La inauguración de la ampliación de una planta frigorífica en Tacuarembó, con una inversión superior a 70 millones de dólares, reunió al presidente Yamandú Orsi, autoridades del gobierno, empresarios y productores, y dejó como eje central la necesidad de aumentar la producción ganadera en Uruguay para aprovechar la infraestructura existente y reducir el 30% de capacidad ociosa que hoy registra la industria.
El evento, encabezado por la empresa MBRF tras su reconversión luego de la adquisición de BRF Foods, marcó un hito para el sector cárnico al incorporar mayor capacidad de faena y procesos con valor agregado, en una planta que ahora se posiciona como una de las más relevantes del país. Sin embargo, el crecimiento industrial enfrenta un límite claro: la disponibilidad de ganado.
Marcos Molina, principal referente de la compañía, planteó con firmeza el desafío estructural que enfrenta el sector. “El gran desafío de la industria en Uruguay es la ociosidad de las plantas. Señor Presidente, hoy tenemos en el país 30% de ociosidad”, afirmó durante su intervención. En esa línea, convocó a una agenda común entre el Estado, los productores y la industria para incrementar la producción, generar empleo y mejorar la rentabilidad de toda la cadena.

La inversión en la planta de Tacuarembó se realizó con el objetivo de ampliar la capacidad de faena hasta niveles cercanos a las 4.000 cabezas diarias, aunque ese potencial aún no se alcanza por la limitada oferta ganadera. Según explicó Molina, el desarrollo industrial estuvo vinculado a un proceso de reconfiguración empresarial, con la intención de concentrar operaciones en el norte del país y mejorar la eficiencia productiva.
El planteo empresarial fue recogido por el gobierno. El presidente Yamandú Orsi reconoció la situación y sostuvo que el país debe profundizar sus políticas productivas. “Empezamos con la idea del Procría, pero hay que darle una vuelta más. Tener un 30% de la capacidad ociosa habla bien de la infraestructura, pero también nos dice que algo pasó y hay que resolverlo”, expresó.
Orsi también destacó la importancia de la inversión extranjera directa, aunque hizo hincapié en el valor de los vínculos construidos en el proceso. “Atrás de la inversión hay alguien, y en Marcos Molina encontramos un uruguayo más, que nos conoce y nos ayuda a abrirnos a un mundo cada vez más exigente”, señaló.
Por su parte, el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Alfredo Fratti, coincidió en la necesidad de incrementar la producción y defendió el programa Procría como herramienta clave para aumentar la cantidad de terneros. No obstante, admitió que el desafío requiere mayor escala productiva y articulación público-privada.
“Si tenemos el apoyo de la industria lo podemos escalar”, sostuvo el funcionario, quien además aseguró que Uruguay tiene condiciones para alcanzar una faena de hasta 3 millones de animales por año, lo que permitiría mejorar significativamente el uso de la capacidad instalada.

Desde la empresa, el CEO de MBRF, Miguel Gularte, aportó una visión histórica y destacó la evolución del país en las últimas dos décadas. Recordó que cuando la firma llegó a Uruguay, el contexto era complejo, marcado por crisis económicas y problemas sanitarios, pero subrayó que hoy el país se posiciona como un referente global en calidad y sanidad.
“Uruguay tiene todo, desde vocación hasta historia”, afirmó, en referencia al potencial del sector y a la trayectoria ganadera del país.
En tanto, el CEO de MBRF en Uruguay, Marcelo Secco, brindó detalles sobre la magnitud de la ampliación. La planta cuenta con 52.000 metros cuadrados de proceso productivo en un predio de 110 hectáreas, y su capacidad aumentó un 40%, alcanzando los 1.400 animales procesados por día. Además, el complejo genera 1.700 empleos directos en Tacuarembó, dentro de un total de 4.500 trabajadores en todo el país.
Secco destacó que el objetivo es consolidar un modelo productivo basado en eficiencia, escala, seguridad y altos estándares de calidad, orientado tanto al mercado interno como a la exportación.
El encuentro dejó en evidencia un consenso entre los distintos actores: la inversión industrial por sí sola no garantiza el crecimiento del sector si no está acompañada por una mayor producción primaria. En ese sentido, el desafío pasa por incrementar el stock ganadero, mejorar la productividad y fortalecer la cadena de valor, en un contexto internacional que demanda alimentos de alta calidad.
La jornada en Tacuarembó funcionó así como un punto de partida para reforzar el diálogo público-privado, con el objetivo de transformar la capacidad instalada en crecimiento efectivo. La oportunidad está planteada y, según coincidieron los protagonistas, dependerá de la coordinación de políticas y decisiones estratégicas que Uruguay consolide su lugar como actor clave en el mercado cárnico global.