El acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea comenzó a regir de manera provisional el 1 de mayo de 2026, pero su implementación coincide con nuevas regulaciones ambientales europeas que impactan sobre las exportaciones agroindustriales sudamericanas, especialmente en productos como soja, carne y derivados.
La entrada en vigor del acuerdo abre oportunidades comerciales, pero también expone tensiones. Según informó Bichos de Campo, la Unión Europea avanzó con el reglamento 1115, que establece que desde 2027 no podrán ingresar productos vinculados a deforestación posterior a 2020, lo que afecta a bienes como soja, carne vacuna, café, cacao y madera.
La normativa exige que las empresas importadoras presenten una declaración de “diligencia debida”, respaldada por sistemas de trazabilidad con información georreferenciada. Esto implica que los países exportadores deben garantizar el origen de sus productos con estándares técnicos más estrictos.
Uno de los puntos más sensibles es la clasificación de riesgo establecida por la Unión Europea. Mientras países como Estados Unidos, Canadá o Australia fueron considerados de “riesgo bajo”, naciones del Mercosur como Argentina, Brasil y Paraguay quedaron en categoría “riesgo medio”, lo que implica controles más exigentes y mayores costos operativos.

Además, Europa impulsa cambios en la normativa sobre Cambio Indirecto del Uso del Suelo (ILUC), que podrían afectar directamente al biodiésel argentino elaborado con aceite de soja. En la práctica, esta modificación limitaría su acceso al mercado europeo y complicaría también el comercio del poroto de soja.
Otro foco de conflicto surge del sistema europeo de alertas sanitarias. En 2026 se registraron seis notificaciones por supuesta presencia de eventos transgénicos no autorizados en envíos de soja del Mercosur. Según consignó Bichos de Campo, estas detecciones fueron consideradas altamente improbables por Brasil, dado el bajo nivel de adopción de esas tecnologías en relación con el total producido.
Los datos reflejan esa baja probabilidad. En la campaña 2024/25, la soja con tecnología específica representó una proporción mínima frente al total de producción brasileña. Aun así, la Unión Europea reportó más de un caso en exportaciones hacia Países Bajos, lo que generó cuestionamientos técnicos y diplomáticos.
En este contexto, el complejo sojero aparece como el principal eje de la tensión comercial. El Mercosur concentra una participación relevante en el mercado global de soja y derivados, lo que lo convierte en un sector estratégico tanto económica como geopolíticamente.

Más allá de las medidas puntuales, el escenario refleja una disputa más amplia. El comercio entre la Unión Europea y el Mercosur se desarrolla en un contexto global marcado por la influencia de potencias como Estados Unidos y China, que también compiten por espacios de mercado y capacidad de decisión.
El acuerdo entre ambos bloques había sido impulsado como una herramienta para ampliar el intercambio y generar nuevas oportunidades. Sin embargo, la superposición con regulaciones ambientales y comerciales introduce incertidumbre sobre su implementación efectiva.
En términos prácticos, las nuevas exigencias europeas plantean un desafío para los países del Mercosur, que deberán adaptar sus sistemas productivos y de control para sostener el acceso a uno de los mercados más importantes del mundo.