La variedad Stine 46EA23 fue seleccionada por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) como material de referencia para las evaluaciones de soja de Grupo IV medio, a partir de los resultados de la Red Nacional de Evaluación de Cultivares de Soja (RECSO) correspondientes a la campaña 2025/26. La decisión representa un avance para Stine, que comenzó hace menos de seis años su programa de mejoramiento en la Argentina y busca consolidar su participación en uno de los principales cultivos agrícolas del país. La información fue publicada por Agrolink, a partir de una entrevista realizada a Lucas Crimella, gerente de Negocios de Soja de Stine, en el ciclo Agroleaks de Neura Media.

La incorporación de un cultivar como testigo de referencia tiene relevancia dentro de los ensayos porque permite establecer un parámetro de comparación para otros materiales que participan de las evaluaciones. En este caso, la Stine 46EA23 fue ubicada dentro de una de las franjas de madurez más importantes para la agricultura de la región núcleo.
El resultado se produce luego de los registros obtenidos durante la campaña 2025/26 y constituye uno de los principales hitos del programa de mejoramiento que la compañía desarrolla en el país.
Para Stine, el desafío consiste en desarrollar materiales que no solo alcancen altos rendimientos, sino que también puedan mantener un comportamiento estable frente a diferentes ambientes, suelos y condiciones productivas.
“Es un halago porque después de cinco años ya nos toman como referentes”, afirmó Lucas Crimella en diálogo con Agroleaks, según publicó Agrolink.
El reconocimiento llega en un momento en que las empresas semilleras compiten por ofrecer materiales capaces de responder a las necesidades de productores que buscan combinar productividad, estabilidad y adaptación.
Uno de los aspectos centrales señalados por Crimella fue la diferencia entre una variedad que alcanza un rendimiento elevado en determinadas condiciones y otra que puede sostener resultados competitivos en una mayor cantidad de ambientes.
Para el ejecutivo de Stine, una variedad de referencia debe reunir precisamente esas dos características: rendimiento y estabilidad.
“Es la que más rinde y la más estable. La que puedo meter en todos los lotes y levantar cabeza”, explicó Crimella a Agroleaks, de acuerdo con la información difundida por Agrolink.
La estabilidad adquiere especial importancia en soja porque los resultados pueden variar de manera significativa según la disponibilidad de agua, el tipo de suelo, la fecha de siembra, el manejo y las condiciones climáticas que atraviesa cada región.
Por ese motivo, los ensayos comparativos tienen un papel central para los productores. Los datos obtenidos en diferentes ambientes permiten evaluar no solamente el potencial máximo de un cultivar, sino también la capacidad de sostener su desempeño cuando las condiciones se modifican.
La elección de Stine 46EA23 como referencia para el Grupo IV medio constituye, bajo esa lógica, un reconocimiento al comportamiento que mostró el material en las evaluaciones.
También representa un desafío para la empresa: mantenerse dentro de los materiales destacados en las próximas campañas y ampliar su presencia entre los productores.
Stine comenzó su desarrollo en el mercado argentino con una estrategia centrada en el mejoramiento genético. La compañía estadounidense ya tenía presencia en otros segmentos de semillas, pero decidió ampliar su actividad local hacia la soja.
Crimella forma parte del proyecto desde el desembarco de la empresa en el país y explicó que una de las principales fortalezas del programa está vinculada con la escala de investigación y desarrollo.
La lógica detrás de esa estrategia es aumentar la cantidad de combinaciones y materiales evaluados para elevar las probabilidades de obtener variedades con características competitivas.
“En un programa de mejoramiento, la probabilidad de que saque algo bueno va en relación al tamaño. Es estadístico. Nuestro programa es realmente grande”, señaló Crimella a Agroleaks, según consignó Agrolink.
El desarrollo de nuevas variedades requiere varios años de trabajo. Los materiales deben atravesar diferentes etapas de selección y evaluación antes de llegar al mercado, con pruebas destinadas a determinar su adaptación y comportamiento agronómico.
En ese proceso, las redes de evaluación permiten contrastar los resultados obtenidos por las distintas empresas y materiales bajo condiciones comparables.
El objetivo final es ofrecer variedades que respondan a las necesidades de los productores de las diferentes regiones agrícolas.
La soja ocupa una posición central en la agricultura argentina y concentra una amplia oferta de variedades desarrolladas por compañías con una trayectoria prolongada en el mercado.
Para una empresa que comenzó recientemente su programa local, ganar participación implica superar una barrera adicional: lograr que los productores incorporen sus materiales y comprueben su comportamiento en condiciones reales.
Crimella definió al mercado argentino como un “mercado picante”, una expresión utilizada para describir el nivel de competencia existente.
Sin embargo, destacó que los productores suelen estar dispuestos a probar nuevas variedades cuando los resultados respaldan la decisión.
“El productor de soja te prueba. Te prueba en 50 hectáreas y, en la medida que los datos acompañen, no hay problemas”, sostuvo el ejecutivo en la entrevista con Agroleaks.
La lógica implica que el desempeño a campo es uno de los principales factores para construir reputación entre los productores.
Una variedad puede contar con características técnicas destacadas, pero necesita demostrar resultados en lotes comerciales para consolidar su participación.
En ese sentido, la elección de una variedad como referencia por parte del INTA puede funcionar como un antecedente relevante para la estrategia de Stine.
Además de analizar el posicionamiento de la compañía, Crimella se refirió a las perspectivas para la próxima campaña agrícola.
Según su evaluación, la soja podría superar al maíz en superficie sembrada durante el próximo ciclo.
La estimación está relacionada con varios factores que están siendo evaluados por los productores, entre ellos los márgenes relativos de ambos cultivos, las condiciones climáticas y el riesgo sanitario asociado con la chicharrita.
El insecto Dalbulus maidis se convirtió en una de las principales preocupaciones para el maíz, especialmente en algunas regiones del norte argentino.
La presión de la plaga puede modificar las decisiones de siembra, en particular cuando los productores deben definir fechas de implantación y elegir entre cultivos con diferentes niveles de riesgo.
En el norte, la presencia de chicharrita genera una mayor cautela respecto del maíz. La soja, en cambio, mantiene una superficie importante y aparece como una alternativa para aquellos productores que buscan reducir la exposición a ese riesgo sanitario.
“Hay un poco de chicharrita en el norte y hay cautela, pero la soja siempre se siembra”, afirmó Crimella a Agroleaks, según Agrolink.
La definición del área definitiva dependerá, de todos modos, de la evolución de los precios, los costos, la humedad disponible y las condiciones sanitarias durante las próximas semanas.
El Grupo IV medio ocupa un lugar importante dentro del esquema de producción de soja argentino. Los grupos de madurez permiten clasificar los materiales según la duración de su ciclo y facilitan la elección de variedades de acuerdo con las condiciones de cada región.
La posibilidad de contar con una variedad de referencia dentro de esta franja aporta información para productores y técnicos que comparan diferentes alternativas antes de definir la siembra.
La elección de Stine 46EA23 también muestra el avance del programa de mejoramiento local de la compañía.
En menos de seis años, la empresa pasó de iniciar su desarrollo en el país a ubicar uno de sus materiales entre los utilizados como referencia dentro de las evaluaciones de la RECSO.
Ese recorrido se produce en un mercado donde el rendimiento continúa siendo uno de los principales criterios de elección, pero donde también ganan importancia la estabilidad, adaptación y comportamiento ante diferentes ambientes.
La campaña 2026/27 planteará nuevas condiciones para los materiales de soja.
Las decisiones de los productores estarán atravesadas por el comportamiento de los precios relativos entre soja y maíz, las perspectivas climáticas y la evolución de los riesgos sanitarios.
En ese contexto, las empresas semilleras deberán demostrar que sus variedades pueden sostener buenos resultados en escenarios productivos diferentes.
Para Stine, la elección de la Stine 46EA23 como testigo de referencia representa un punto de avance dentro de ese proceso, pero también abre una nueva etapa de exigencia.
El verdadero desafío será confirmar los resultados en nuevas campañas y ampliar la cantidad de ambientes en los que el material pueda demostrar su comportamiento.
La competencia por el mercado argentino de soja continuará así concentrada en la capacidad de cada programa de mejoramiento para generar variedades que combinen potencial de rendimiento y estabilidad productiva.
Mientras los productores definen la próxima campaña, el escenario también abre una oportunidad para la soja frente a las dudas que genera el maíz en algunas regiones.
Por ahora, el dato más concreto para Stine es la incorporación de uno de sus materiales a las evaluaciones de referencia del INTA. Un reconocimiento que llega pocos años después de su desembarco en la Argentina y que marca un nuevo capítulo en la expansión local de la compañía.