El clima y los márgenes frenaron la siembra de trigo y cebada en una región clave

El sur bonaerense terminó la implantación con 6% menos superficie y el trigo fue el cultivo más afectado

El clima y los márgenes frenaron la siembra de trigo y cebada en una región clave
jueves 13 de agosto de 2026

La siembra de trigo y cebada finalizó en el sur bonaerense con una reducción del 6% en la superficie implantada, en una campaña marcada por los excesos de humedad, las dificultades para ingresar a los lotes y unos márgenes económicos que condicionaron las decisiones de los productores. Según el relevamiento de la Bolsa de Cereales y Productos de Bahía Blanca (BCP), en esta zona estratégica para la producción de cereales se implantaron 2,55 millones de hectáreas entre ambos cultivos, con una caída más pronunciada en trigo que en cebada.

Del total sembrado, 1,51 millones de hectáreas corresponden a trigo, superficie que representa una disminución del 8% frente a la campaña anterior. En el caso de la cebada, el área alcanzó 1,04 millones de hectáreas, con una contracción del 4%.

La reducción adquiere relevancia porque el sur de Buenos Aires concentra una parte importante de la producción argentina de ambos cereales y funciona como una de las principales zonas agrícolas del país para los cultivos de invierno. El resultado de la campaña, por lo tanto, refleja no solo una decisión productiva puntual, sino también el impacto que tuvieron las condiciones climáticas y económicas sobre la planificación de los productores.

La BCP señaló que el comienzo de la campaña había generado expectativas favorables debido a la disponibilidad de agua en los perfiles del suelo. Sin embargo, las condiciones cambiaron durante el período de implantación. La sucesión de lluvias y el exceso de humedad dificultaron el ingreso de maquinaria y retrasaron las tareas.

En su informe, la entidad explicó que “el exceso de humedad, las precipitaciones recurrentes y la falta de piso condicionaron el avance de las labores en gran parte de la región”, según consignó TN Campo.

La expresión utilizada por la Bolsa de Bahía Blanca resume uno de los principales obstáculos de la campaña: contar con humedad suficiente para garantizar el desarrollo de los cultivos no implica necesariamente disponer de condiciones adecuadas para sembrar. Cuando los suelos permanecen saturados, las máquinas no pueden ingresar con normalidad y las ventanas de trabajo se reducen.

A ese problema se sumó otro factor relacionado con el calendario agrícola. La cosecha de los cultivos de verano se retrasó en distintos sectores y dejó menos lotes disponibles para implantar trigo y cebada en las fechas previstas.

El maíz, la soja y el girasol ocuparon durante más tiempo de lo esperado los lotes que posteriormente podían destinarse a cultivos de invierno. El retraso de esas labores generó una presión adicional sobre la planificación de la campaña y obligó a algunos productores a modificar sus decisiones.

El trigo fue el más afectado

Dentro de los dos cultivos, el trigo registró la mayor reducción de superficie. Las 1,51 millones de hectáreas sembradas representan una baja del 8%, mientras que la cebada retrocedió 4%.

La diferencia está vinculada, entre otros factores, con la rentabilidad esperada de cada alternativa. En un contexto de costos elevados y márgenes ajustados, los productores tendieron a priorizar los ambientes con mejores condiciones productivas.

La BCP indicó que “los márgenes ajustados llevaron en numerosos casos a priorizar los ambientes de mayor potencial o a reducir la superficie destinada principalmente a trigo”, según el informe difundido.

De esta manera, el clima no fue el único elemento que determinó la caída del área. La ecuación económica también tuvo un peso importante a la hora de definir qué lotes se sembraban y cuáles quedaban fuera del esquema de producción.

La consecuencia fue que una parte de la intención inicial de siembra no llegó a concretarse. Algunos lotes que estaban previstos para trigo o cebada terminaron siendo destinados a cultivos de gruesa, una decisión que permitió reordenar el calendario productivo frente a las dificultades encontradas durante la implantación.

“Como resultado, parte de la intención inicial de siembra no llegó a concretarse y numerosos lotes fueron finalmente reprogramados para cultivos de gruesa”, señaló la BCP en su reporte, de acuerdo con TN Campo.

El cambio resulta significativo para una región donde los cultivos de invierno tienen un papel central en la rotación agrícola. Una menor superficie sembrada no necesariamente implica una caída equivalente en la producción final, ya que el resultado dependerá también de las condiciones que acompañen al cultivo durante su desarrollo y del rendimiento que pueda obtenerse en cada ambiente.

La siembra nacional de trigo también muestra una demora

El escenario del sur bonaerense se enmarca en una campaña de trigo que también registra dificultades a nivel nacional. Según el informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la siembra había alcanzado el 99% de las 6,5 millones de hectáreas previstas, con un avance semanal de apenas 0,5 puntos porcentuales. La superficie proyectada representa una baja del 3% respecto de la campaña anterior.

La principal dificultad se concentra precisamente en el sur del área agrícola, donde los excesos de agua continúan complicando las labores.

La entidad porteña advirtió que, aunque las tareas podrían prolongarse durante todo agosto, las condiciones actuales de los lotes comprometen especialmente la posibilidad de completar la implantación de ciclos cortos.

La situación es diferente hacia el centro-oeste y el norte del área agrícola. Allí, según el reporte, la condición hídrica permite continuar con las tareas de refertilización y con la aplicación de fungicidas ante la detección de algunos focos de roya.

El desarrollo de los cultivos también muestra diferencias según la región. A nivel nacional, el 44,2% del área de trigo se encuentra desde la etapa de macollaje en adelante, con los lotes más avanzados ubicados en el norte del área agrícola. En esa zona, el 97% del cereal presenta una condición entre normal y excelente.

Esto marca una diferencia entre las regiones donde la humedad funciona como un recurso favorable para el desarrollo del cultivo y aquellas donde el exceso se transformó en un impedimento para las labores.

Un desafío que excede a la campaña actual

La menor superficie sembrada en el sur bonaerense también plantea interrogantes sobre el comportamiento de la producción de cereales durante la campaña. Sin embargo, todavía es temprano para establecer cuál será el impacto definitivo sobre el volumen cosechado.

El rendimiento final dependerá de múltiples factores durante los próximos meses: la evolución de las lluvias, las temperaturas, la disponibilidad de radiación, la incidencia de enfermedades y la capacidad de los cultivos para aprovechar las reservas de humedad acumuladas.

En ese contexto, la disponibilidad de agua no aparece como el principal problema en buena parte de la región, sino su exceso y la dificultad para aprovecharla en el momento adecuado.

La campaña vuelve a mostrar así una de las principales dificultades de la agricultura: la necesidad de equilibrar una adecuada condición hídrica con ventanas de trabajo suficientemente amplias para realizar las labores.

El clima y los márgenes frenaron la siembra de trigo y cebada en una región clave

Para los productores del sur bonaerense, el desafío fue todavía mayor porque las condiciones climáticas coincidieron con una situación económica que obligó a revisar la superficie destinada a cada cultivo.

La reducción conjunta del 6% entre trigo y cebada es el resultado de esa combinación. Más humedad de la necesaria, dificultades para ingresar a los lotes, retrasos en la cosecha de los cultivos estivales y márgenes económicos ajustados terminaron modificando la intención inicial de siembra.

Ahora, con la implantación prácticamente concluida, la atención se concentra en la evolución de los cultivos y en la posibilidad de que las condiciones climáticas permitan recuperar parte del potencial productivo.

El dato de superficie deja, de todos modos, una señal clara: en una de las principales regiones cerealeras del país, el área destinada a los cultivos de invierno se redujo antes de comenzar una campaña que todavía deberá atravesar varios meses de desarrollo. El resultado final dependerá de cómo evolucionen los lotes y de si el clima permite transformar la humedad acumulada en rendimiento.

 

 

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