implica un desafío para el equipo económico, que advierte que no cumplir con la meta podría afectar el déficit fiscal, los ajustes salariales y el mercado laboral.
Por rubros, el descenso general se explica principalmente por una caída en los precios de alimentos y bebidas no alcohólicas (-0,05%), con bajas destacadas en frutas como manzanas y peras, y en verduras como lechuga y boniatos. En contraste, los transporte aumentaron un 0,94%, impulsados por la apreciación del dólar, aunque parcialmente compensados por la baja en los combustibles durante marzo. Por su parte, los servicios de educación subieron cerca de 3%, impactados por el inicio de clases.

El economista Aldo Lema señaló a través de su cuenta de Twitter que “la inflación subyacente se aceleró durante marzo, aún sin alzas de combustibles, pero la variación del indicador general fue atenuada por las caídas de precios de varios volátiles (frutas, verduras, etc.)”. La inflación subyacente, que excluye productos con precios volátiles, alcanzó 3,5% interanual.
Por su parte, José Licandro comentó que Uruguay está actualmente “importando inflación desde el resto del mundo, así como en 2025 importó deflación. Estar en 2,94 –aunque debajo del margen de tolerancia– hoy es una bendición para la meta de 4,5%. La política monetaria debería entrar en un impasse hasta que aclare”.
El BCU ha respondido a este escenario de baja inflación con una flexibilización de su política monetaria, reduciendo la tasa de interés de referencia en 100 puntos básicos a fines de enero y otros 75 puntos en marzo, hasta situarla en 5,75%, con el objetivo de estimular la actividad económica y acercar la inflación hacia la meta deseada.

Los analistas del gobierno estiman que esta caída podría corregirse en abril debido a factores externos: la subida del precio del barril de petróleo, que impulsó un aumento del 7% en los combustibles, y la revalorización del dólar en aproximadamente 5%. Estos movimientos podrían generar un repunte temporal de la inflación y acercar nuevamente el IPC al rango tolerable.
La baja inflación presenta ventajas para los consumidores, ya que el poder adquisitivo se mantiene más estable, pero también genera incertidumbre para la planificación económica del Estado y las empresas. Por ejemplo, las pautas salariales definidas el año pasado se basaron en una inflación esperada de 4,5%, y un valor por debajo del piso podría desajustar esos cálculos.
En resumen, Uruguay enfrenta un escenario económico atípico: aunque la inflación histórica baja ofrece cierto alivio a los hogares, al mismo tiempo representa un desafío para las metas macroeconómicas y la política fiscal del país. Según el portal Infobae, el seguimiento de los próximos meses será clave para evaluar si se logra un repunte sostenido de precios o si la economía deberá adaptarse a un contexto prolongado de inflación contenida.