Argentina y Brasil buscan consolidarse como una plataforma regional exportadora de alimentos y energía, apoyados en la complementariedad de sus economías, el desarrollo tecnológico y una estrategia conjunta orientada a los mercados globales. Ese fue uno de los principales consensos alcanzados durante la segunda edición del CAMBRAS Business Day, que reunió a más de 200 empresarios y ejecutivos de ambos países en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), bajo el lema “Hacia la nueva dinámica de negocios”.
El encuentro, organizado por la Cámara de Comercio, Industria y Servicios Argentino-Brasileña (CAMBRAS), se desarrolló el 2 de junio en la Ciudad de Buenos Aires y tuvo como eje central el fortalecimiento de los vínculos económicos entre las dos mayores economías de Sudamérica. En ese marco, referentes del sector agroindustrial analizaron los desafíos y oportunidades que enfrenta la región para convertirse en un actor estratégico en la provisión global de alimentos, energía y tecnología aplicada al campo.
Según informó el medio especializado TN Campo, uno de los paneles más relevantes de la jornada estuvo dedicado a la agroindustria regional y reunió a Mariano Bosch, cofundador y CEO de Adecoagro; Ignacio Bartolomé, CEO de GDM Seeds; y Delfín Uranga, fundador y CEO de SiloReal. Los empresarios coincidieron en que el escenario internacional abre una oportunidad inédita para que Argentina y Brasil trabajen de manera coordinada y aprovechen sus fortalezas complementarias.
La discusión se produjo en un contexto marcado por transformaciones económicas y geopolíticas que están redefiniendo las cadenas globales de suministro. A ello se suman las crecientes demandas internacionales de alimentos, energía y productos con certificaciones ambientales y de trazabilidad, factores que colocan a Sudamérica en una posición estratégica.
Uno de los conceptos más repetidos durante el debate fue la necesidad de abandonar la visión tradicional que ubica a Argentina y Brasil como competidores directos en los mercados agrícolas.
Los empresarios sostuvieron que ambos países cuentan con capacidades productivas, tecnológicas y comerciales que pueden potenciarse mutuamente. En lugar de disputar mercados similares, la propuesta apunta a construir una estrategia regional capaz de generar mayor valor agregado y ampliar la participación sudamericana en el comercio internacional.
Bartolomé destacó que Brasil logró desarrollar durante las últimas décadas una estructura productiva basada en inversiones sostenidas en infraestructura, una fuerte demanda interna de biocombustibles y una política de expansión agroindustrial que impulsó el crecimiento de numerosas regiones del interior.
Argentina, en cambio, aporta una fuerte tradición de innovación tecnológica, capacidad emprendedora y desarrollo científico aplicado al agro. La combinación de ambos modelos aparece como una de las principales fortalezas para construir una plataforma exportadora regional con escala global.
En ese contexto, Bosch planteó que Sudamérica cuenta con condiciones excepcionales para transformarse en uno de los principales proveedores mundiales de alimentos durante las próximas décadas. Según destacó TN Campo, el empresario afirmó: “Tenemos como región una oportunidad gigante de ser exportadores de alimentos”. La declaración fue realizada durante el panel agroindustrial del evento. .
Además, señaló que el potencial energético argentino, particularmente a partir del desarrollo de Vaca Muerta, puede convertirse en un factor determinante para mejorar la competitividad regional y reducir costos productivos en múltiples sectores.
Otro de los ejes centrales del debate estuvo vinculado al impacto de la innovación tecnológica sobre la producción agropecuaria.
Bartolomé explicó que la combinación entre herramientas de análisis genómico, inteligencia computacional, automatización y robótica está modificando los tiempos de desarrollo de nuevas variedades vegetales. Procesos que históricamente requerían entre ocho y doce años hoy pueden completarse en plazos considerablemente menores gracias a los avances científicos.
A este fenómeno se suma la expansión de tecnologías de edición génica como CRISPR, que permiten acelerar mejoras productivas y desarrollar cultivos más eficientes frente a desafíos climáticos y sanitarios.
Sin embargo, el empresario advirtió sobre algunos desafíos pendientes en Argentina. Entre ellos mencionó la necesidad de actualizar los sistemas de propiedad intelectual vinculados a la innovación agrícola para incentivar nuevas inversiones en investigación y desarrollo.
Según explicó, existe una marcada diferencia respecto de Brasil en materia de reconocimiento económico a las tecnologías aplicadas al agro, una situación que podría afectar la competitividad futura del país en áreas estratégicas.
Durante el panel también se analizó la creciente importancia de las herramientas digitales para mejorar el acceso al financiamiento.
Uranga destacó el avance de Brasil en la integración entre activos físicos, plataformas digitales y tecnologías como blockchain. Según explicó, ese ecosistema permite desarrollar mecanismos más eficientes para la gestión financiera de las cadenas productivas.
El empresario consideró que una mayor cooperación regional podría facilitar la transferencia de experiencias y herramientas hacia Argentina, contribuyendo a ampliar las alternativas de financiamiento para productores y empresas agroindustriales.
Los participantes coincidieron en que la transformación digital será uno de los factores decisivos para aumentar la competitividad del sector durante los próximos años.
Otro de los consensos alcanzados durante la jornada estuvo relacionado con la creciente relevancia de la trazabilidad.
Lejos de ser considerada una exigencia administrativa, los empresarios la definieron como una herramienta estratégica para acceder a mercados internacionales cada vez más exigentes en materia ambiental, sanitaria y de sostenibilidad.
Uranga propuso avanzar hacia estándares compartidos entre Argentina y Brasil que permitan certificar de manera homogénea el origen y las características de los productos agropecuarios.
La utilización de sensores, imágenes satelitales, plataformas digitales y sistemas automatizados de monitoreo aparece como uno de los caminos para fortalecer la transparencia de las cadenas de valor y mejorar el posicionamiento regional frente a competidores de otras partes del mundo.
Uno de los ejemplos utilizados para ilustrar las diferencias de estrategia entre los países fue el desempeño del sector lácteo.
Bosch señaló que mientras Brasil logró multiplicar significativamente su producción durante las últimas décadas, Argentina mantiene niveles similares a los registrados hace aproximadamente treinta años.
Según el empresario, esta situación responde en gran medida a la falta de previsibilidad en las políticas exportadoras. Las restricciones periódicas aplicadas sobre las ventas externas habrían limitado las posibilidades de expansión de un sector con fuerte potencial internacional.
El planteo abrió un debate más amplio sobre la necesidad de construir una visión de largo plazo orientada a consolidar mercados externos y generar confianza entre compradores internacionales.
El panel concluyó con una mirada geopolítica sobre el futuro de la región.
Bartolomé sostuvo que la creciente rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China podría abrir espacios para que Sudamérica se convierta en un polo de desarrollo e innovación vinculado a los agronegocios.
La estabilidad relativa de la región, sumada a su enorme capacidad productiva y disponibilidad de recursos naturales, representa una ventaja comparativa frente a otras zonas del mundo afectadas por conflictos o tensiones geopolíticas.
En ese contexto, los empresarios coincidieron en que Argentina y Brasil tienen la posibilidad de construir una agenda común basada en la producción de alimentos, energía, innovación y tecnología. La consolidación de esa estrategia, señalaron, podría transformar a ambos países en protagonistas de una nueva etapa del comercio internacional y posicionar a Sudamérica como una de las regiones más relevantes para abastecer la demanda global de las próximas décadas.