Miramar de Ansenuza, en el noreste de Córdoba, sufrió una transformación profunda cuando el crecimiento de la laguna Mar Chiquita avanzó sobre calles y construcciones y obligó a reconstruir parte del pueblo en terrenos más elevados. Décadas después, la localidad convirtió esa historia y su entorno natural en parte de una propuesta turística que reúne playas, navegación, museos y una de las mayores concentraciones de aves de la región.
El episodio que cambió la historia de Miramar comenzó durante la década de 1970. El nivel de Mar Chiquita aumentó de manera considerable y el agua avanzó progresivamente sobre las zonas más bajas de la localidad.
La laguna llegó a ocupar una superficie superior a las 700.000 hectáreas. El fenómeno cubrió calles y edificios, hizo desaparecer algunas construcciones y obligó a trasladar sectores del pueblo hacia terrenos menos expuestos.
Las huellas de aquel proceso todavía forman parte del paisaje y de la identidad local. Algunas estructuras permanecieron como testimonio de la antigua Miramar, mientras que la localidad fue reconstruyendo su vida económica y social alrededor de la misma laguna que había provocado una de sus mayores crisis.

Uno de los edificios que permite comprender esa historia es el Gran Hotel Viena, construido durante la década de 1940 a orillas de Mar Chiquita. El establecimiento sufrió el impacto del avance del agua y actualmente funciona como museo.
Sus instalaciones pueden recorrerse para conocer cómo era el edificio y reconstruir parte de la historia turística que tuvo Miramar antes de las grandes inundaciones.
Pero el pueblo no quedó detenido en el pasado. Miramar de Ansenuza es actualmente la única localidad ubicada directamente sobre la ribera de Mar Chiquita y desarrolló buena parte de su propuesta turística en contacto con ese enorme espejo de agua.
La costanera y las playas se encuentran entre sus principales atractivos. También existen opciones para realizar paseos en bicicleta, excursiones en lancha y recorridos en kayak, especialmente durante los meses de temperaturas más altas.
Otro de los grandes protagonistas es la biodiversidad. El ecosistema de Ansenuza alberga más de 350 especies de aves, una característica que convirtió a la zona en un destino destacado para la observación de fauna.
Entre las especies que pueden encontrarse aparecen los flamencos australes, parinas y cisnes de cuello negro, además de numerosas aves migratorias que utilizan el área como sitio de alimentación y descanso.
Los flamencos se transformaron en una de las imágenes más reconocibles del destino. Pueden observarse desde diferentes puntos de la costanera y mediante recorridos por los alrededores de la laguna.
A diferencia de los destinos serranos tradicionales de Córdoba, Miramar ofrece una experiencia marcada por el paisaje acuático. El agua salada de Mar Chiquita, las playas y la presencia de aves conforman una propuesta diferente dentro de la oferta turística provincial.
El recorrido por la localidad también puede incorporar espacios culturales como el Museo de Ciencias Naturales Aníbal Montes, el Museo Fotográfico Dante Marchetti y la Capilla Museo San Antonio. Estos sitios permiten complementar las actividades al aire libre con la historia y el patrimonio local.
La relación entre Miramar y Mar Chiquita atravesó distintas etapas. La laguna fue primero el motor de su desarrollo turístico, luego se convirtió en una amenaza cuando el agua avanzó sobre el casco urbano y, con el paso del tiempo, volvió a posicionarse como uno de sus principales recursos.
Actualmente, la localidad se encuentra a aproximadamente 196 kilómetros de Córdoba capital y el acceso se realiza principalmente a través de las rutas provinciales 10 y 17.
La reconstrucción permitió que Miramar de Ansenuza desarrollara una nueva relación con su entorno. Las ruinas y los testimonios de la inundación conviven hoy con hoteles, playas, museos, actividades náuticas y propuestas vinculadas con la naturaleza.
Esa combinación convirtió al pueblo en un destino particular dentro de Córdoba: un lugar que conserva las marcas de una inundación que modificó su geografía, pero que encontró en la misma laguna una oportunidad para reinventarse como destino turístico.