Miguel Galuccio, ex CEO de YPF y fundador de Vista, relató cómo logró convertir un instrumento financiero conocido como “cheque en blanco” en una compañía energética valuada en más de US$ 8.000 millones, en un proceso que comenzó en 2017, tuvo base en Vaca Muerta y hoy posiciona a la empresa como la petrolera independiente más importante de la Argentina que además cotiza en la Bolsa de Nueva York. Su experiencia resulta clave para entender la transformación de la matriz energética del país y el crecimiento del sector no convencional.
El caso de Vista es singular dentro de la industria. Se trata de una compañía que nació sin activos, financiada a través de un SPAC (Special Purpose Acquisition Company), un mecanismo poco habitual en América Latina que permite captar capital a partir de la confianza en un equipo fundador y un plan de negocios sólido. En ese marco, Galuccio y su equipo lograron atraer US$ 800 millones iniciales, en lo que fue uno de los mayores SPAC energéticos de la región.
“La primera hoja en blanco no hablaba de dinero, hablaba de cultura”, explicó el empresario al reconstruir el origen del proyecto. La estrategia, según detalló, consistió en crear una organización ágil, innovadora y con fuerte sentido de propiedad, capaz de romper con los esquemas tradicionales de la industria petrolera.
El recorrido de Galuccio está estrechamente vinculado al desarrollo de Vaca Muerta. En 2012, cuando asumió la conducción de YPF, la Argentina atravesaba una crisis energética marcada por un déficit de US$ 12.000 millones y una fuerte dependencia de importaciones de gas. En ese contexto, el desafío era revertir una situación crítica y sentar las bases para el desarrollo de recursos no convencionales.

“No había absolutamente nada. La gente no tiene dimensión de lo que fue construir Vaca Muerta”, recordó. Según sus datos, el país pasó de importar más de 100 barcos de GNL por año a lograr, en 2025, un superávit energético superior a los US$ 7.000 millones, impulsado en gran parte por la producción de shale oil y shale gas.
Ese proceso implicó cambios estructurales. Galuccio destacó que el primer paso fue modificar la mentalidad del sector: abandonar una lógica de escasez y avanzar hacia una visión de abundancia energética basada en inversión, tecnología y desarrollo de talento.
Tras su paso por YPF, el ejecutivo decidió avanzar con un proyecto propio. La creación de Vista respondió, según explicó, a una necesidad personal de construir una compañía desde cero, combinando su experiencia global con el potencial de los recursos argentinos.
El armado del equipo fue uno de los factores clave. Galuccio convocó a profesionales con perfiles complementarios en áreas como finanzas, operaciones y desarrollo de negocios, muchos de los cuales debieron dejar posiciones consolidadas para sumarse a una iniciativa de alto riesgo.
“Era un salto al vacío. Hoy es una empresa consolidada, pero en ese momento era una idea”, señaló.
El desafío más complejo llegó tras la obtención del financiamiento. En el modelo SPAC, los inversores tienen la posibilidad de retirar su capital antes de la ejecución del proyecto, lo que obliga a validar el plan frente a los accionistas. “Ahí empieza lo más difícil: ejecutar”, afirmó.
Desde su creación, Vista experimentó un crecimiento acelerado. La empresa comenzó cotizando en Nueva York con un valor cercano a los 9 dólares por acción y alcanzó una capitalización de mercado de US$ 8.000 millones. Actualmente produce entre 135.000 y 140.000 barriles diarios, consolidándose como un actor central en el desarrollo del shale argentino.
Según Galuccio, el potencial de crecimiento sigue siendo significativo. “Hemos desarrollado apenas el 10% de los recursos que tenemos”, indicó, al tiempo que anticipó que la expansión futura dependerá de la estabilidad macroeconómica, la seguridad jurídica y reglas claras para la inversión.
En ese sentido, remarcó la importancia de la infraestructura energética y del rol de la provincia de Neuquén en el desarrollo del sector. La articulación entre sector público y privado fue, a su entender, un factor determinante.

El desarrollo no convencional requiere altos niveles de tecnología de punta. Galuccio explicó que los pozos combinan perforación vertical y horizontal, con profundidades que pueden superar los 3.000 metros. Luego se aplican técnicas de fractura hidráulica en múltiples etapas para liberar los hidrocarburos atrapados en la roca.
“El nivel tecnológico es comparable con Estados Unidos”, aseguró. Además, destacó que parte de las operaciones ya se alimentan con energías renovables, reflejando una tendencia hacia la integración energética.
Cada pozo involucra entre 30 y 50 trabajadores directos, aunque la cadena de valor incluye a cientos de personas en servicios especializados, logística e ingeniería.
Para Galuccio, el diferencial competitivo de Vista no está únicamente en los recursos, sino en su capital humano. Definió a la compañía como una organización “atendida por sus propios dueños”, en referencia al compromiso de sus empleados.
“La gente es el activo principal”, afirmó. En ese sentido, destacó el carácter formativo de la industria, donde los jóvenes adquieren experiencia en entornos de alta exigencia, combinando innovación, trabajo en equipo y condiciones adversas.
“Los jóvenes tienen que ir temprano a la trinchera”, sostuvo, al referirse a la importancia de la experiencia en campo.
Más allá del petróleo, Galuccio impulsa iniciativas vinculadas a la transición energética. Vista participa en proyectos de venture capital, enfocados en energías limpias, bonos de carbono y biotecnología.
“El petróleo se va a terminar en algún momento, pero todavía queda mucho camino”, señaló. Para el empresario, el futuro estará marcado por la innovación, la adaptación tecnológica y la capacidad de generar nuevas soluciones energéticas.
Nacido en Paraná, Galuccio creció en una familia de clase media trabajadora. Su padre era emprendedor y su madre docente. Desde joven desarrolló iniciativas propias, lo que marcó su perfil profesional.
“Siempre tuvimos ganas de hacer cosas”, recordó.
Su carrera internacional lo llevó a trabajar en distintos países antes de regresar a la Argentina para liderar YPF, en una decisión que combinó vocación profesional y compromiso con el país.
El caso de Vista se convirtió en un ejemplo dentro del ecosistema empresarial argentino, al demostrar que es posible construir una compañía global en un sector intensivo en capital.
Para Galuccio, el éxito responde a una combinación de cultura, talento, disciplina y ejecución. “No hay magia. Hay trabajo, errores y aprendizaje”, resumió.
A más de una década del desarrollo de Vaca Muerta, su historia refleja no solo el crecimiento de una empresa, sino también el cambio estructural de la energía en la Argentina, tal como se desprende de su testimonio en una entrevista publicada por La Nación.