El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) reforzó durante septiembre la vigilancia sobre el picudo rojo de las palmeras en Entre Ríos, luego de que el insecto fuera detectado en agosto en un establecimiento rural próximo a Colonia Elía, en el departamento Uruguay. El operativo ya alcanzó a más de 480 sitios con palmeras en los departamentos Uruguay y Gualeguaychú y busca determinar si existen nuevos focos antes de que la plaga pueda establecerse y ampliar su dispersión en el territorio argentino.
La campaña de monitoreo se puso en marcha tras la primera detección de Rhynchophorus ferrugineus en Entre Ríos y forma parte de las acciones previstas dentro del plan de contingencia fitosanitaria. Los controles incluyen inspecciones visuales, relevamiento de ejemplares y georreferenciación de las palmeras para construir un mapa preciso de la situación sanitaria.
En las tareas participaron 24 agentes de la Dirección Nacional de Protección Vegetal y de los centros regionales Entre Ríos, Corrientes-Misiones, Metropolitano y Buenos Aires Norte. Los equipos recorrieron distintos establecimientos y espacios con presencia de palmeras para identificar signos que pudieran indicar la presencia del insecto.
La prioridad del organismo es establecer cuanto antes el alcance del foco detectado y evitar que ejemplares adultos o material vegetal infestado favorezcan una expansión hacia otras zonas. La estrategia combina vigilancia activa con restricciones para el movimiento de plantas y partes vegetales que puedan transportar la plaga,informo Bichos de Campo
El avance del picudo rojo sobre territorio argentino se produce después de que el insecto fuera detectado en Uruguay en 2022, primera confirmación de su presencia en Sudamérica. Desde entonces, el organismo se extendió por distintos departamentos uruguayos, incluidos algunos ubicados cerca de la frontera con Argentina.
El antecedente más próximo dentro del territorio nacional se produjo en enero de 2026, cuando la presencia del insecto fue confirmada en la isla Martín García, en la provincia de Buenos Aires.
La detección posterior en Entre Ríos incrementó la necesidad de vigilancia en una región con una importante presencia de palmeras en establecimientos rurales, espacios urbanos y áreas recreativas.
A fines de agosto, el Senasa amplió el área alcanzada por la Emergencia Fitosanitaria para incorporar a toda la provincia de Entre Ríos, además de mantener dentro de ese esquema a Buenos Aires. La vigencia de la emergencia fue extendida hasta el 30 de junio de 2028, de acuerdo con las medidas adoptadas por el organismo sanitario.
La declaración permite concentrar recursos en la detección temprana y establecer medidas destinadas a limitar la circulación de material vegetal que pueda convertirse en una vía de dispersión.
La vigilancia resulta especialmente relevante porque el insecto puede permanecer dentro de la palmera durante parte de su ciclo de desarrollo y, por lo tanto, no siempre resulta sencillo identificarlo a partir de una observación superficial.
Durante los relevamientos realizados en Entre Ríos, los técnicos inspeccionaron más de 480 sitios donde existen ejemplares de palmeras. Las tareas se concentraron principalmente en los departamentos Uruguay y Gualeguaychú, próximos al área donde se produjo la detección inicial.
El trabajo incluye la identificación de ejemplares, su ubicación geográfica y la evaluación de posibles daños. La información reunida permite al organismo sanitario conocer la distribución de las palmeras susceptibles y establecer prioridades para futuras inspecciones.
Uno de los objetivos centrales es diferenciar los daños provocados por el picudo rojo de aquellos ocasionados por otras enfermedades o plagas. Esa tarea resulta necesaria porque algunos síntomas pueden presentar características similares.
Una de las recorridas en Gualeguaychú dejó en evidencia esa dificultad. Los inspectores encontraron una palmera con daños importantes y decidieron revisarla y cortarla para determinar la causa. El análisis posterior estableció que no se trataba de Rhynchophorus ferrugineus, sino de Paysandisia archon, otra plaga que afecta a las palmeras.
El episodio permitió confirmar que la presencia de daños visibles no alcanza para determinar por sí sola la existencia del picudo rojo. Por eso, las sospechas deben ser verificadas mediante los procedimientos técnicos correspondientes.
El picudo rojo es considerado por el Senasa una de las principales amenazas para las palmeras debido a la forma en que se desarrolla dentro de la planta.
El daño más importante es provocado por las larvas, que se alimentan de los tejidos internos y construyen galerías dentro del tronco y de la base de las hojas. Como buena parte del ciclo ocurre en el interior de la palmera, la infestación puede avanzar antes de que aparezcan señales claramente visibles.
Los ejemplares adultos, además, tienen capacidad de vuelo y pueden desplazarse hacia otras plantas. Esa combinación de movilidad, reproducción y dificultad para detectar las primeras etapas de infestación convierte a la detección temprana en uno de los principales instrumentos para contener la plaga.
Entre los signos que pueden generar sospechas aparecen el decaimiento de la copa, la presencia de hojas centrales quebradas y alteraciones en la estructura de la planta. También pueden observarse galerías o capullos en sectores próximos a la base de las hojas.
Sin embargo, la identificación definitiva requiere la intervención de personal especializado. Por ese motivo, ante la aparición de síntomas compatibles, el Senasa recomienda no trasladar la planta ni sus partes.
La normativa vigente establece además que los ejemplares sospechosos, tanto vivos como muertos, no deben ser movilizados, debido al riesgo de trasladar huevos, larvas, pupas o adultos hacia nuevos lugares.
La preocupación sanitaria no se limita a las plantaciones comerciales o a los viveros. Las palmeras forman parte del arbolado urbano, parques, jardines, espacios públicos y áreas de valor histórico y cultural.
Por esa razón, la eventual expansión del picudo rojo podría tener consecuencias que excedan el ámbito estrictamente productivo. Una palmera infestada puede convertirse en un punto desde el cual el insecto se disperse hacia ejemplares ubicados en propiedades cercanas o espacios públicos.
La vigilancia desplegada por el Senasa busca precisamente detectar esos primeros focos y evitar que la población de la plaga aumente hasta alcanzar niveles que hagan más difícil su control.
El organismo también solicita la colaboración de propietarios, productores, municipios, viveristas y particulares. La detección de una palmera con signos compatibles debe ser comunicada a las autoridades sanitarias para que pueda realizarse una evaluación.
El criterio es especialmente importante en las zonas incluidas dentro de la emergencia fitosanitaria, donde la circulación de material vegetal está sujeta a medidas destinadas a reducir el riesgo de dispersión.
La inspección de más de 480 sitios constituye una primera etapa dentro del operativo desplegado tras la detección en Entre Ríos. El relevamiento permitirá determinar si el caso identificado cerca de Colonia Elía constituye un foco aislado o si existen otros ejemplares afectados en el área.
Para el Senasa, la diferencia es central a la hora de definir las próximas acciones. Cuanto antes se localicen eventuales ejemplares infestados, mayores son las posibilidades de evitar que el insecto se establezca y avance hacia nuevas zonas.
La presencia previa del picudo rojo en Uruguay y su detección en la isla Martín García muestran que la plaga ya cuenta con antecedentes regionales de dispersión. El foco entrerriano suma un nuevo punto de atención para las autoridades sanitarias.
Por ahora, el operativo se concentra en conocer la distribución de la plaga y contener su avance, con recorridas, vigilancia y controles sobre el movimiento de material vegetal. La participación de los propietarios de palmeras también resulta clave para detectar síntomas que puedan pasar inadvertidos durante las inspecciones rutinarias.
Ante una sospecha, la recomendación sanitaria es evitar cualquier traslado y realizar la denuncia correspondiente ante el Senasa. El objetivo es que una detección temprana permita intervenir antes de que el picudo rojo encuentre nuevas palmeras donde reproducirse y amplíe su presencia en el país.
La situación coloca a Entre Ríos en el centro de un esquema de vigilancia que continuará durante los próximos meses, mientras las autoridades buscan establecer con precisión hasta dónde llegó el insecto y qué medidas serán necesarias para limitar su dispersión.