Argentina avanza en la innovación agrícola con el desarrollo de nuevas variedades de arándano, creadas por la Facultad de Agronomía de la UBA y una empresa privada, que buscan mejorar la calidad, anticipar la cosecha y potenciar las exportaciones en un mercado global en expansión.
En un escenario internacional donde crece la demanda de alimentos saludables, el arándano se consolida como uno de los productos más dinámicos del comercio global. En ese contexto, Argentina no solo se posiciona como productor, sino también como generador de innovación genética con impacto internacional.
El avance más reciente surge de un programa de mejoramiento genético iniciado en 2009, que ya dio como resultado cuatro nuevas variedades: Moya, Naike, Tafí y Slender. Estas fueron desarrolladas a partir del análisis de más de 30.000 plantas, con el objetivo de responder a las exigencias del mercado global.
El proyecto combina el trabajo científico con la visión comercial, lo que permitió diseñar cultivares con características específicas. Entre los principales atributos se destacan la producción extra temprana, la larga vida postcosecha y la adaptación al manejo orgánico.

La producción temprana representa una ventaja clave. Estas variedades pueden cosecharse en momentos donde la oferta global es baja, lo que permite acceder a mejores precios internacionales. Este factor mejora la rentabilidad del productor y posiciona al país de manera competitiva.
Otro punto central es la durabilidad del fruto. Dado que gran parte de la producción se exporta, mantener la calidad durante largos trayectos es fundamental. Las nuevas variedades logran conservar firmeza, sabor y textura hasta su llegada a destino, lo que incrementa su valor comercial.
Además, la adaptación a sistemas orgánicos responde a una tendencia global. Una gran proporción de los arándanos exportados se produce bajo este esquema, lo que exige variedades resistentes a plagas y enfermedades. En este aspecto, Tafí y Slender muestran ventajas al reducir la necesidad de insumos químicos.
Cada variedad aporta un diferencial específico. Moya se destaca por el tamaño de sus frutos, que alcanzan calibres superiores al promedio, y por su rendimiento. Naike sobresale por su perfil sensorial, con mejoras en sabor y textura. Tafí y Slender, en tanto, priorizan la resistencia biológica.
El interés internacional ya comenzó a manifestarse. Países líderes en la producción y comercialización de arándanos analizan estas variedades como una alternativa para mejorar su oferta. Sin embargo, su adopción requiere estudios de adaptación a distintas condiciones climáticas y productivas.
Los ensayos actuales se concentran en regiones con condiciones favorables, donde las plantas alcanzan su máximo potencial. A partir de estos resultados, se evaluará su expansión hacia otros mercados y zonas productivas.
Más allá del desarrollo técnico, el proyecto refleja la importancia de la articulación público-privada. La combinación entre investigación académica y conocimiento del mercado permitió sostener el trabajo durante más de una década y obtener resultados concretos.

A futuro, el programa continúa activo con nuevas líneas de investigación orientadas a mejorar el tamaño del fruto, su valor nutricional y sus cualidades sensoriales. También se exploran colaboraciones internacionales que podrían incorporar herramientas biotecnológicas avanzadas.
En un contexto global cada vez más competitivo, la innovación genética aparece como un factor clave para diferenciarse. Argentina busca aprovechar esta ventaja para consolidar su presencia en el mercado de frutas premium.
Así, el desarrollo de nuevas variedades de arándano no solo representa una oportunidad económica, sino también un ejemplo de cómo la ciencia aplicada puede generar valor en la producción agroalimentaria y abrir puertas en el comercio internacional.