El crecimiento de la producción de alfalfa durante la última campaña dejó planteado un desafío para el sector: encontrar destinos comerciales antes de que el exceso de oferta presione sobre los precios. El tema fue analizado el durante el Encuentro Alfalfero 2026, organizado por el Clúster Alfalfa Córdoba en el Campus Norte de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), donde productores, contratistas y asesores debatieron alternativas para diversificar el negocio y agregar valor a la producción.
La discusión surgió a partir de lo ocurrido en la última campaña, cuando el atractivo que generó la alfalfa llevó a numerosos productores a incorporarse o ampliar su participación en la actividad. Sin embargo, una parte de esa producción no contó con un destino comercial previamente definido. El resultado fue una mayor disponibilidad de rollos de alfalfa, que terminó impactando sobre los precios y reduciendo el margen esperado por los productores.
El escenario llevó a revisar no solamente las condiciones de la campaña pasada, sino también las estrategias que deberían adoptarse hacia adelante. Entre los participantes estuvieron Juan Lus, Alexis Isabettini, José Bertón, Miguel Duretti, Bruno Cofanelli y Rodrigo Bosch, quienes intercambiaron experiencias sobre producción, comercialización y alternativas para absorber eventuales excedentes.
Uno de los ejes del encuentro fue la posibilidad de que el problema vuelva a presentarse en las próximas campañas. La discusión también incorporó la incertidumbre climática, en particular ante la posibilidad de lluvias abundantes durante el próximo verano y las dificultades que puede generar un escenario asociado a un año Niño.
Al analizar el ciclo anterior, José Bertón la definió como una campaña compleja, que obligó a realizar ajustes y tomar decisiones para encauzar la producción forrajera. Pese a las dificultades, señaló que se pudieron alcanzar los objetivos planteados.
La experiencia de Alexis Isabettini estuvo vinculada con la administración de una sociedad familiar localizada en el norte de San Luis. Su análisis puso el foco en la necesidad de contar con una infraestructura capaz de acompañar un eventual crecimiento de la oferta y mencionó la posibilidad de avanzar hacia nuevas plantas de secado.
La incorporación de capacidad de procesamiento aparece así como una de las alternativas para modificar el destino de una parte de la producción y evitar que todo el volumen termine concentrado en el mercado de rollos.
El planteo adquiere especial relevancia cuando el productor decide la superficie a sembrar sin tener completamente definido el destino de la producción. En una actividad donde las condiciones climáticas pueden modificar los volúmenes obtenidos, contar con diferentes canales de comercialización y procesamiento puede convertirse en un factor para administrar el riesgo.
Juan Lus planteó durante el encuentro una mirada de más largo plazo. Para el especialista, lo sucedido con los excedentes de la campaña anterior no necesariamente debería interpretarse como un episodio aislado.
“Me parece que lo que ocurre no es coyuntural, se va a replicar y veo un porcentaje de la producción que termina en donde se pensaba destinar. El año Niño es desafiante pero aún no sabemos cómo se va a desarrollar y habrá que estar atentos e intervenir a partir de las previsiones que tengamos”, señaló Lus en declaraciones reproducidas por TodoAgro.
La advertencia apunta a una cuestión central para la actividad: la planificación comercial debería acompañar a la decisión productiva. Si el volumen de alfalfa aumenta por encima de la capacidad de absorción de los mercados habituales, la presión sobre los precios puede trasladarse directamente al resultado económico del productor.
En ese contexto, la búsqueda de destinos alternativos aparece como una herramienta para reducir la exposición a un único mercado. El desafío consiste en desarrollar opciones antes de que el excedente llegue al mercado y obligue a vender bajo condiciones menos favorables.
Lus también planteó la necesidad de encontrar usos eficientes para los volúmenes que no puedan colocarse en los destinos originalmente previstos. Esto adquiere particular importancia en el caso de las alfalfas de segunda, cuya producción puede requerir una estrategia comercial diferente.
La propuesta no consiste simplemente en producir más, sino en contar con distintas alternativas para procesar, transformar o comercializar el forraje de acuerdo con las condiciones de cada campaña.
Entre las herramientas mencionadas durante la jornada aparecieron las secadoras y vaporizadoras, que pueden contribuir a modificar las características del producto y ampliar las posibilidades de utilización.
“Con una secadora o una vaporizadora se pueden resolver algunas cosas pero tenemos que tener diversificación de riegos del negocio, alternativas eficientes para no caer en inesperados sobresaltos”, sostuvo Lus en declaraciones citadas por TodoAgro.
La incorporación de tecnología de procesamiento no elimina los riesgos vinculados con la producción, pero puede generar alternativas frente a un mercado saturado de rollos. La posibilidad de transformar parte del volumen producido permite pensar en una estrategia que no dependa exclusivamente de la venta de forraje en su presentación tradicional.
El planteo también involucra la necesidad de analizar los costos y la escala necesaria para que esas inversiones sean económicamente viables. Para los productores, la decisión de avanzar en infraestructura debe considerar tanto la disponibilidad de materia prima como los mercados capaces de absorber el producto procesado.
La diversificación, por lo tanto, no se limita a buscar nuevos compradores. También supone evaluar nuevas formas de acondicionamiento, procesamiento y comercialización que permitan agregar valor a la producción.
A las variables comerciales se agrega el componente climático. Durante el encuentro se discutió la posibilidad de un escenario de copiosas lluvias durante el próximo verano, un factor que puede modificar las condiciones productivas y sumar complejidad a la planificación.
Lus señaló que el comportamiento asociado al año Niño todavía presenta incertidumbres y que será necesario ajustar las decisiones a partir de las previsiones disponibles.
Para la actividad alfalfera, el clima tiene incidencia directa sobre la producción y sobre las posibilidades de realizar las tareas necesarias en el momento adecuado. Un escenario con mayores precipitaciones puede modificar los tiempos de corte, secado y acondicionamiento del forraje, además de alterar los volúmenes disponibles.
Por eso, la planificación para la próxima campaña requiere contemplar simultáneamente producción, clima, infraestructura y mercado. La posibilidad de obtener buenos rendimientos no garantiza por sí misma un resultado económico favorable si el volumen adicional no encuentra un destino rentable.
El debate desarrollado en el Encuentro Alfalfero 2026 refleja una preocupación que atraviesa a buena parte de la cadena: cómo aprovechar las oportunidades que ofrece la alfalfa sin generar una expansión de la oferta desconectada de la demanda.
La última campaña mostró que el aumento del interés por el cultivo puede traducirse rápidamente en una mayor disponibilidad de rollos. Cuando ese volumen supera la capacidad de absorción del mercado, los precios pueden ajustarse y modificar las expectativas económicas con las que se inició el ciclo productivo.
Por eso, uno de los principales desafíos hacia adelante será definir el destino de la producción antes de aumentar la superficie sembrada. Las experiencias compartidas por productores y especialistas durante el encuentro apuntaron a la necesidad de desarrollar una matriz con más opciones comerciales y productivas.
La incorporación de capacidad de secado, el uso de tecnologías de procesamiento y la búsqueda de nuevos destinos aparecen como algunas de las alternativas planteadas. A esto se suma el seguimiento de las condiciones climáticas para ajustar las decisiones a medida que avance la campaña.
La alfalfa continúa ofreciendo oportunidades para la producción forrajera, pero el escenario planteado durante la jornada muestra que el desafío no pasa únicamente por producir. También será necesario anticipar dónde colocar el volumen, cómo procesarlo y qué alternativas existen cuando el mercado tradicional no alcanza para absorber la oferta.