Las Jornadas Lecheras Nacionales realizadas en el marco de Todo Láctea 2026 cerraron con foco en tres ejes considerados estratégicos para el futuro de la producción lechera: la sanidad animal, el manejo del calostro en terneras y la detección temprana del estrés calórico en rodeos. El encuentro reunió a investigadores, veterinarios, técnicos y productores que analizaron problemáticas sanitarias y productivas que afectan tanto la rentabilidad como la competitividad internacional de la lechería argentina, informo TodoAgro.
Durante la segunda jornada del evento, desarrollado con participación de especialistas del INTA Rafaela, el IdICaL (INTA-CONICET) y universidades extranjeras, se presentaron avances científicos y estrategias de manejo vinculadas a enfermedades bovinas, alimentación neonatal y adaptación de los tambos frente a fenómenos climáticos extremos.
Uno de los principales debates giró en torno a la tuberculosis bovina, una enfermedad considerada crítica para la sanidad animal y para el acceso de los productos argentinos a mercados internacionales.
El médico veterinario Marcelo Signorini, del INTA Rafaela e IdICaL, encabezó una de las exposiciones más relevantes del bloque sanitario bajo el título “Erradicación de la tuberculosis bovina, ¿una misión imposible?”.

El especialista describió a la enfermedad como un problema persistente para los sistemas productivos debido a su impacto económico, sanitario y comercial. La tuberculosis bovina afecta principalmente a rodeos lecheros, donde la mayor longevidad de los animales favorece la permanencia del patógeno dentro de los establecimientos.
Signorini explicó que las pruebas diagnósticas actuales requieren procedimientos manuales complejos y que existe riesgo de falsos negativos derivados de errores de interpretación.
“Al animal que da falso negativo a la PPD elimínenlo”, sostuvo el especialista durante la exposición, al remarcar la importancia de evitar focos ocultos dentro de los rodeos.
El investigador señaló que las buenas prácticas sanitarias son fundamentales para avanzar hacia la erradicación de la enfermedad y recordó que la meta sanitaria es reducir la prevalencia al 0,5% en las pruebas de tuberculina.
Además del impacto productivo, los especialistas remarcaron que la tuberculosis bovina constituye una zoonosis y representa una barrera para el comercio internacional.
“El acceso a los mercados está cada vez más condicionado por los requisitos de inocuidad y calidad”, advirtieron durante las jornadas, donde se destacó que la disciplina sanitaria será determinante para sostener las exportaciones de productos lácteos y cárnicos.
Otro de los temas abordados fue la queratoconjuntivitis infecciosa bovina, una enfermedad ocular de alta contagiosidad que genera importantes pérdidas económicas en los sistemas ganaderos.
La doctora Virginia Zbrun, del INTA Rafaela e IdICaL, explicó que la patología no suele causar mortalidad, pero sí elevados niveles de morbilidad y costos asociados al tratamiento y manejo de los animales afectados.
“Para continuar con las enfermedades frustrantes, vamos a continuar con la queratoconjuntivitis infecciosa bovina”, señaló la especialista al iniciar su presentación.
La enfermedad se agrava principalmente durante primavera y verano, cuando factores ambientales como la radiación ultravioleta y las altas temperaturas favorecen la aparición de lesiones clínicas.
Los estudios actuales indican que bacterias del género Moraxella actúan como agentes oportunistas, con predominio de la variante Moraxella bovoculi en rodeos lecheros.
Zbrun explicó que el control de moscas, consideradas principales vectores de transmisión, y la aplicación estratégica de vacunas forman parte de las herramientas preventivas más importantes.
El manejo sanitario y ambiental aparece como un punto central para reducir el impacto económico de esta enfermedad, especialmente en sistemas intensivos de producción.
Otro de los bloques destacados estuvo centrado en el uso del calostro bovino y su importancia para la salud y productividad futura de las terneras.
La doctora Melissa Cantor, profesora asistente del Departamento de Ciencia Animal de la Pennsylvania State University y asesora de Vetanco, remarcó que el calostro no solo cumple funciones nutricionales sino también inmunológicas fundamentales.
“El calostro es mucho más que la leche, es muy importante para traspasar inmunidad a los terneros”, explicó la especialista.
Cantor detalló que la calidad sanitaria del calostro, la rapidez de suministro y la cantidad administrada durante las primeras horas de vida son determinantes para reducir enfermedades y mejorar el desempeño productivo de los animales.
Según indicó, el ternero debe recibir un volumen equivalente al 10% de su peso corporal y el alimento debe estar libre de contaminación bacteriana.
La investigadora advirtió que una mala gestión del calostro genera consecuencias de largo plazo, entre ellas menor producción de leche, retrasos en la edad del primer parto y mayor incidencia de enfermedades respiratorias y digestivas.
La inmunoglobulina G, principal anticuerpo presente en el calostro, cumple un rol central en la protección intestinal y respiratoria de los animales jóvenes.
“Un día de calostro no logra complementar las deficiencias, se debe avanzar hacia una estrategia de tres días para asegurarse la reducción de consecuencias a lo largo de la vida de ese animal”, afirmó.
El cierre de las jornadas incluyó una exposición sobre estrés térmico en rodeos lecheros, una problemática creciente debido al aumento de temperaturas extremas.
La ingeniera agrónoma Georgina Frossasco, del INTA Rafaela, presentó avances de un proyecto público-privado orientado a desarrollar sistemas de alerta temprana para detectar estrés calórico antes de que afecte la producción de leche.

El estudio comenzó durante el verano de 2026 e involucra el monitoreo de 15 tambos de distintos sistemas productivos mediante sensores tecnológicos.
Los primeros datos muestran que los establecimientos analizados producen en promedio 35 litros diarios por vaca, aunque durante períodos de altas temperaturas la producción puede caer hasta 31 litros.
El relevamiento también evidenció que solo el 13% de los tambos cuenta con sistemas automáticos de refrescado, mientras que la mayoría activa ventiladores y aspersores de manera subjetiva, según la percepción térmica de los operarios.
Además, más de la mitad de los establecimientos no modifica horarios ni dietas durante episodios de calor extremo.
Frossasco señaló que el proyecto todavía se encuentra en desarrollo, aunque ya permitió identificar múltiples variables sobre las cuales trabajar para mejorar el bienestar animal y la eficiencia productiva.
Las Jornadas Lecheras Nacionales dejaron en evidencia que la lechería enfrenta desafíos cada vez más complejos vinculados a sanidad, manejo ambiental y adaptación tecnológica. En ese escenario, la articulación entre investigación científica, innovación y producción aparece como uno de los principales caminos para sostener la competitividad del sector.