Ecosistemas Pecuarios / Insumos Ganaderos

El alambrado ganadero dejó de ser un límite: cómo puede mejorar el manejo y la productividad del campo

La infraestructura de los potreros gana protagonismo con el pastoreo rotativo, la trazabilidad electrónica y una ganadería más eficiente.

El alambrado ganadero dejó de ser un límite: cómo puede mejorar el manejo y la productividad del campo
jueves 20 de agosto de 2026

El alambrado ganadero comenzó a ocupar un lugar más estratégico en la producción bovina argentina: productores y especialistas lo consideran una pieza de infraestructura para ordenar el pastoreo, mejorar el uso del forraje y facilitar el manejo de los rodeos. El cambio cobra relevancia en 2026, después de un 2025 en el que el stock bovino se redujo, pero mejoraron algunos indicadores reproductivos y las exportaciones de carne alcanzaron niveles récord. Los datos y conceptos fueron publicados por TodoAgro, en una nota firmada por Carolina Vázquez.

El escenario plantea una necesidad concreta para los establecimientos ganaderos: producir más con los recursos disponibles. En ese contexto, los cercos ya no cumplen únicamente la función tradicional de marcar límites o impedir el desplazamiento de los animales. Su diseño puede determinar cómo se distribuye el rodeo, cuánto tiempo permanece en cada sector, cuándo se habilita el descanso de una parcela y cómo se organiza el acceso al agua.

La transformación se relaciona también con una ganadería que incorpora nuevas herramientas. Boyeros eléctricos alimentados con energía solar, subdivisiones móviles, monitoreo del forraje, identificación electrónica y sistemas de trazabilidad empiezan a integrarse con una infraestructura que durante décadas permaneció relativamente estable.

Según los datos citados por TodoAgro, el stock bovino argentino cerró 2025 con 50.920.790 cabezas, un 1,36% menos que el año anterior. Al mismo tiempo, la relación entre terneros logrados y vacas del ciclo previo llegó al 65,2%, por encima del promedio de 62,3% de la serie 2007-2025. El país contabilizó 14.405.022 terneros y terneras.

El comercio exterior aportó otro incentivo para mejorar la eficiencia. Durante 2025, las exportaciones argentinas de carne bovina alcanzaron US$ 3.700 millones, con un crecimiento del 22,3% frente a 2024, mientras que el volumen llegó a 853.183 toneladas equivalentes res con hueso. Entre enero y mayo de 2026, las ventas externas crecieron 46% en valor y 11% en volumen, según la información reunida por el medio agropecuario.

Del alambrado tradicional al campo dividido por objetivos

La evolución del manejo ganadero impulsa una combinación entre perímetros permanentes y subdivisiones internas flexibles. El objetivo es que el establecimiento pueda modificar la superficie disponible de acuerdo con la categoría de animales, la oferta de pasto y el tiempo de descanso necesario para cada parcela.

Esta lógica está directamente vinculada con el crecimiento del pastoreo rotativo y el apotreramiento. En lugar de considerar al campo como una única superficie, el productor puede dividirlo en unidades de manejo y decidir cuándo entra y sale cada rodeo.

En ese esquema, el alambrado se convierte en el elemento físico que permite llevar a la práctica una planificación productiva. Una subdivisión correctamente ubicada puede facilitar el aprovechamiento del forraje, ordenar los movimientos y reducir el contacto entre categorías.

Por el contrario, una infraestructura mal diseñada puede generar problemas operativos: escapes de animales, mezcla de rodeos, sobrepastoreo, roturas y mayores necesidades de mano de obra.

Marcelo Pascual, presidente de Herpaco, planteó que la elección del alambrado debería considerar las características específicas de cada establecimiento y no limitarse al precio del material. Según explicó a TodoAgro, es necesario evaluar qué animales estarán contenidos, qué presión ejercerán sobre el cerco, las características del terreno, si se trata de una instalación permanente o móvil y la capacidad de mantenimiento disponible.

El avance de los boyeros solares

La incorporación de energía solar también modificó las posibilidades para subdividir los establecimientos. Un trabajo presentado en 2025 en el Congreso Argentino de Producción Animal analizó el uso de boyeros eléctricos solares distribuidos a través del Programa de Energías Renovables en Mercados Rurales, conocido como PERMER, en pequeñas producciones de Catamarca.

En esa provincia se entregaron 406 dispositivos, destinados originalmente a facilitar el apotreramiento y el pastoreo rotativo. Sin embargo, el seguimiento mostró que las herramientas tuvieron distintos usos según el ambiente, la escala de producción y las necesidades de cada familia.

El dato permite observar que la incorporación de tecnología no funciona de manera aislada. El dispositivo debe integrarse a una estrategia de manejo y a una infraestructura que permita aprovecharlo.

La misma tendencia aparece en otros trabajos vinculados al INTA. En el sur de San Luis se evaluó un sistema de pastoreo rotativo con ciclos de 35 días sobre pasturas megatérmicas, mientras que en el norte de Santa Fe se utilizaron imágenes satelitales para estimar la producción de forraje dentro de un esquema rotativo.

La lógica detrás de estas experiencias es similar: dividir, medir y ajustar. El alambrado aparece así como el vínculo entre la planificación del sistema productivo y el desplazamiento concreto de los animales.

No existe un único alambrado para todos los campos

La elección de los materiales depende del uso previsto. Para los cercos permanentes existen alambres de diferentes características, calibres y niveles de resistencia, además de tejidos, postes y sistemas destinados al tensado y la unión.

En establecimientos con bovinos de gran porte, la resistencia, la tensión y la estabilidad estructural adquieren especial importancia. En cambio, para ovinos, caprinos u otras especies pequeñas, pueden resultar determinantes la geometría del tejido y la separación entre los hilos.

Los sistemas electrificados requieren, además, prestar atención a cuestiones específicas como conductividad, aisladores, puesta a tierra y control de la vegetación. En ambientes húmedos, salinos o con grandes variaciones térmicas, también deben contemplarse los riesgos de corrosión y la disponibilidad de repuestos.

Por eso, el costo de un alambrado no debería calcularse solamente a partir de la inversión inicial. También deben incorporarse las horas de trabajo, los traslados y las reparaciones que demandará durante su vida útil.

La tendencia apunta a utilizar componentes que puedan ser reparados o modificados por sectores. En campos extensos, esa posibilidad puede reducir costos cada vez que sea necesario ajustar una subdivisión o ampliar una instalación.

Diseñar primero el manejo y después el cerco

La planificación comienza con una pregunta diferente a la tradicional: ¿cómo se utilizará el campo?

A partir de allí se puede definir dónde pastará cada categoría, cómo accederán los animales al agua, qué recorridos realizará el personal y en qué sectores será necesario establecer períodos de descanso.

El diseño también debe contemplar las tranqueras, esquineros, mangas, corrales, calles internas y circulación de maquinaria. Además, resulta conveniente prever cambios futuros en el sistema productivo para evitar que una modificación obligue a reconstruir toda la infraestructura.

Este criterio transforma al alambrado en una estructura modular. Algunos tramos pueden permanecer durante años, mientras otros pueden trasladarse de acuerdo con la evolución de la oferta forrajera o las necesidades del rodeo.

Pascual señaló a TodoAgro que las consultas de los productores se volvieron más específicas y que ya no se concentran solamente en la resistencia del alambre. También incluyen la resolución de corrales, divisiones internas, perímetros y sectores que podrían necesitar modificaciones.

En esa concepción, la durabilidad no depende de un único componente. Alambre, postes, tensado, accesos e instalación forman parte de un mismo sistema.

La trazabilidad también necesita infraestructura

La modernización de los cercos coincide con otro cambio relevante en la ganadería argentina: el avance de la identificación electrónica individual de los animales.

Desde el 1 de enero de 2026, los terneros y terneras deben ser identificados mediante dispositivos electrónicos oficiales al destete o antes de su primer movimiento. La medida forma parte del Sistema Nacional de Identificación Electrónica de Animales y busca fortalecer la trazabilidad individual.

La infraestructura física del establecimiento adquiere entonces una nueva importancia. Identificar cada animal permite obtener información, pero esa información se vuelve más útil cuando el campo puede separar categorías, organizar movimientos y registrar lo que ocurre en cada potrero.

De esta manera, la tecnología digital no reemplaza al alambrado. Por el contrario, puede aumentar la necesidad de contar con una organización física precisa.

El resultado es una combinación de herramientas que incluye perímetros resistentes, subdivisiones móviles, boyeros solares, monitoreo remoto y registros electrónicos.

El objetivo no consiste en incorporar tecnología por sí misma, sino en lograr que cada elemento tenga una función dentro del sistema productivo.

Una inversión que también se mide por el mantenimiento

La posibilidad de reparar o modificar una instalación sin reemplazarla por completo adquiere especial valor en los campos de gran superficie. Cada intervención supone personal, desplazamientos y tiempo, por lo que la mantenibilidad pasa a ser una variable económica.

Un diseño que permite retensar determinados sectores, reparar tramos específicos o modificar una subdivisión puede reducir el costo de las futuras intervenciones.

El cambio implica también una modificación en la forma de pensar la infraestructura. Durante años, el alambrado se atendía principalmente cuando aparecía una rotura. El nuevo enfoque propone incorporarlo desde el comienzo a la planificación de la carga animal, el agua, el forraje y la circulación.

En un escenario de mayor exigencia productiva y comercial, esas decisiones pueden tener impacto directo sobre la eficiencia.

La ganadería argentina cerró 2025 con un rodeo inferior al del año anterior, pero con indicadores reproductivos que muestran avances y un fuerte crecimiento de las exportaciones. En paralelo, la actividad incorpora nuevas exigencias de trazabilidad y herramientas destinadas a utilizar mejor los recursos.

En ese contexto, el alambrado deja de ser una infraestructura secundaria. La ubicación de una tranquera, la posibilidad de dividir un potrero, la resistencia de un cerco o la facilidad para modificarlo forman parte de las decisiones que determinan cómo se mueve el rodeo y cómo se utiliza el territorio.

El alambre mantiene su función histórica de marcar límites, pero su papel productivo es cada vez más amplio: organizar el campo, administrar el pastoreo y convertir la superficie ganadera en un sistema que pueda medirse, manejarse y adaptarse a nuevas necesidades.

 

 

¡Envianos tus Contenidos!

Difundí tus Ideas, Conocimientos, Experiencias, Opiniones y Proyectos.


¡Juntos el Campo es más fuerte!















¡Juntos por la eliminación
de las Retenciones!

Te invitamos a contarle a todos los argentinos por qué es bueno eliminar las Retenciones.

¡Sumá tu Stand!

Publicá tu marca en la plataforma líder del agro y aumentá tus ventas hoy.

Recibí los mejores contenidos

Suscribite a nuestro Newsletter y sigamos agregando valor.

Agroempresrio

¡Contenidos que agregan valor!