La ganadería argentina atraviesa un cambio de paradigma marcado por la necesidad de producir más kilos de carne con menos animales, mejorar la eficiencia y responder a una demanda internacional que ofrece nuevas oportunidades. Así lo planteó el médico veterinario y asesor en nutrición y producción bovina Oscar “Chochín” Ferrero durante la Jornada Ganadera de la Mega Exposición del Centro Argentino (MECA) 2026, realizada en Villa María, Córdoba. La presentación, desarrollada el 9 de septiembre, puso el foco en la recuperación del stock, la intensificación productiva y la posibilidad de que Argentina avance desde la venta de carne como commodity hacia una oferta de productos con atributos específicos. La exposición fue publicada por TodoAgro en una cobertura firmada por Elida Thiery.
Ferrero sostuvo que el escenario internacional resulta favorable para la actividad porque existe una combinación de menor disponibilidad de hacienda a nivel mundial y crecimiento del consumo de carne. En ese contexto, consideró que la demanda supera a la oferta y que Argentina cuenta con condiciones para aprovechar ese escenario si consigue elevar la productividad y sostener la calidad.
La perspectiva del especialista parte de una transformación que, según explicó, ya comenzó dentro de los establecimientos. El modelo basado en la conservación del capital ganadero pierde peso frente a otro en el que cada animal, cada kilo producido y cada recurso utilizado deben ser evaluados desde una lógica empresarial.
Uno de los puntos centrales de la exposición fue la necesidad de aumentar el peso de los animales enviados a faena. Ferrero vinculó esta estrategia con la recuperación del rodeo argentino y con la necesidad de sostener la producción de carne mientras se reconstruye el stock.
“Venimos de sufrir el cierre de exportaciones, las pérdidas de cabezas y estamos recuperando producción de carne. Producir animales más pesados es producir la mayor cantidad de kilos de carne por animal”, señaló Ferrero, según la cobertura de TodoAgro.
El planteo apunta a compensar parcialmente la menor disponibilidad de animales. En su exposición, el veterinario mencionó una caída de la faena durante julio frente al mismo mes del año anterior y explicó que el descenso de la producción de carne fue menor debido al mayor peso de los animales procesados.
La estrategia adquiere relevancia porque la recomposición del rodeo no puede producirse de manera inmediata. La reproducción y el crecimiento de las existencias demandan varios ciclos productivos. Por eso, elevar la cantidad de kilos obtenidos por animal aparece como una herramienta para sostener la oferta mientras avanza la recuperación de las existencias.
Para Ferrero, el cambio no es solamente técnico. También implica modificar la forma en que los productores toman decisiones.
“Pasamos de tener una ganadería de tenencia a una ganadería de producción”, afirmó durante la jornada, de acuerdo con TodoAgro.
La diferencia radica en colocar la eficiencia productiva en el centro del negocio. La medición de indicadores, la conversión alimenticia, la planificación nutricional y el seguimiento de los resultados pasan a ser herramientas indispensables para conocer cuánto cuesta producir cada kilo de carne.
En ese sentido, el especialista vinculó la mejora de la eficiencia con una mayor intensificación. El desafío consiste en utilizar mejor los recursos disponibles y detectar los puntos donde existen pérdidas de productividad.
Ferrero resumió esa lógica con una frase que utilizó durante su exposición: “El que mide sufre y el que sufre cambia”.
La intensificación, sin embargo, no fue presentada como una única tecnología o sistema. El especialista la vinculó con un conjunto de decisiones que involucran alimentación, sanidad, manejo, genética e infraestructura.
En su análisis, Ferrero utilizó una pirámide productiva compuesta por cinco elementos: nutrición, sanidad, bienestar animal, instalaciones y genética. La combinación de esos factores, explicó, permite mejorar los resultados en las diferentes etapas del ciclo ganadero, desde la cría hasta el engorde.
La nutrición ocupa un lugar central porque determina buena parte de la capacidad de crecimiento de los animales. Pero su efecto depende de que exista un adecuado manejo sanitario, instalaciones que permitan trabajar correctamente y genética compatible con el sistema productivo y con el mercado al que se apunta.
El bienestar animal también forma parte de ese esquema. La mirada sobre la producción de carne ya no se limita al volumen obtenido, sino que incorpora las condiciones en las que se desarrolla el proceso.
El objetivo final, según Ferrero, es mejorar la calidad de la carne argentina y abandonar progresivamente una lógica centrada exclusivamente en el volumen.
Una de las definiciones más relevantes de la exposición estuvo relacionada con el posicionamiento internacional. Ferrero planteó que Argentina tiene la posibilidad de avanzar hacia una producción diferenciada para atender demandas específicas de los consumidores.
“Argentina tiene que dejar de vender carne como commodity y empezar a ofrecer especialidades”, sostuvo el especialista, según la cobertura de TodoAgro.
La referencia apunta a mercados que no buscan únicamente carne vacuna, sino determinados atributos vinculados con el producto. Como ejemplo, mencionó el caso de Alemania, donde existe demanda por determinados tipos de grasa y características de la carne.
“Argentina puede armarlo. Me refiero a un animal con un tipo de grasa específico”, explicó Ferrero durante la jornada.
La posibilidad de responder a esos requerimientos implica avanzar hacia una mayor coordinación entre producción, genética, alimentación, manejo y comercialización. En lugar de producir sin un destino definido, el sistema podría orientarse a obtener animales con características previamente establecidas por cada mercado.
Ferrero también planteó una perspectiva favorable para los próximos años. Su argumento se basa en la necesidad biológica de recuperar las existencias perdidas durante períodos anteriores.
“El cambio es total en la producción ganadera y tenemos por delante cuatro o cinco años muy buenos”, afirmó el veterinario, aunque condicionó esa perspectiva a que no aparezcan obstáculos generales que alteren el funcionamiento del país.
Según explicó, Argentina necesita recomponer alrededor de 10 millones de cabezas que se perdieron en el período al que hizo referencia durante su presentación. Esa recuperación no puede concretarse en un único ciclo productivo y requiere tiempo para que las nuevas generaciones de animales se incorporen al rodeo.
La situación genera, al mismo tiempo, una oportunidad y una exigencia. La oportunidad está asociada con una demanda internacional que puede favorecer a los productores argentinos. La exigencia consiste en aprovechar ese escenario mediante una producción más eficiente y con mayor capacidad de diferenciación.
El planteo desarrollado en Villa María también tuvo una expresión concreta fuera del ámbito estrictamente técnico. Después de la exposición de Ferrero se realizó una experiencia de maridaje entre carnes y vinos, con participación de Natalia Barrionuevo, presidenta de la Asociación Argentina de Sommelier de Carnes.
La actividad buscó trasladar a la mesa el concepto de calidad que había atravesado la jornada: el valor de la carne no depende solamente de la cantidad producida, sino también de sus características y de la experiencia que genera en el consumidor.
Para el sector argentino, esa mirada supone un desafío que excede a los establecimientos ganaderos. Si la producción apunta a mercados que demandan atributos concretos, será necesario fortalecer la articulación entre genética, nutrición, sanidad, manejo, industria y comercialización.
El mensaje central de Ferrero durante la MECA 2026 quedó así asociado a una transformación de fondo: producir más eficientemente, recuperar el rodeo y, al mismo tiempo, construir una oferta capaz de diferenciarse en el mercado internacional.
La ganadería argentina parte de una posición reconocida en el comercio mundial de carne, pero el desafío planteado por el especialista consiste en agregar valor a esa reputación. La meta ya no sería solamente colocar más toneladas, sino producir animales y carnes capaces de responder a las exigencias de cada destino.
En ese escenario, la recuperación del stock y la mejora de la productividad aparecen como procesos complementarios. Mientras la primera requiere varios años por los tiempos biológicos de la actividad, la segunda depende de decisiones que pueden comenzar a aplicarse en cada establecimiento. La combinación de ambas, junto con una estrategia orientada a la calidad y diferenciación, puede definir el próximo ciclo de la ganadería argentina.