Una intensa tormenta de granizo afectó entre 30.000 y 80.000 hectáreas de trigo en la Región Núcleo durante el jueves 27 de agosto, con daños de distinta magnitud en lotes del centro-sur de Santa Fe, el noroeste de Córdoba y sectores de Entre Ríos, según una primera estimación de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). El fenómeno impactó sobre cultivos que, en una proporción significativa, se encuentran más adelantados de lo habitual y ya ingresaron en la etapa de encañazón, lo que aumenta el riesgo de pérdidas productivas y limita las posibilidades de recuperación.
La magnitud definitiva del daño todavía no fue establecida. Técnicos y especialistas deberán recorrer durante los próximos días las zonas afectadas para determinar qué proporción de los lotes sufrió pérdidas totales, cuáles presentan daños parciales y qué cultivos conservan posibilidades de completar su ciclo con un rendimiento aceptable.
La tormenta se produjo en un momento particular para la agricultura de la región. Mientras los productores aceleran algunas decisiones de siembra temprana de maíz ante la expectativa de un período climático asociado a un fenómeno de El Niño con lluvias superiores a las habituales, el trigo recibió un nuevo impacto que vuelve a poner el clima en el centro de la planificación productiva.
Según la BCR, la primera evaluación ubica entre 30.000 y 80.000 hectáreas la superficie de trigo potencialmente alcanzada por el granizo. La amplitud del rango responde a que el relevamiento todavía es preliminar y existen diferencias importantes en la intensidad con la que el fenómeno atravesó cada localidad.
El frente de tormenta dejó registros de granizo en una extensa franja productiva. Entre las localidades alcanzadas se encuentran Bell Ville, Marcos Juárez, Leones, Montes de Oca, Las Rosas, Monje, Gálvez y San Genaro, además de sectores de Entre Ríos.
La BCR explicó que el episodio se produjo en el marco de la denominada tormenta de Santa Rosa, para la cual los pronósticos anticipaban lluvias y lloviznas. Sin embargo, el contraste térmico entre diferentes masas de aire habría generado condiciones atmosféricas más inestables que las previstas.
El fenómeno ocurrió el 27 de agosto y sorprendió por su intensidad y por la superficie involucrada. La referencia a un episodio registrado el 19 de febrero, que había provocado daños en cultivos de soja y maíz en una zona similar, aparece como antecedente por la extensión del área alcanzada.
Los primeros reportes de técnicos de la zona de Marcos Juárez reflejaron la preocupación por el estado de los cultivos. La situación resulta particularmente sensible porque parte del trigo ya dejó atrás las primeras etapas vegetativas.
Los especialistas advirtieron que el desarrollo del cultivo está adelantado entre 10 y 15 días respecto del calendario habitual. Esa diferencia modifica la respuesta de las plantas frente a un evento de granizo, ya que los daños sobre cultivos más avanzados pueden comprometer estructuras que resultan determinantes para el rendimiento.
La evaluación, de todos modos, deberá realizarse lote por lote. La intensidad del granizo no fue uniforme y, por lo tanto, tampoco lo será el impacto productivo.
Uno de los principales aspectos que deberán determinar los técnicos es el nivel de recuperación de las plantas afectadas. En algunos establecimientos se observaron lotes con daños severos, mientras que en otros el impacto fue considerablemente menor.
La Bolsa de Comercio de Rosario señaló que se esperan grados de afectación muy diferentes, desde pérdidas prácticamente totales hasta situaciones en las que el cultivo conserva capacidad para recuperarse.
El estado fenológico del trigo será un elemento decisivo para establecer el resultado final. Las plantas que todavía se encuentran en macollaje pueden disponer de un margen mayor para recomponer parte de la biomasa perdida. En cambio, los lotes que ya ingresaron en encañazón tienen estructuras más desarrolladas y enfrentan un escenario diferente.
El relevamiento regional previo al fenómeno mostraba que el 98% del trigo de la Región Núcleo se encontraba entre condiciones muy buenas y excelentes. Un 73% del área estaba clasificado como muy bueno y otro 25% como excelente, mientras que apenas el 2% se ubicaba en condición buena.
La fotografía productiva previa a la tormenta, por lo tanto, era favorable. El granizo introdujo ahora una variable que puede modificar de manera significativa esa situación en las zonas puntuales donde la intensidad del evento fue mayor.
El desarrollo fenológico también presentaba un adelanto respecto de los registros habituales. Cerca del 65% del área transitaba el pleno macollaje, mientras que aproximadamente un 2% todavía se encontraba en las primeras etapas de macollaje hacia el sur regional.
El 33% restante ya había ingresado en encañazón, una proporción que adquiere especial relevancia ante el episodio climático.
El adelanto del cultivo es uno de los factores que más preocupa a los especialistas. Técnicos de la región describieron la evolución del trigo como particularmente rápida y señalaron que algunos lotes ya presentaban el segundo nudo marcado.
La aceleración del ciclo responde a las condiciones ambientales registradas durante las últimas semanas y puede generar ventajas o riesgos según cómo evolucione el clima. Un cultivo adelantado puede alcanzar determinadas etapas antes de la llegada de eventos adversos, pero también queda expuesto a fenómenos que normalmente ocurrirían cuando las plantas se encuentran en otra fase de desarrollo.
En este caso, el granizo llegó cuando una parte significativa del trigo ya había avanzado hacia la encañazón.
El calendario también genera preocupación por el momento previsto para la espigazón. Algunos técnicos estimaban inicialmente que los lotes alcanzarían esa etapa alrededor del 12 de octubre, pero el adelanto observado podría acercarla a septiembre.
Esa aceleración puede alterar las expectativas productivas porque aumenta la exposición a otros eventos meteorológicos propios del final del invierno y el comienzo de la primavera.
La posibilidad de nuevas heladas es uno de los riesgos que los productores siguen con atención. El avance simultáneo de los cultivos de trigo y las primeras siembras de maíz incrementa la sensibilidad del sistema ante un descenso marcado de las temperaturas.
El episodio de granizo se produjo en paralelo con una decisión poco habitual en la Región Núcleo: el adelanto de la siembra de maíz.
La expectativa de un escenario climático influido por El Niño, con mayores precipitaciones y posibles eventos de calor durante enero, llevó a algunos productores a evaluar una implantación más temprana para desplazar el período crítico del cultivo.
Los relevamientos regionales indicaron que la siembra de maíz ya había alcanzado alrededor del 3% del área intencionada, un nivel inusual para fines de agosto y comienzos de septiembre.
En zonas como Aldao ya se observaban máquinas trabajando, mientras que en María Susana algunos productores proyectaban comenzar alrededor del 1° de septiembre, unos diez días antes de lo habitual.
En el norte de la región, el adelanto es más marcado. Hacia el sur, en cambio, las temperaturas del suelo condicionan el inicio de las tareas. En San Pedro existía intención de comenzar antes, mientras que en Junín la ventana prevista se ubicaba alrededor del 15 de septiembre, también antes de la fecha habitual.
En el sudeste de Córdoba, la humedad disponible acompaña, pero las temperaturas mantienen a los productores a la espera. En Corral de Bustos, la intención era comenzar entre el 10 y el 15 de septiembre, siempre que se produzca un incremento suficiente de la temperatura.
La estrategia busca aprovechar una posible mejora de las condiciones hídricas, aunque incorpora el riesgo de que una helada tardía afecte cultivos recién implantados.
El escenario climático esperado también está modificando las decisiones de inversión. La posibilidad de contar con una mayor disponibilidad de agua llevó a los productores de la región a considerar planteos de mayor nivel tecnológico, en especial mediante una mayor utilización de fertilización nitrogenada.
La expectativa es que una campaña con mejores condiciones hídricas permita aumentar el potencial de rendimiento y justificar una mayor inversión por hectárea.
Sin embargo, existen diferencias entre zonas. En algunos sectores se prevén dosis de nitrógeno de entre 120 y 140 unidades, mientras que en otros los productores mantienen cautela ante el riesgo de que lluvias abundantes provoquen pérdidas por lavado del nutriente.
La calidad de la semilla también aparece como una variable central. En un escenario de mayor inversión por hectárea, los técnicos recomiendan prestar especial atención a la calidad del material utilizado y a la capacidad de lograr una implantación uniforme.
El clima, sin embargo, mantiene su capacidad de alterar cualquier planificación. El granizo registrado sobre el trigo es una muestra concreta de un riesgo que no puede eliminarse mediante decisiones agronómicas.
Desde el sector reconocen que existen herramientas para reducir determinados riesgos productivos, pero que eventos como una tormenta de granizo escapan al manejo convencional. En ese contexto, el seguro agrícola adquiere importancia como mecanismo para amortiguar las pérdidas económicas.
Por ahora, la superficie estimada entre 30.000 y 80.000 hectáreas debe considerarse preliminar. La amplitud de la cifra refleja la falta de un relevamiento completo y la disparidad de daños entre los distintos establecimientos.
Los próximos días serán determinantes para establecer cuánto del trigo afectado podrá recuperarse y qué superficie deberá considerarse con pérdidas irreversibles.
La evaluación deberá contemplar no solo el daño visible sobre las hojas y tallos, sino también el estado fisiológico de las plantas y su capacidad de continuar el desarrollo después del impacto.
El episodio vuelve a poner en evidencia la creciente dificultad de planificar una campaña agrícola bajo condiciones climáticas variables. En la misma semana en que la región avanzaba con una siembra de maíz adelantada, una tormenta severa afectó al trigo y obligó a revisar las perspectivas de rendimiento de numerosos lotes.
La situación también refuerza la importancia del monitoreo permanente. El estado sanitario y fenológico de los cultivos, la temperatura del suelo, las reservas de humedad y los pronósticos meteorológicos serán determinantes para las próximas decisiones.
Mientras el trigo intenta atravesar el impacto del granizo, el maíz avanza sobre una ventana de siembra excepcionalmente temprana. En ambos cultivos, el denominador común es un escenario en el que el clima vuelve a ocupar un lugar central en las decisiones productivas.
La magnitud definitiva de las pérdidas por la tormenta recién podrá conocerse después de completar los relevamientos. Hasta entonces, el rango de 30.000 a 80.000 hectáreas constituye la primera referencia sobre un fenómeno que golpeó a una de las principales regiones agrícolas del país y que encontró a buena parte del trigo en una etapa particularmente sensible de su desarrollo.