El financiamiento de las pymes en Argentina atraviesa un proceso de transición tras el impacto del endurecimiento monetario de 2025: más del 60% de las empresas aún registra dificultades para acceder al crédito, pero la situación comienza a estabilizarse gracias a la baja de tasas de interés y a un incipiente reordenamiento del sistema financiero, según afirmó Pablo Pereyra, titular de la Cámara Argentina de Sociedades de Garantía Recíproca (CASFOG). El fenómeno resulta relevante en un contexto económico marcado por cambios estructurales, donde el acceso al crédito se vuelve determinante para la sostenibilidad del tejido productivo.
El escenario actual refleja las consecuencias del fuerte ajuste monetario aplicado a mediados del año pasado, cuando el salto en las tasas de interés restringió de manera significativa el financiamiento empresarial. A eso se sumó la caída de la demanda interna, que redujo los ingresos de muchas empresas y complicó su capacidad de repago. El resultado fue un deterioro generalizado en las condiciones de financiamiento, especialmente para las pequeñas y medianas empresas.
Sin embargo, el panorama comienza a mostrar signos de mejora. Pereyra sostuvo que la proporción de firmas con dificultades dejó de crecer y que las perspectivas hacia adelante son más alentadoras. “Hoy las tasas de interés están sensiblemente más bajas de lo que vimos en ese proceso, entendemos que van a continuar bajando y, en línea con eso, las pymes empiezan a recuperar el acceso al crédito”, explicó el directivo.
Uno de los puntos clave del análisis es el histórico déficit de financiamiento en la economía argentina. Según datos del sector, la relación crédito/PBI, que durante años se mantuvo en torno al 5%, actualmente se ubica entre el 11% y el 12%, todavía lejos de los niveles de otros países de la región. En este contexto, las sociedades de garantía recíproca (SGR) cumplen un rol central al facilitar el acceso al crédito mediante avales: participan en uno de cada tres préstamos bancarios y en cerca del 40% del financiamiento en el mercado de capitales.

La dinámica del crédito cambió de forma significativa respecto de años anteriores. Durante el período de tasas negativas, muchas empresas podían financiarse sin mayores restricciones, incluso cubriendo ineficiencias operativas. El nuevo escenario, en cambio, exige mayor disciplina financiera y una evaluación más rigurosa del riesgo crediticio. Esto impacta de manera desigual en los distintos sectores.
Mientras actividades vinculadas a la energía y la minería muestran mayor dinamismo, impulsadas por inversiones y demanda externa, la industria enfrenta mayores dificultades debido a la menor actividad económica. Esta heterogeneidad sectorial explica por qué la recuperación del crédito no es uniforme y avanza a diferentes velocidades.
En cuanto a la morosidad, el titular de CASFOG diferenció la situación de las empresas respecto de la de los consumidores. Aunque la mora pyme aumentó tras el shock de tasas, se mantiene por debajo de los niveles observados en el crédito al consumo. Además, el problema principal no radica en la solvencia estructural, sino en cuestiones de flujo de caja.
“Entre el 60% y el 70% de las pymes con dificultades necesitan soluciones puntuales”, explicó Pereyra. En ese sentido, destacó el papel de las SGR como intermediarias clave entre las empresas y el sistema financiero. “Venimos a ser un amortiguador frente a los bancos, con capacidad para entender cada caso y construir alternativas de refinanciamiento”, agregó.
Los datos más recientes muestran una mejora relativa en los indicadores. Tras un aumento de la mora entre julio y diciembre de 2025, la situación comenzó a estabilizarse. Actualmente, una de cada ocho pymes presenta dificultades en el sistema bancario, mientras que en el universo de las SGR esa proporción se reduce a una de cada doce, gracias a un análisis más profundo del riesgo.
De cara al futuro, el sector apuesta a la incorporación de tecnología y herramientas de análisis de datos para mejorar la evaluación crediticia y ofrecer productos personalizados. La tendencia apunta hacia esquemas de financiamiento “a medida”, capaces de anticiparse a las necesidades de las empresas.
El desafío de fondo sigue siendo ampliar el acceso al crédito y cerrar la brecha con países como Chile o Brasil, donde el financiamiento pyme tiene mayor desarrollo. “La búsqueda es que este sistema sea dos o tres veces más grande”, señaló Pereyra, quien remarcó que el camino hacia un esquema de financiamiento más sólido ya está en marcha, en línea con lo que también destaca Forbes sobre la recuperación gradual del crédito productivo.