La campaña de maíz 2026/27 comienza a mostrar señales de un nuevo ciclo de expansión en la Región Núcleo, donde productores y asesores proyectan una superficie sembrada que podría superar el récord alcanzado el año pasado. Con pronósticos climáticos favorables, perfiles de humedad recargados y una firme decisión de inversión por parte del sector, las expectativas apuntan a una campaña con elevados rendimientos y un fuerte aporte a la producción nacional de granos. No obstante, el mercado de fertilizantes, especialmente el de la urea, genera incertidumbre por la reciente suba de precios asociada al contexto internacional.
De acuerdo con un informe elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) y difundido por TodoAgro, el escenario previo al inicio de la siembra refleja un marcado optimismo entre los productores. A menos de dos meses del comienzo de las labores, las consultas sobre semillas y la planificación de la campaña muestran que el maíz vuelve a posicionarse como el cultivo de mayor atractivo en la región agrícola más productiva del país.
Los técnicos consultados por la BCR sintetizaron el momento con una frase que se repite en distintos puntos del área agrícola: "Es el año del maíz", una definición que refleja tanto las expectativas productivas como la confianza que existe respecto del comportamiento climático para el próximo ciclo.
Las primeras estimaciones indican que la Región Núcleo podría alcanzar una superficie cercana a 2,3 millones de hectáreas, superando levemente el récord de 2,294 millones de hectáreas implantadas durante la campaña anterior.
Según el relevamiento citado por TodoAgro, la mayoría de los productores mantiene la decisión de repetir el área sembrada del año pasado o incluso incrementarla ligeramente.
En localidades como Carlos Pellegrini, los asesores sostienen que la planificación prácticamente ya está definida y que el productor tomó la decisión de apostar nuevamente por el cereal.
El respaldo climático constituye uno de los principales argumentos. Los pronósticos anticipan el desarrollo de un evento El Niño de intensidad al menos moderada, acompañado por perfiles de humedad completamente recargados luego de las precipitaciones registradas durante las últimas semanas.
Esta combinación alimenta las expectativas de una campaña en la que el agua no represente una limitante para el desarrollo del cultivo, permitiendo expresar un mayor potencial de rendimiento.
Uno de los principales indicadores que utiliza el mercado para medir la intención de siembra es la comercialización de semillas.
En este aspecto, el informe de la Bolsa de Comercio de Rosario señala que aproximadamente dos tercios de las semillas previstas para la campaña ya fueron adquiridas o reservadas, un porcentaje que confirma el interés de los productores por avanzar con el cultivo.
En Carlos Pellegrini estiman que resta alrededor del 30% de los productores por cerrar las compras, aunque destacan que las rotaciones agrícolas ya se encuentran definidas.
En Marcos Juárez, las estimaciones indican que entre el 60% y el 65% de la demanda de semillas ya fue cubierta.
Mientras tanto, en Cañada de Gómez, los asesores consideran que prácticamente toda la semilla necesaria para la campaña ya fue adquirida.
Este comportamiento comercial refuerza la expectativa de que el maíz vuelva a ocupar un lugar central dentro de la planificación agrícola de la región.
A diferencia de lo que ocurre con las semillas, el mercado de fertilizantes nitrogenados muestra un comportamiento mucho más cauteloso.
El informe de la BCR, reproducido por TodoAgro, advierte que la comercialización de urea avanza con menor dinamismo que el esperado para esta época del año.
En distintas zonas productivas los técnicos observan que numerosos productores decidieron postergar la compra esperando una eventual baja de precios.
Sin embargo, esa estrategia comenzó a perder atractivo durante las últimas semanas debido al cambio de tendencia registrado en el mercado internacional.
Desde General Pinto, los especialistas señalaron que el contexto internacional, especialmente los conflictos geopolíticos que afectan al comercio mundial de fertilizantes, podría generar nuevas subas en los valores.
En Bigand también describen una actitud más conservadora por parte de los productores, quienes comparan precios entre distintos proveedores antes de concretar las operaciones.
No obstante, el reciente incremento en las cotizaciones modificó parcialmente ese escenario.
El informe recoge además testimonios de técnicos de Alvear, quienes describieron con preocupación la velocidad con la que aumentó el precio de la urea.
"Nos comimos el amague, nos fuimos a tomar un café y cuando volvimos la urea pasó de 550 a 620 dólares por tonelada", señalaron, según publicó TodoAgro, al explicar el brusco movimiento registrado en el mercado internacional.

Los especialistas recordaron además la experiencia de campañas anteriores, cuando el fertilizante llegó a cotizar cerca de 1.000 dólares por tonelada durante el período de siembra del trigo.
A pesar del reciente incremento, la relación entre el precio del maíz y el costo de la urea continúa siendo más favorable que meses atrás.
Actualmente se requieren alrededor de 3,2 toneladas de maíz para adquirir una tonelada de fertilizante, una relación inferior a las 4,8 toneladas necesarias apenas dos meses atrás y también menor al promedio de los últimos cinco años, ubicado en 3,5 toneladas.
Este indicador continúa siendo considerado competitivo por los especialistas, aunque advierten que la tendencia podría modificarse si persisten las tensiones internacionales.
Desde General Pinto consideran que el contexto actual podría representar una oportunidad para cerrar operaciones antes de que se produzcan nuevas subas.
Según explican los técnicos consultados por la Bolsa de Comercio de Rosario, la velocidad con la que avance la compra de fertilizantes será determinante para definir el nivel tecnológico de la campaña y, en consecuencia, el potencial de rendimiento del cultivo.
Mientras el sector planifica la próxima campaña, la recolección del maíz tardío continúa desarrollándose con cierto retraso respecto del año anterior.
El informe indica que hasta el momento se cosechó aproximadamente el 53% de la superficie implantada, muy por debajo del 90% registrado para la misma fecha durante la campaña pasada.
Las elevadas condiciones de humedad registradas en distintas zonas agrícolas dificultaron el ingreso de las cosechadoras y demoraron el avance de la trilla.
En localidades como Bigand y Marcos Juárez, los productores aguardan que disminuya la humedad del grano para retomar las tareas.
En cambio, en sectores del centro-sur de Santa Fe y el noreste de Buenos Aires, la cosecha presenta un mayor grado de avance.
En María Susana, por ejemplo, la recolección se encuentra prácticamente finalizada, mientras que en Baradero ya fue levantada más de la mitad del área implantada.
Los primeros resultados obtenidos durante la cosecha muestran rindes superiores a los previstos en numerosas zonas agrícolas.
El promedio regional se ubica actualmente alrededor de 85 quintales por hectárea, aunque existen importantes diferencias según la localidad.
En María Susana, los rendimientos oscilan entre 80 y 120 quintales por hectárea.
En los alrededores de Carlos Pellegrini, los lotes relevados presentan productividades de entre 80 y 85 quintales.
En Marcos Juárez, el promedio se ubica entre 85 y 90 quintales por hectárea, con expectativas de mejorar una vez que se cosechen los lotes de mayor potencial.
Incluso en Baradero, una de las zonas más afectadas por las condiciones climáticas durante el ciclo, el promedio alcanza 65 quintales, aunque existen establecimientos que lograron entre 80 y 100 quintales por hectárea.
Estos resultados fortalecen el optimismo del sector de cara a la próxima campaña.
Con una intención de siembra firme, buenas reservas de humedad y perspectivas climáticas favorables, el maíz vuelve a posicionarse como uno de los cultivos con mayor potencial para impulsar la producción agrícola argentina. El principal desafío pasa ahora por la evolución del mercado internacional de fertilizantes y la velocidad con la que los productores definan las compras necesarias para sostener el nivel tecnológico que permita alcanzar los rendimientos proyectados.