La industria automotriz argentina atraviesa un proceso de redefinición y, en ese escenario, Daniel Herrero, presidente y CEO de Prestige Auto y exmáximo ejecutivo de Toyota Argentina, planteó una visión optimista sobre el futuro del sector. Durante una actividad realizada la semana pasada en Paraná, en el marco de la inauguración de la nueva sede central de Automotores Mega, sostuvo que el país aún tiene margen para crecer en ventas y competitividad si logra desarrollar herramientas financieras y un esquema productivo sostenible.
La información fue publicada originalmente por DOS FLORINES, medio que entrevistó al ejecutivo durante el evento realizado en el Acceso Norte de la capital entrerriana. Allí, Herrero destacó el valor de las inversiones privadas incluso en escenarios económicos complejos y remarcó la necesidad de pensar estrategias de largo plazo.
La apertura de la nueva sede implicó una inversión superior a los 4,5 millones de dólares y, según señaló el empresario, representa una apuesta que excede el contexto inmediato. En declaraciones a DOS FLORINES, sostuvo que “es indudablemente apostar al largo plazo, más allá de la coyuntura y tener confianza en esta zona de Entre Ríos y Santa Fe”.
Además del impacto económico directo, Herrero resaltó la capacidad de este tipo de proyectos para generar empleo y fortalecer el entramado productivo regional. Señaló que la iniciativa permite sostener decenas de puestos laborales y enfatizó la importancia de que otras empresas sigan ese camino. “Siempre digo que el optimismo se contagia y hay que buscar que muchos más hagan lo mismo”, expresó al medio entrerriano.
El exCEO de Toyota consideró que la Argentina necesita incrementar su actividad económica para ampliar oportunidades y alcanzar una mayor inclusión. En ese marco, advirtió que la industria automotriz enfrenta un escenario internacional desafiante por los cambios en la movilidad y el avance de nuevos actores globales.

Uno de los puntos centrales de su análisis estuvo enfocado en la competencia con China, país que concentra una creciente capacidad de producción automotriz. Según explicó, el gigante asiático produce decenas de millones de vehículos y cuenta con una estructura industrial que supera ampliamente la demanda interna, un fenómeno que aumenta la presión sobre los mercados internacionales.
Sin embargo, Herrero consideró que Argentina puede construir ventajas competitivas propias. Afirmó que el país posee fortalezas vinculadas a los servicios, la capacidad técnica y el valor agregado en la relación con los clientes. En ese sentido, sostuvo que el diferencial puede encontrarse menos en el volumen de producción y más en la calidad del servicio y la mano de obra especializada.
Para el directivo, la clave será consolidar un modelo sustentable que permita equilibrar exportaciones y mercado interno. Explicó que en Prestige Auto trabajan sobre un esquema con fuerte orientación externa, especialmente en la fabricación de unidades destinadas a otros países.
Según detalló a DOS FLORINES, la empresa busca alcanzar un nivel cercano al 80% de producción para exportación, una estrategia que, a su entender, permite mejorar la balanza comercial y sostener el negocio doméstico. También destacó medidas orientadas a mantener previsibilidad para los consumidores, entre ellas el congelamiento temporal de precios y la implementación de valores fijos para servicios en distintos puntos del país.
Otro aspecto relevante del diagnóstico estuvo relacionado con el financiamiento. Herrero sostuvo que el mercado automotor argentino encontró un piso cercano a los 600.000 vehículos anuales, aunque aclaró que esa cifra todavía se encuentra por debajo de los niveles récord registrados años atrás.
En esa línea, aseguró que el principal impulso para una nueva etapa de expansión puede provenir del acceso al crédito. “Si hoy volviésemos a tener herramientas financieras racionales, como puede ser el leasing operativo o créditos prendarios con tasas accesibles, el mercado tiene mucho para crecer. Hay una demanda insatisfecha”, afirmó a DOS FLORINES.
Finalmente, proyectó una recuperación económica con velocidades diferentes según cada actividad. Consideró que sectores como petróleo, minería y agroindustria continuarán liderando el crecimiento y anticipó que otras ramas productivas podrían incorporarse de manera gradual a ese proceso en los próximos años.