La molienda de trigo pan en la Argentina alcanzó en marzo de 2026 un total de 557.486 toneladas, el volumen más alto para ese mes desde 2020, en un contexto marcado por la cosecha récord de la última campaña agrícola. Los datos fueron difundidos este martes por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía, que destacó el fuerte crecimiento de la actividad industrial impulsado por la mayor disponibilidad de grano y el fortalecimiento del agregado de valor en origen.
El nivel de procesamiento mostró una suba interanual de 12,3% respecto de marzo de 2025, cuando la molienda había alcanzado las 496.391 toneladas. En términos absolutos, el incremento fue de 61.095 toneladas, una diferencia que refleja la expansión de la actividad molinera en medio de una campaña triguera considerada histórica por el sector.

El crecimiento también fue significativo en la comparación mensual. Frente a febrero de este año, cuando se habían procesado 463.558 toneladas, la molienda avanzó 20,3%, equivalente a 93.928 toneladas adicionales. La recuperación industrial se dio luego de un comienzo de año marcado por ajustes logísticos y por el ingreso progresivo de mercadería proveniente de la nueva cosecha.
Desde el Gobierno nacional señalaron que el desempeño de la industria está directamente relacionado con la campaña récord de trigo registrada en la temporada 2025/2026. Las estimaciones oficiales ubican la producción en 27,9 millones de toneladas, un volumen sin precedentes para el cereal en la Argentina y uno de los más altos a nivel internacional para un exportador tradicional del complejo agrícola.
La abundancia de materia prima permitió sostener un mayor ritmo de actividad en los molinos harineros y consolidó un escenario de mayor capacidad de abastecimiento para el mercado interno. Al mismo tiempo, la mejora productiva abre expectativas de expansión en las exportaciones de harina y subproductos derivados del trigo.
En el acumulado del primer trimestre de 2026, la molienda de trigo pan totalizó 1.508.358 toneladas, un indicador que confirma el dinamismo del sector en los primeros meses del año. El dato también muestra una recuperación de la actividad industrial vinculada al agro luego de un período de fuerte volatilidad climática y económica que había afectado la producción en campañas anteriores.
La mejora en la molienda aparece además como uno de los principales efectos económicos derivados de la recuperación agrícola. La disponibilidad récord de trigo no solo fortalece a la industria harinera, sino que impacta sobre otras cadenas productivas vinculadas al cereal, como la elaboración de alimentos, la logística y el comercio exterior.
En el sector privado, operadores de la cadena triguera sostienen que el aumento en el procesamiento responde tanto al volumen disponible como a una mayor previsibilidad en la provisión de grano. Tras varios ciclos condicionados por sequías y restricciones productivas, la campaña actual permitió recomponer stocks y mejorar la capacidad operativa de los molinos.
Otro de los factores que favorecieron la expansión industrial fue la estabilidad relativa de los precios internacionales del trigo durante los primeros meses del año. Esto permitió a los exportadores y a la industria planificar compras y contratos con mayor anticipación, en un mercado que todavía sigue atento a las tensiones climáticas y geopolíticas que afectan la oferta global de granos.
El crecimiento de la molienda también tiene impacto sobre el empleo y las economías regionales. La industria molinera representa una actividad clave en distintas provincias productoras, donde el procesamiento del cereal genera puestos de trabajo directos e indirectos vinculados a la transformación industrial y la distribución de alimentos.
De acuerdo con los datos oficiales, el incremento de la actividad consolida el proceso de agregado de valor dentro del país, uno de los objetivos que históricamente busca potenciar el complejo agroindustrial argentino. El procesamiento local del trigo permite incrementar el valor exportable de la producción primaria y diversificar mercados a través de productos industrializados.
En paralelo, el mayor nivel de molienda contribuye al abastecimiento interno de harina y derivados, un aspecto central en un contexto inflacionario donde los alimentos continúan ocupando un lugar sensible dentro de la estructura de consumo de los hogares argentinos.
La cadena triguera argentina mantiene además una posición estratégica dentro del comercio internacional de alimentos. El país figura entre los principales exportadores mundiales de trigo y harina, con destinos concentrados principalmente en América Latina, África y algunos mercados asiáticos. La mejora en la producción y el procesamiento industrial podría traducirse en una mayor competitividad exportadora durante el resto del año.
Si bien el panorama actual es positivo para la industria, el sector sigue atento a la evolución de variables clave como los costos energéticos, la logística y el comportamiento de los mercados internacionales. También observan con expectativa las condiciones climáticas para la próxima campaña fina, fundamentales para sostener los niveles de producción alcanzados este año.
Con una cosecha récord y un fuerte repunte industrial, la molienda de trigo comenzó 2026 con cifras que reflejan la recuperación de uno de los complejos productivos más relevantes de la economía argentina. El desafío hacia adelante será sostener ese ritmo de crecimiento y transformar el excedente agrícola en mayor desarrollo industrial y exportador.