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Más grasa no siempre significa más energía: el mito ganadero que expertos buscan desarmar

Especialistas advierten que el exceso de grasa en la dieta bovina puede reducir productividad y afectar salud y reproducción

Más grasa no siempre significa más energía: el mito ganadero que expertos buscan desarmar
lunes 18 de mayo de 2026

El debate sobre la relación entre grasa y energía en la alimentación bovina volvió a instalarse entre productores y técnicos a partir de estudios y análisis nutricionales que ponen en duda una creencia muy extendida en la actividad: que una mayor cantidad de grasa en la dieta siempre mejora el desempeño productivo. Especialistas en nutrición animal señalaron recientemente que, si bien las grasas poseen un alto valor calórico, su exceso puede generar efectos contraproducentes en sistemas de producción de carne y leche, una advertencia clave para establecimientos ganaderos que buscan maximizar eficiencia y resultados.

La idea de que alimentos como expeller, tortas o extrusados de soja y girasol aportan más energía por contener niveles elevados de grasa tiene una base real. Desde el punto de vista nutricional, las grasas aportan aproximadamente 9 calorías por gramo, una cifra que más que duplica a carbohidratos y proteínas, cuyo aporte ronda las 4 calorías por gramo.

Sin embargo, los especialistas remarcan que esa ventaja energética no puede analizarse de manera aislada. El efecto final depende del equilibrio de toda la dieta y de cómo interactúan esos nutrientes dentro del sistema digestivo del rumiante.

En la práctica, el exceso de grasa modifica el funcionamiento del rumen, altera la digestión y termina afectando procesos productivos y fisiológicos esenciales.

La advertencia no es menor porque numerosos sistemas ganaderos incorporan subproductos industriales como fuente energética y proteica, muchas veces bajo la lógica de aumentar la concentración nutricional de las raciones.

Más grasa no siempre significa más energía: el mito ganadero que expertos buscan desarmar

El límite que no conviene superar

Los trabajos técnicos coinciden en una recomendación considerada clave: el contenido total de grasa no debería superar el 5% de la materia seca consumida por el animal.

La razón es que, por encima de ese umbral, comienzan a aparecer problemas digestivos y metabólicos que reducen el rendimiento productivo.

Entre los principales efectos aparece una disminución en la digestibilidad de los alimentos fibrosos, como pasturas, silajes o rollos. Cuando una dieta presenta exceso de grasa, la degradación de la fibra dentro del rumen se vuelve más lenta.

Como consecuencia, el alimento permanece más tiempo en el aparato digestivo y reduce el consumo general.

Ese fenómeno genera un círculo negativo: el animal consume menos materia seca, disminuye el aprovechamiento del forraje y termina produciendo menos carne o leche.

Los expertos explican que, además, el exceso lipídico puede alterar procesos hormonales y reproductivos, una situación especialmente delicada en vacas próximas al parto o en sistemas de alta producción lechera.

Paradójicamente, uno de los conceptos que más sorprende a los productores es que a medida que aumenta el nivel de grasa, puede disminuir el valor energético real aprovechado por el animal.

La explicación radica en que una dieta demasiado grasa reduce el consumo y altera la eficiencia digestiva, anulando buena parte del supuesto beneficio inicial.

Más grasa no siempre significa más energía: el mito ganadero que expertos buscan desarmar

Los alimentos con más grasa

Entre los granos y subproductos utilizados habitualmente existen grandes diferencias en contenido lipídico.

Entre los niveles más elevados aparecen:

  • Semilla de algodón: aproximadamente 19%.
  • Grano de soja: entre 18% y 20%.
  • Afrechillo de arroz entero: cerca de 15%.
  • Expeller o torta de soja: entre 6% y 14%.
  • Expeller o torta de girasol: entre 6% y 14%.
  • Maíz alto oleico: entre 5% y 8%.

En el otro extremo aparecen ingredientes de menor contenido graso:

  • Cebada: entre 1,5% y 2%.
  • Harina o pellet de soja: entre 0,3% y 0,8%.
  • Harina de girasol: entre 0,3% y 0,8%.
  • Forrajes frescos: alrededor del 1%.

La diferencia también depende de los procesos industriales utilizados.

Los expeller y tortas obtenidos por prensado conservan mayores porcentajes de aceite residual, mientras que las harinas producidas mediante extracción con solventes presentan valores considerablemente más bajos.

Esto explica por qué dos ingredientes aparentemente similares pueden tener comportamientos muy distintos dentro de una formulación nutricional.

Más grasa no siempre significa más energía: el mito ganadero que expertos buscan desarmar

El riesgo silencioso: hígado graso y problemas reproductivos

Además de las pérdidas productivas, los especialistas mencionan riesgos sanitarios comparables a procesos conocidos en medicina humana.

Uno de ellos es el llamado hígado graso, un trastorno asociado a la acumulación excesiva de lípidos en el hígado.

Ese fenómeno desencadena alteraciones metabólicas que luego impactan en múltiples órganos y funciones fisiológicas.

En bovinos, las consecuencias pueden reflejarse en menores índices reproductivos, alteraciones hormonales y una caída general del desempeño productivo.

En vacas de carne o leche cercanas al parto, la situación puede agravarse aún más debido a la acumulación de tejido adiposo en el aparato reproductivo.

Los especialistas consideran que estos efectos suelen pasar inadvertidos en los establecimientos, ya que no generan síntomas inmediatos visibles pero sí deterioran lentamente la eficiencia del rodeo.

Casos concretos: cuándo la dieta funciona

Los estudios también analizaron escenarios reales para determinar niveles seguros de inclusión.

En un primer caso se evaluó un novillo de 250 kilos, con objetivo de ganar entre 900 gramos y un kilo diario, alimentado con pastura, maíz alto oleico y expeller de girasol.

Con un consumo total cercano a 7,5 kilos de materia seca por día, el límite máximo recomendado de grasa era de unos 375 gramos diarios.

La dieta formulada alcanzó aproximadamente 265 gramos, equivalente al 3,5%, manteniéndose dentro de los parámetros adecuados.

En un segundo ejemplo se tomó una vaca lechera de 600 kilos, con una producción de 30 litros diarios.

La ración incluía pastura, maíz alto oleico y expeller de soja, alcanzando un consumo total de 20,5 kilos de materia seca.

En este caso, el máximo recomendado era cercano a un kilo de grasa por día, mientras que la dieta suministraba unos 925 gramos, equivalentes al 4,5%.

En ambos ejemplos los niveles permanecieron próximos al límite sugerido, pero sin superarlo.

La conclusión técnica fue contundente: el equilibrio sigue siendo más importante que la concentración.

La nutrición animal moderna busca maximizar eficiencia, pero los especialistas remarcan que incorporar ingredientes con alto contenido graso sin un adecuado cálculo puede generar el efecto opuesto al buscado. En ganadería, más energía no siempre significa mejores resultados, especialmente cuando el exceso termina afectando la salud y el rendimiento del rodeo.



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