La guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá comenzó a generar nuevas presiones sobre empresas, mercados y carteras de inversión, a medida que Washington y Ottawa profundizan su disputa arancelaria. El conflicto afecta especialmente a sectores con fuertes vínculos entre ambos países, como la industria automotriz, la energía, el acero, el aluminio y la agricultura, según informó Forbes.
Canadá es uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos. Entre enero y julio, el intercambio bilateral alcanzó los US$233.700 millones, de acuerdo con datos de la Oficina del Censo estadounidense. Por eso, cualquier interrupción del comercio puede trasladarse a los costos empresariales, los márgenes de ganancias y las decisiones de los inversores.

La escalada también aumenta la incertidumbre económica. Los aranceles pueden encarecer los productos importados, alterar las cadenas de suministro y obligar a las compañías a buscar nuevos proveedores. Para los inversores, esto puede traducirse en mayor volatilidad y cambios en las perspectivas de determinadas industrias.
La relación comercial entre ambos países atravesó diferentes períodos de tensión durante más de un siglo. En los últimos años, los aranceles volvieron a ocupar un lugar central. Durante el segundo mandato de Donald Trump, Estados Unidos aplicó nuevas medidas contra productos canadienses, mientras que Canadá respondió con aranceles de represalia.
En julio de 2026, Estados Unidos rechazó extender el T-MEC por otros 16 años. El acuerdo continúa vigente, pero quedó sujeto a revisiones anuales y tiene previsto su vencimiento en 2036 si los tres países no acuerdan una extensión.

La tensión volvió a aumentar después de que Trump anunciara que los aranceles sobre autos, camionetas, autopartes y acero canadiense subirán al 50% en 2027. El primer ministro canadiense, Mark Carney, respondió con medidas de represalia "dólar por dólar" sobre distintos productos estadounidenses.
Uno de los sectores más expuestos es el automotriz, debido al nivel de integración entre Estados Unidos, Canadá y México. Las piezas pueden cruzar varias veces las fronteras antes del ensamblaje final de un vehículo, por lo que un arancel puede incrementar los costos en distintos puntos de la cadena productiva.

La energía también ocupa un lugar central. En 2024, el comercio energético entre Estados Unidos y Canadá rondó los US$150.000 millones. En 2025 cayó 11%, hasta unos US$137.000 millones. Estados Unidos depende de Canadá para una parte importante de sus importaciones de petróleo, mientras que el encarecimiento de los combustibles puede repercutir sobre industrias como la manufactura, el transporte, la agricultura y la construcción.
El conflicto también alcanza a la agricultura, la madera y los bienes de consumo. Canadá representa el 18,5% de las importaciones estadounidenses de productos agroalimentarios y pesqueros y es un proveedor relevante de carne vacuna, ganado, productos de panadería y aceite de canola.

En el caso del acero y el aluminio, las importaciones estadounidenses desde Canadá ya mostraron una fuerte reducción después de la aplicación de nuevos aranceles. Las empresas pueden optar por otros proveedores, aunque ese cambio también puede elevar los costos y modificar sus cadenas de abastecimiento.
El impacto no se limita a las compañías directamente involucradas en el comercio bilateral. Una suba de precios puede aumentar la inflación en Estados Unidos y dificultar el escenario para la Reserva Federal. Si las presiones inflacionarias persisten, las tasas de interés podrían mantenerse más elevadas durante más tiempo, encareciendo el crédito para empresas y consumidores.
El mercado de bonos también puede verse afectado. Los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense funcionan como referencia para diferentes tipos de financiamiento, por lo que sus movimientos pueden trasladarse a préstamos de largo plazo, incluidas las hipotecas.

Para los inversores, el escenario vuelve a poner en primer plano la diversificación de las carteras. Entre las alternativas mencionadas por Forbes aparecen las empresas con menor exposición a las cadenas internacionales de suministro, compañías orientadas al mercado interno, fondos con exposición internacional y determinados ETF.
Las acciones que pagan dividendos y los ETF vinculados a sectores considerados más defensivos también pueden formar parte de una estrategia de diversificación. Entre las opciones mencionadas figuran instrumentos vinculados a bonos del Tesoro estadounidense y acciones bancarias.
Sin embargo, la estrategia depende del perfil de cada inversor, sus objetivos y su horizonte temporal. La disputa comercial puede generar movimientos importantes en el corto plazo, pero una cartera diversificada busca evitar que la evolución de un solo sector determine todo el resultado de una inversión.

El conflicto entre Trump y Carney todavía puede tener nuevas derivaciones. Mientras continúen las negociaciones y las medidas arancelarias, los inversores deberán seguir especialmente la evolución de la inflación, las tasas de interés, los costos empresariales y el comportamiento de las cadenas de suministro.
En ese contexto, la guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá no representa únicamente un problema para las compañías que exportan o importan bienes. Por la magnitud del vínculo entre ambas economías, sus efectos pueden extenderse a los mercados financieros y las carteras de inversión.