Una investigación desarrollada por especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Conicet puso en discusión uno de los conceptos históricos sobre el cultivo de soja. El trabajo, realizado durante la campaña 2023/24 en la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Marcos Juárez, en Córdoba, concluyó que la especie no depende exclusivamente de la autopolinización para alcanzar su máximo potencial productivo y que la actividad de los polinizadores, especialmente los silvestres, puede desempeñar un papel determinante en la formación de semillas. Los resultados fueron publicados en la revista científica Scientific Reports, de la editorial Nature, y fueron difundidos por TodoAgro.
El hallazgo representa un cambio de enfoque para la producción agrícola, ya que propone incorporar la biodiversidad como un componente estratégico del sistema productivo. Hasta ahora, la mayor parte de las estrategias para incrementar el rendimiento del cultivo se concentraban en la genética, el manejo agronómico y la nutrición de las plantas. Sin embargo, la investigación plantea que la presencia de insectos polinizadores también puede influir en la expresión del rendimiento.
Según publicó TodoAgro, el estudio fue encabezado por investigadores del INTA junto con Marina Strelin, del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (Conicet–Universidad Nacional de Córdoba), y Marcelo Aizen, del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (Conicet–Universidad Nacional del Comahue).
La investigación se desarrolló durante la campaña agrícola 2023/24 en un lote de 24 hectáreas perteneciente a la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Marcos Juárez, donde los especialistas monitorearon el comportamiento reproductivo del cultivo en 15 parcelas experimentales.
El establecimiento contaba con colmenas y estaba rodeado por sectores de vegetación espontánea donde habitaban distintos polinizadores silvestres, un escenario que permitió analizar cómo interactuaban estos insectos con las plantas de soja.
De acuerdo con la información difundida por TodoAgro, durante cuatro semanas los investigadores recolectaron 186 flores, que luego fueron analizadas mediante microscopía de epifluorescencia. Paralelamente registraron la cantidad de visitas realizadas por abejas melíferas y otras especies de insectos polinizadores.
Una vez finalizada la campaña, también evaluaron el porcentaje de óvulos que lograron transformarse en semillas, indicador utilizado para medir la productividad reproductiva de cada parcela.
Los resultados permitieron identificar un mecanismo que hasta ahora no había sido descripto para este cultivo.
Uno de los descubrimientos centrales del trabajo fue detectar que una parte del polen puede comenzar a germinar dentro de las propias anteras, antes de llegar al estigma, lugar donde normalmente ocurre la fecundación.
Ese desarrollo anticipado podría reducir la capacidad de la planta para concretar una autopolinización eficiente y también dificultar la liberación de parte del polen.
Este fenómeno cuestiona una de las principales características atribuidas históricamente a la soja: su elevada capacidad para autofecundarse sin depender de agentes externos.
Según explicó Pablo Cavigliasso, investigador del Grupo de Gestión Ambiental de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Marcos Juárez, "El hallazgo introduce nuevos interrogantes para el mejoramiento genético y el manejo productivo, ya que estos mecanismos —poco considerados hasta ahora— podrían estar influyendo en la formación de semillas y en la expresión del rendimiento", señaló en declaraciones publicadas por TodoAgro.
La investigación observó además que la actividad de los insectos puede compensar parcialmente ese problema reproductivo.
A mayor cantidad de visitas de polinizadores sobre las flores, aumentó la germinación correcta del polen sobre el estigma, incluso en situaciones donde existían altos niveles de polen que había iniciado prematuramente su desarrollo.
Otro de los resultados que llamó la atención del equipo científico fue el comportamiento de los polinizadores silvestres.
Aunque durante el monitoreo registraron una cantidad relativamente baja de visitas de pequeñas abejas nativas y moscas, el efecto de estos insectos sobre la fecundación resultó superior al observado con la abeja melífera.
Los investigadores comprobaron que las abejas transportaban polen viable, es decir, sin germinar previamente y con mejores condiciones para producir una fecundación exitosa.
Ese contraste permitió profundizar el análisis del fenómeno y llevó a los especialistas a estudiar con mayor detalle el desarrollo prematuro del polen, un proceso que no había sido documentado anteriormente en soja.
Según explicó Marina Strelin en declaraciones reproducidas por TodoAgro, este comportamiento suele observarse en especies con flores cleistógamas, aquellas que permanecen cerradas durante la fecundación.
La investigadora indicó que en determinadas condiciones ambientales, especialmente cuando aumentan las temperaturas, esas flores pueden abrirse completamente, aunque la influencia exacta del ambiente sobre este proceso todavía continúa siendo objeto de estudio.
Los resultados también abren nuevas preguntas para los programas de mejoramiento genético.
Uno de los aspectos que comenzarán a analizar los investigadores es si la aparición del polen prematuro podría estar relacionada con los criterios actuales de selección genética utilizados para obtener variedades de ciclos reproductivos cada vez más cortos.
Según explicó Pablo Cavigliasso, "Cada vez más se apunta a cultivares de ciclos cortos, para lograr más de una floración y cosecha por temporada o para escapar de las primeras heladas", afirmó en declaraciones publicadas por TodoAgro.
En esa línea, el equipo científico considera necesario evaluar si esa selección indirectamente favorece procesos fisiológicos que terminan afectando la reproducción de las plantas.
Strelin explicó que distintos caracteres pueden compartir un mismo control genético, fenómeno conocido como pleiotropía, por lo que la selección de un rasgo determinado podría modificar otros atributos sin que ello resulte evidente durante los programas de mejoramiento.
En consecuencia, el desarrollo de variedades con ciclos reproductivos más breves podría estar asociado con una mayor incidencia de polen que germina antes de tiempo.
Más allá de los aspectos genéticos, la investigación pone el foco en un componente que durante años tuvo un papel secundario dentro del manejo agrícola: la biodiversidad.
Los investigadores sostienen que preservar ambientes capaces de sostener poblaciones de insectos polinizadores puede convertirse en una herramienta para mejorar la estabilidad productiva del cultivo.
En particular, el estudio revaloriza el aporte de pequeñas especies de abejas nativas y moscas polinizadoras, cuya función dentro de los sistemas agrícolas había sido históricamente subestimada.
Según señaló Cavigliasso, "Se empiezan a reconocer muchas abejas pequeñas y moscas nativas que no solo polinizan, sino que también cumplen otras funciones, como el control biológico", expresó en declaraciones difundidas por TodoAgro.
El trabajo se suma a investigaciones previas que ya habían detectado incrementos de entre 20% y 30% en la formación de vainas y semillas cuando los cultivos recibían una mayor actividad de insectos polinizadores.
Ahora, la identificación de un mecanismo fisiológico que limita parcialmente la autopolinización aporta una posible explicación para esos resultados y abre nuevas líneas de investigación tanto en el ámbito científico como en el manejo agronómico.
Los especialistas consideran que comprender mejor la interacción entre genética, ambiente y biodiversidad permitirá diseñar estrategias productivas más eficientes y resilientes, integrando la conservación de los polinizadores como un factor que también puede contribuir a mejorar el rendimiento de uno de los principales cultivos agrícolas de la Argentina.