En el marco de Expo EFI 2026, referentes del sector agroindustrial analizaron el presente y futuro del campo argentino y coincidieron en un diagnóstico central: la rentabilidad ya no depende exclusivamente de la producción, sino de la integración de tecnología, eficiencia logística y alianzas estratégicas, en un contexto de costos crecientes y márgenes cada vez más ajustados. El debate, que reunió a empresarios, productores y especialistas, puso en evidencia un cambio estructural en el modelo productivo, donde el agro deja de ser un conjunto de unidades individuales para convertirse en un ecosistema interconectado y altamente competitivo.
Uno de los puntos más destacados del encuentro fue la revalorización de la ganadería frente a la agricultura tradicional. Luciano Colombo, consignatario y productor, expuso con cifras concretas el cambio de escala en los márgenes: mientras un camión de soja ronda los $10 millones, una jaula doble de hacienda puede alcanzar entre $80 y $100 millones, dependiendo de la categoría. Esta diferencia, explicó, no solo responde a los precios internacionales, sino también al impacto de los costos logísticos, que se han vuelto determinantes.
Según detalló, el transporte de granos se ha convertido en un factor crítico que erosiona la rentabilidad agrícola. Mover una tonelada de soja hacia los puertos implica un costo de entre $70.000 y $80.000, sobre un valor total que oscila entre $350.000 y $400.000. Este escenario posiciona a la logística como un “impuesto invisible” que condiciona las decisiones productivas y obliga a repensar el negocio.

Frente a esta realidad, Colombo planteó una estrategia clara: avanzar en la transformación en origen, es decir, utilizar los granos dentro del propio campo para producir carne y comercializarla en pie. Este modelo permite capturar mayor valor agregado, reducir costos de transporte y mejorar la eficiencia económica. Además, indicó que el costo de producción de un kilo de carne se ubica actualmente apenas por encima de la mitad de su precio de venta, lo que proyecta un escenario de precios sostenidos en el mediano plazo.
El contexto internacional también juega a favor de la proteína animal. La menor producción global de carne vacuna y la persistente demanda de cortes premium sostienen valores elevados, como ocurre con la Cuota Hilton, que se mantiene entre los u$s21.000 y u$s24.000 por tonelada. A esto se suma el estancamiento de las alternativas vegetales, que no lograron desplazar a la carne tradicional en los principales mercados internacionales.
Otro de los ejes centrales del panel fue el impacto de la tecnología aplicada al agro, en particular el desarrollo del riego como herramienta clave para estabilizar rendimientos. Martín Pasman, especialista en sistemas de riego, advirtió sobre la fuerte variabilidad productiva en Argentina, donde las cosechas pueden oscilar entre 80 millones de toneladas en años secos y 155 millones en ciclos favorables.
En este contexto, el riego se posiciona como un factor determinante para la sostenibilidad productiva. Pasman explicó que esta tecnología no solo reduce la dependencia climática, sino que también permite incrementar significativamente los rindes. En zonas históricamente marginales, donde la ganadería era la única alternativa viable, hoy se alcanzan niveles productivos de alta escala.
El avance del riego también transformó el valor de la tierra y la forma de producir. La incorporación de sistemas que combinan agua, micronutrientes y gestión de datos posibilita un manejo más preciso de los cultivos, acercando al productor a un modelo de agricultura de precisión. Este proceso consolidó una nueva lógica en el agro argentino: la de la producción basada en eficiencia, innovación tecnológica y toma de decisiones inteligente.

En paralelo, el debate puso el foco en la necesidad de generar escala a través de modelos asociativos. Gonzalo del Piano, presidente de Agricultores Federales Argentinos (AFA), destacó el rol de las cooperativas como herramientas para mejorar la competitividad de los pequeños y medianos productores.
Con más de 15.000 asociados, AFA se consolidó como una de las cooperativas más importantes del país y del mundo. Del Piano explicó que el modelo permite acceder a mejores precios de comercialización, lograr integración productiva y participar en proyectos de gran envergadura.
En este sentido, la cooperativa avanzó en la integración vertical, incorporando actividades industriales como la producción de aceites, alimentos balanceados e insumos agrícolas. Además, impulsa inversiones en infraestructura estratégica, como puertos y plantas de biocombustibles, que resultan inaccesibles para productores individuales.
El dirigente subrayó que el desafío actual es lograr que explotaciones de menor escala puedan operar con la eficiencia de grandes establecimientos. “El productor de 50 hectáreas necesita integrarse para competir como uno de 1.000”, sintetizó, marcando el rumbo hacia un modelo más colaborativo, integrado y sustentable.
La transformación del agro también alcanza a la industria metalmecánica, que debió adaptarse a las nuevas demandas tecnológicas. Rosana Negrini, presidenta de Agrometal, destacó que las máquinas agrícolas dejaron de ser simples herramientas mecánicas para convertirse en equipos inteligentes, con automatización avanzada y conectividad digital.
La incorporación de sensores, sistemas de precisión y software de gestión permite optimizar cada proceso productivo. Desde la siembra hasta la cosecha, cada decisión se basa en datos en tiempo real, lo que mejora la eficiencia operativa y reduce costos.
Negrini remarcó que la innovación constante fue clave para sostener la competitividad de la industria, incluso en contextos económicos adversos. La continuidad en la inversión en desarrollo tecnológico permitió posicionar a empresas locales en un mercado cada vez más exigente.
Este avance también generó un cambio en el perfil laboral del sector. La demanda de técnicos especializados, ingenieros agrónomos y expertos en tecnología aplicada crece en todo el país, impulsando la formación de nuevos polos productivos en localidades del interior.
Como cierre del panel, el moderador Ricardo Bindi sintetizó el escenario actual al afirmar que el agro argentino atraviesa una transformación estructural profunda. La lógica tradicional, basada en la producción primaria, cede lugar a un modelo donde el conocimiento, la innovación y la articulación entre actores resultan determinantes.
En este nuevo ecosistema, la capacidad de adaptarse a los cambios y de integrar tecnología, logística eficiente y alianzas estratégicas será clave para sostener la competitividad. El desafío no solo implica producir más, sino hacerlo con mayor eficiencia, diversificación y sustentabilidad.
La conclusión compartida por los participantes fue contundente: el futuro del campo argentino dependerá de su capacidad para evolucionar hacia un modelo más integrado, tecnológico y colaborativo, donde cada eslabón de la cadena aporte valor en un contexto global cada vez más desafiante.