Mendoza dio un nuevo paso para desarrollar Vaca Muerta en su territorio al iniciar la evaluación de impacto ambiental de un proyecto de exploración no convencional de Quintana E&P Argentina SRL en Malargüe. La iniciativa contempla una inversión comprometida de US$ 44 millones, la realización de dos pozos piloto y trabajos de perforación, terminación y estimulación hidráulica.
Según informó El Economista, el proyecto se desarrolla en las áreas Cañadón Amarillo y CN VIIA, ubicadas en la denominada lengua norte de Vaca Muerta, cerca del límite entre Mendoza y Neuquén. Para la provincia, el avance representa una oportunidad para incorporar nuevas inversiones petroleras y ampliar el desarrollo de la formación hacia territorio mendocino.
El procedimiento de evaluación ambiental fue formalizado mediante la Resolución 248, publicada en el Boletín Oficial de Mendoza. El proceso permitirá analizar los aspectos técnicos del proyecto antes de avanzar hacia una eventual etapa de explotación comercial.
La inversión de US$ 44 millones corresponde a un plan piloto exploratorio en Cañadón Amarillo, desarrollado por una unión transitoria integrada por Quintana Energy y TSB.
Como parte de los trabajos previos, la compañía completó una campaña de sísmica 3D sobre 202,5 kilómetros cuadrados, considerada la primera de estas características realizada en Mendoza desde 2017.

Los resultados de esos estudios permitieron avanzar con la planificación de dos pozos piloto, cuya perforación podría comenzar durante los próximos meses. La información que surja de esas perforaciones será determinante para establecer el potencial productivo de los recursos no convencionales en la zona.
El desarrollo de Vaca Muerta en Mendoza forma parte de una estrategia más amplia para aprovechar el potencial energético de la formación, que ya convirtió a Neuquén en uno de los principales polos hidrocarburíferos de la Argentina.
La llamada lengua norte de Vaca Muerta concentra distintos proyectos de exploración. Además de Quintana Energy-TSB, existen iniciativas impulsadas por YPF destinadas a determinar el potencial de los recursos y evaluar futuras etapas de producción.
Para Mendoza, el avance de estos proyectos puede generar un efecto que exceda la actividad estrictamente petrolera. El desarrollo de nuevos yacimientos requiere infraestructura, servicios, logística y proveedores vinculados con la industria energética, además de inversiones adicionales si los resultados exploratorios son positivos.
La cercanía con Neuquén también le otorga un valor estratégico al proyecto. El objetivo es que el desarrollo de una formación que ya alcanzó una escala relevante en la provincia vecina pueda extenderse hacia el territorio mendocino y abrir un nuevo frente para la actividad hidrocarburífera.
El siguiente paso será completar la evaluación ambiental. La Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Cuyo realizará un relevamiento de campo junto con personal de la Dirección de Gestión y Fiscalización Ambiental y elaborará posteriormente el dictamen técnico.

También deberán pronunciarse distintos organismos provinciales y municipales, entre ellos el Departamento General de Irrigación, la Municipalidad de Malargüe, la Dirección de Patrimonio Cultural y Museos, la Dirección de Biodiversidad y Ecoparque y la Dirección de Hidrocarburos.
Los honorarios de la consultoría externa fueron establecidos en $10,448 millones, que serán afrontados por la empresa proponente a través de la Asociación Cooperadora de la Facultad de Ingeniería.
El resultado de este proceso será clave para definir la continuidad del proyecto. Si los pozos piloto confirman el potencial esperado, Mendoza podría avanzar desde la etapa exploratoria hacia un desarrollo productivo de mayor escala, con nuevas inversiones asociadas a Vaca Muerta.