El maíz avanza sobre una nueva frontera productiva y abre oportunidades para la ganadería en la Patagonia

Experiencias presentadas en el Congreso Maizar muestran que el cereal puede expandirse hacia el sur del país y ser una herramienta clave para fortalecer la producción de carne bovina y ovina

El maíz avanza sobre una nueva frontera productiva y abre oportunidades para la ganadería en la Patagonia
lunes 01 de junio de 2026

La posibilidad de extender el cultivo de maíz hacia regiones históricamente alejadas de la producción agrícola tradicional volvió a ganar protagonismo durante el Congreso Maizar 2026, donde especialistas, investigadores y productores expusieron experiencias que muestran el potencial del cereal para desarrollarse en la Patagonia y transformarse en un insumo estratégico para impulsar la ganadería. Los casos presentados en distintas provincias del sur argentino sugieren que la expansión agrícola podría convertirse en una herramienta para mejorar la productividad, generar empleo y fortalecer las cadenas de valor vinculadas a la carne vacuna y ovina.

Según informó Maizar, y replicado por TNCampo, las experiencias fueron analizadas durante el panel “Producción de carne con maíz patagónico”, un espacio que reunió a referentes del sector público y privado para evaluar el potencial productivo de una región que comienza a ser observada como una nueva frontera para el desarrollo del cereal.

La discusión se dio en un contexto en el que las posibilidades de ampliar significativamente la superficie maicera en las zonas tradicionales presentan limitaciones productivas, económicas y ambientales. Frente a ese escenario, la Patagonia aparece como una alternativa con amplias perspectivas de crecimiento, especialmente en áreas bajo riego.

Una nueva región para el crecimiento del maíz

El panel fue moderado por Luis Bertoia, coordinador de la Comisión de Forrajes de Maizar, quien sostuvo que el sur argentino representa una de las principales oportunidades para la expansión futura del cultivo.

Durante su exposición, el especialista señaló que provincias como Mendoza, Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz cuentan con condiciones que podrían permitir un importante crecimiento productivo, particularmente en zonas donde existe disponibilidad de agua para riego.

Según explicó, la combinación de tecnología, manejo agronómico adecuado e infraestructura hídrica permitiría alcanzar rendimientos competitivos e incluso superiores a los registrados en otras regiones productivas del país.

Bertoia destacó especialmente el potencial de Santa Cruz, provincia que comenzó a despertar interés entre investigadores y productores por las posibilidades de desarrollar sistemas agrícolas complementarios a la actividad ganadera.

De acuerdo con su análisis, la expansión del maíz no sólo tendría impacto sobre la producción de granos, sino que podría convertirse en un factor decisivo para aumentar la producción de carne y generar nuevas oportunidades de exportación.

El maíz avanza sobre una nueva frontera productiva y abre oportunidades para la ganadería en la Patagonia

El caso del Alto Valle: agricultura y ganadería integradas

Uno de los ejemplos presentados durante el encuentro fue el de Agropecuaria Don Manuel, empresa que desarrolla actividades en el Alto Valle de Río Negro y en áreas productivas vinculadas a los ríos Limay y Neuquén.

Su gerente general, Nicolás García, explicó que el desarrollo agrícola en la región requiere un proceso gradual de transformación de los suelos.

Según detalló, muchas de las tierras incorporadas al sistema productivo parten prácticamente desde cero en términos de fertilidad agrícola, por lo que resulta necesario implementar estrategias de largo plazo que combinen agricultura y ganadería.

En ese esquema, las pasturas cumplen una función central para mejorar las condiciones físicas, químicas y biológicas del suelo antes de avanzar hacia cultivos más exigentes como el maíz.

La producción ganadera actúa como motor inicial del sistema y permite generar valor mientras se consolida la capacidad productiva de los lotes.

“Todo lo que producimos entra en nuestra cadena ganadera, y lo que vendemos es carne”, explicó García durante su exposición, según informó Maizar.

El empresario sostuvo que la incorporación de tecnología, el manejo por ambientes y los sistemas intensivos permiten alcanzar beneficios simultáneos desde el punto de vista económico, ambiental y social.

Además del incremento de productividad, destacó la generación de empleo y la mejora en el aprovechamiento de los recursos disponibles.

El desafío de recuperar la ganadería ovina

Otra de las exposiciones estuvo a cargo de Pablo Rimoldi, docente de la Universidad del Chubut, quien analizó el potencial del maíz como herramienta para recuperar la competitividad de la producción ovina patagónica.

El especialista recordó que la región enfrenta desde hace décadas una marcada reducción de su stock ovino. Mientras que hace medio siglo la Patagonia albergaba alrededor de 19 millones de ovejas, actualmente esa cifra ronda los 7 millones de cabezas.

La caída también se refleja en la producción de carne ovina y en la participación de la región en los mercados internacionales.

Según explicó, las condiciones climáticas de gran parte de la Patagonia limitan la producción forrajera natural y dificultan la incorporación de sistemas de riego, debido a la escasez de recursos hídricos disponibles.

En ese contexto, la suplementación estratégica con maíz aparece como una alternativa capaz de mejorar indicadores productivos clave, especialmente durante etapas críticas del ciclo reproductivo.

Rimoldi señaló que el uso de maíz en la alimentación de ovejas gestantes y en el engorde de corderos puede traducirse en mayores tasas de señalada, menor mortandad y mejores resultados económicos.

Sin embargo, advirtió que uno de los principales obstáculos es el costo logístico. En ciudades del extremo sur argentino, el precio del cereal puede superar ampliamente los valores registrados en la región pampeana.

Por ese motivo, consideró que la producción local de maíz podría representar una solución estratégica para reducir costos y mejorar la rentabilidad de los establecimientos ganaderos.

Santa Cruz pone a prueba el cultivo

La experiencia más novedosa fue presentada por Santiago Toledo, investigador del INTA Río Gallegos, quien compartió resultados preliminares obtenidos en ensayos realizados en la localidad santacruceña de Perito Moreno.

El proyecto surgió con el objetivo de evaluar si el cultivo podía adaptarse a una de las regiones más australes del país.

Las pruebas fueron desarrolladas bajo condiciones particularmente exigentes, con precipitaciones cercanas a apenas 50 milímetros durante gran parte del ciclo productivo.

Para compensar esa limitación se implementó un sistema de riego y se utilizaron híbridos hiperprecoces y ultraprecoces, especialmente seleccionados para ambientes de ciclos cortos.

Los resultados sorprendieron incluso a los propios investigadores.

De acuerdo con Toledo, algunos materiales lograron desarrollar espigas y generar grano a pesar de las bajas temperaturas y de episodios de heladas registrados durante el período de evaluación.

También se observaron plantas que alcanzaron alturas cercanas a los dos metros y medio, un comportamiento que abre nuevas perspectivas sobre el potencial agrícola de la provincia.

“Hay una factibilidad que demuestra que el cultivo se puede hacer en Santa Cruz”, afirmó el investigador durante su presentación.

Una oportunidad para diversificar la producción

Las experiencias presentadas en el Congreso Maizar reflejan una tendencia que comienza a ganar fuerza en distintas regiones patagónicas: la integración entre agricultura y ganadería como estrategia para incrementar la productividad y agregar valor localmente.

El desarrollo del maíz en el sur argentino no sólo podría contribuir a reducir los costos de alimentación animal, sino también fortalecer las economías regionales, generar empleo y mejorar la competitividad de las cadenas cárnicas.

Si bien aún quedan desafíos vinculados a infraestructura, riego, logística y validación agronómica, los primeros resultados muestran que la frontera agrícola argentina podría seguir avanzando hacia el sur. En un escenario donde la demanda de alimentos continúa creciendo y la necesidad de producir de manera más eficiente gana relevancia, la Patagonia comienza a posicionarse como una región con potencial para convertirse en protagonista de una nueva etapa del desarrollo agropecuario nacional.

 



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