La defoliación tardía de la soja puede reducir el rinde y modificar la calidad del grano

Un estudio de INTA, CONICET y Embrapa mostró que perder hojas durante el llenado también altera aceite, proteína y compuestos del grano.

La defoliación tardía de la soja puede reducir el rinde y modificar la calidad del grano
miércoles 12 de agosto de 2026

La defoliación de la soja durante el llenado de granos puede tener un impacto mayor al esperado: además de reducir el rendimiento, puede modificar la composición química y la calidad del grano. Así lo determinó una investigación conjunta de especialistas del INTA, el CONICET y Embrapa Soja, realizada en el marco de estudios sobre fisiología del cultivo y liderada por la investigadora Constanza Carrera desde Córdoba. Los resultados advierten sobre el efecto que pueden tener las plagas, las enfermedades de fin de ciclo y los daños por granizo en una etapa determinante para definir tanto los kilos cosechados como el valor industrial de la producción.

El trabajo analizó qué sucede cuando la planta pierde parte de su superficie foliar durante una de las fases más exigentes del ciclo. Los investigadores evaluaron distintos niveles y momentos de defoliación y observaron la respuesta de los diferentes estratos que conforman el canopeo de la soja.

El principal hallazgo fue que la reducción del área foliar limita la capacidad fotosintética de la planta y disminuye los recursos disponibles para los granos en formación. Pero el efecto no termina en el peso final de la cosecha: también se registraron cambios en componentes relevantes, entre ellos el aceite y la proteína.

La investigación adquiere especial importancia para el manejo agronómico porque pone el foco en un aspecto que puede quedar relegado frente a una evaluación centrada únicamente en el rendimiento. Una planta que sufrió pérdida de hojas durante el llenado puede enfrentar consecuencias sobre la composición de sus granos, incluso cuando el impacto sobre los kilos por hectárea no resulte evidente de inmediato.

El papel de las hojas durante el llenado

Durante el llenado de los granos, la soja necesita mantener una elevada actividad fotosintética. Las hojas captan la radiación y generan los fotoasimilados que posteriormente son utilizados por la planta para sostener el crecimiento y completar la formación de los granos.

Cuando la superficie foliar disminuye, también se reduce la denominada fuente fotosintética. El resultado es una menor disponibilidad de recursos para los órganos reproductivos en una etapa en la que la planta todavía debe acumular materia y completar la composición del grano.

El equipo de investigación estudió la respuesta de los sectores superior, medio e inferior del canopeo. El análisis permitió observar que la defoliación a nivel de planta completa repercute sobre los distintos estratos y modifica la capacidad general de la planta para sostener el proceso fotosintético.

La soja presenta una arquitectura particular. La floración y la formación de vainas se producen de manera escalonada, desde las zonas inferiores hacia las superiores. Esto genera diferentes ambientes dentro del mismo canopeo, con hojas que reciben cantidades variables de radiación y estructuras reproductivas que pueden encontrarse en distintas fases de desarrollo.

Esa distribución explica por qué el momento y la ubicación de una pérdida de hojas son factores relevantes. El impacto de una defoliación no depende únicamente de cuánta superficie se pierde, sino también de cuándo ocurre y qué procesos fisiológicos están desarrollándose en ese momento.

Durante el llenado, la planta todavía necesita sostener la producción y el traslado de fotoasimilados. Una reducción de la superficie capaz de realizar fotosíntesis puede alterar ese flujo y afectar tanto la acumulación de materia como la formación de los componentes químicos del grano.

El aceite, uno de los componentes más sensibles

Entre los resultados obtenidos, uno de los puntos destacados fue la respuesta del contenido de aceite frente a la defoliación tardía. La acumulación de materia grasa en el grano depende en buena medida de la actividad fotosintética que la planta mantiene durante el llenado.

La reducción de la superficie foliar limita la capacidad de interceptar luz y generar los recursos necesarios para completar ese proceso. Por esa razón, el contenido de aceite aparece entre los atributos más sensibles frente a la pérdida de hojas durante la etapa estudiada.

El resultado tiene implicancias que exceden la productividad medida en toneladas o kilos. La soja constituye una de las principales fuentes mundiales de aceite vegetal y proteína para alimentación animal, y sus granos también contienen sustancias de interés para diferentes industrias.

Entre sus componentes se encuentran ácidos grasos insaturados, como el linoleico y el linolénico, asociados respectivamente a los grupos omega-6 y omega-3. También contiene isoflavonoides presentes en la harina, vinculados con propiedades antioxidantes.

Por eso, una modificación en la composición del grano puede influir sobre sus características como materia prima y sobre los destinos posteriores de la producción. La calidad deja de ser entonces un atributo independiente del manejo del cultivo y pasa a estar vinculada también con el estado fisiológico de la planta durante las últimas etapas.

Los investigadores comprobaron que los distintos componentes no responden necesariamente de la misma manera ante la falta de área foliar. El aceite mostró una sensibilidad particularmente marcada, mientras que la defoliación también produjo modificaciones en otros componentes analizados.

Plagas, enfermedades y granizo, bajo la lupa

Los resultados tienen una aplicación directa sobre situaciones que pueden presentarse en los lotes durante la parte final del ciclo. Entre ellas aparecen los ataques de orugas y chinches, las enfermedades de fin de ciclo y los daños físicos provocados por las tormentas de granizo.

Todos estos factores pueden generar una pérdida parcial o significativa de hojas. El efecto dependerá de la intensidad del daño y, especialmente, del momento en que se produzca.

Una defoliación durante el llenado puede ser particularmente relevante porque la planta aún no completó la transferencia de recursos hacia los granos. Si la pérdida ocurre antes de finalizar ese proceso, la reducción de la capacidad fotosintética puede limitar el desarrollo de los órganos reproductivos.

Las enfermedades de fin de ciclo también requieren atención porque pueden acelerar la pérdida de tejido foliar. En el caso de los insectos, el consumo directo de hojas reduce la superficie fotosintética disponible. El granizo agrega un factor de daño mecánico que puede afectar de manera rápida grandes sectores del cultivo.

La investigación aporta elementos para que estos episodios sean evaluados con una perspectiva más amplia. El diagnóstico no debería limitarse a calcular cuántos kilos podrían perderse, sino considerar también si el daño puede modificar las características del grano que llegará a la cosecha.

Para productores y asesores técnicos, esto implica mantener el estado del canopeo bajo seguimiento durante las últimas etapas del cultivo. La protección de la superficie foliar funcional aparece como una herramienta para sostener tanto el rendimiento como la calidad.

Un estudio con respaldo internacional

La investigación fue liderada por Constanza Carrera, especialista en Ecofisiología Vegetal del Instituto de Fisiología y Recursos Genéticos Vegetales del Centro de Investigaciones Agropecuarias del INTA en Córdoba.

El trabajo reunió capacidades científicas de Argentina y Brasil a través de la participación del INTA, el CONICET y Embrapa Soja. Los ensayos permitieron analizar la relación entre la pérdida de follaje, la actividad fisiológica de la planta y la composición de los granos.

El estudio recibió además un reconocimiento académico en el X Congreso Brasileño de Soja y Mercosoja 2025, realizado en Campinas. Allí obtuvo el premio al mejor trabajo dentro de la categoría profesional, en una convocatoria que reunió más de 300 investigaciones de especialistas de la región.

El reconocimiento puso en evidencia el interés científico de una problemática que tiene consecuencias concretas sobre el manejo del principal cultivo oleaginoso de la región.

La investigación también permite profundizar en la relación entre la arquitectura de la planta y la formación de los granos. La distribución de hojas, flores y vainas genera distintos ambientes dentro del canopeo, y esa heterogeneidad puede influir sobre la manera en que el cultivo responde a una reducción de su superficie fotosintética.

Una señal para el manejo del cultivo

Los resultados refuerzan una premisa para la etapa final del ciclo: las hojas siguen siendo determinantes hasta el cierre del llenado. Su función no se limita a mantener el crecimiento de la planta, sino que está directamente relacionada con la disponibilidad de recursos para completar el desarrollo de los granos.

En una campaña agrícola, distintos factores pueden comprometer esa superficie foliar. La presión de insectos, las enfermedades y los eventos meteorológicos pueden alterar el estado del cultivo cuando todavía existe potencial para aumentar el peso y completar la composición de los granos.

Por eso, el seguimiento sanitario y la evaluación de los daños deben considerar el momento fenológico en el que se producen. Una defoliación temprana y una pérdida de hojas durante el llenado no necesariamente tienen las mismas consecuencias.

La información generada por el estudio aporta una herramienta adicional para interpretar esos daños. La pérdida de rendimiento sigue siendo un indicador central, pero ya no alcanza para dimensionar completamente el impacto de una defoliación tardía.

La calidad del grano también puede verse afectada, en particular por cambios en el contenido de aceite y otros compuestos. Esto resulta relevante para una cadena que utiliza la soja como materia prima para alimentos, aceite, harina y numerosos productos derivados.

Para la agricultura argentina, el hallazgo suma información sobre un cultivo estratégico tanto por su participación en la producción como por su importancia en las exportaciones agroindustriales. Comprender cómo responde la planta frente a situaciones de estrés permite mejorar las decisiones de manejo y evaluar con mayor precisión las consecuencias de los daños ocurridos durante el ciclo.

El estudio conjunto de INTA, CONICET y Embrapa muestra, en definitiva, que preservar el área foliar durante el llenado no es solo una cuestión de rendimiento. La capacidad de la planta para mantener activa su maquinaria fotosintética también contribuye a definir qué características tendrá el grano que llegará a la cosecha.

La defoliación tardía de la soja puede reducir el rinde y modificar la calidad del grano

La advertencia alcanza especialmente a los últimos tramos del cultivo, cuando las hojas todavía cumplen un papel decisivo y una pérdida de superficie puede afectar procesos que no se han completado. En ese período, el manejo de plagas y enfermedades y el seguimiento de los daños climáticos adquieren una importancia adicional.

El desafío para productores y asesores consiste ahora en incorporar esa dimensión de calidad a la evaluación de los lotes. No se trata únicamente de cuánto rinde una soja, sino también de qué calidad tiene el grano que finalmente produce.

 

¡Envianos tus Contenidos!

Difundí tus Ideas, Conocimientos, Experiencias, Opiniones y Proyectos.


¡Juntos el Campo es más fuerte!
















¡Juntos por la eliminación
de las Retenciones!

Te invitamos a contarle a todos los argentinos por qué es bueno eliminar las Retenciones.

¡Sumá tu Stand!

Publicá tu marca en la plataforma líder del agro y aumentá tus ventas hoy.

Recibí los mejores contenidos

Suscribite a nuestro Newsletter y sigamos agregando valor.

Agroempresrio

¡Contenidos que agregan valor!