El manejo del maíz será determinante para aprovechar las perspectivas de mayor disponibilidad de agua durante el período crítico del cultivo en la campaña 2026/27. El 19 de octubre de 2026, TodoAgro publicó las recomendaciones de Fernando Salvagiotti, investigador del INTA Oliveros y coordinador del programa Ecofisiología y Agroecosistemas del INTA, quien planteó la necesidad de revisar la fertilización, la densidad y la fecha de siembra según las características de cada lote.
El especialista vinculó las perspectivas de agua con la posibilidad de alcanzar buenos rendimientos, aunque aclaró que el potencial productivo debe acompañarse con decisiones de manejo adecuadas.
La estrategia propuesta comienza con el diagnóstico del suelo, continúa con la definición de la nutrición y requiere considerar el cultivo antecesor, el historial del lote y el momento en que se espera que ocurran la floración y el llenado de granos.
Las condiciones climáticas previstas constituyen un escenario posible, no una garantía de rendimiento. Por eso, el planteo técnico busca ajustar las decisiones agronómicas a la oferta ambiental y a las necesidades específicas de cada establecimiento.
La disponibilidad hídrica durante el período crítico tiene relevancia para la definición del rendimiento. Según el análisis difundido por TodoAgro, las perspectivas para los meses siguientes contemplaban una mayor oferta de agua durante esa etapa.
Para los maíces sembrados en septiembre, la floración se ubicaría durante la primera quincena de diciembre. Si se cumplieran las previsiones climáticas, el cultivo podría disponer de condiciones favorables para definir su rendimiento.
Sin embargo, el escenario no elimina todos los riesgos. Salvagiotti advirtió que enero puede presentar un balance hídrico menos favorable y temperaturas elevadas, factores que pueden afectar el peso final del grano.
En consecuencia, el manejo debe contemplar el ciclo completo y no concentrarse únicamente en la disponibilidad de agua prevista para la floración.
La fertilización nitrogenada ocupa un lugar central en la estrategia planteada por el INTA. Una expectativa de rendimiento más alta puede justificar una inversión tecnológica mayor, pero la dosis debe definirse a partir de información del suelo y de las necesidades del cultivo.
Salvagiotti explicó: “Es importante salir a muestrear el suelo, ver cuánto tenemos y, en base a eso, diagnosticar la dosis”.
El muestreo permite conocer la disponibilidad de nutrientes antes de determinar cuánto fertilizante aplicar. La decisión también debe considerar los antecedentes productivos del lote y el manejo realizado en campañas anteriores.
Los lotes con mejores antecedentes de manejo y rotaciones pueden ofrecer una expectativa de rendimiento y una estabilidad productiva mayores. Aun así, el diagnóstico particular sigue siendo necesario para evitar decisiones basadas únicamente en un rendimiento esperado.
Además del nitrógeno, el especialista señaló la importancia de revisar posibles deficiencias de otros nutrientes:
Fósforo: evaluar su disponibilidad en el suelo.
Azufre: detectar posibles limitaciones nutricionales.
Boro y zinc: considerar su disponibilidad y las necesidades del cultivo.
El cultivo antecesor también influye en la cantidad de nitrógeno disponible al momento de la siembra. Por eso, la fertilización debe definirse en función de la combinación de factores que presenta cada lote.
La densidad de plantas y el momento de implantación forman parte de las decisiones que pueden acompañar el potencial productivo del ambiente.
La recomendación general del especialista es ajustar ambas variables a las características del lote y a la expectativa de rendimiento, en lugar de aplicar una estrategia uniforme a todos los ambientes.
El objetivo es coordinar la implantación, la nutrición y el desarrollo del cultivo con la disponibilidad de recursos. Las decisiones deben tener en cuenta tanto las condiciones iniciales como los riesgos que pueden aparecer durante las etapas reproductivas.
En ese sentido, una mayor oferta de agua prevista no implica que todos los lotes respondan de la misma manera. El historial de manejo, las rotaciones y la disponibilidad de nutrientes siguen siendo factores relevantes para definir la estrategia.
El calendario de desarrollo ayuda a dimensionar la importancia de las perspectivas climáticas.
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Etapa del cultivo |
Referencia indicada por el INTA |
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Floración de maíces sembrados en septiembre |
Primera quincena de diciembre |
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Llenado de granos |
Enero |
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Riesgos señalados para enero |
Balance hídrico menos favorable y temperaturas elevadas |
Si las perspectivas se concretan, la disponibilidad de agua durante la floración podría favorecer la definición del rendimiento. En cambio, las condiciones de enero podrían limitar el peso del grano.
Por eso, la planificación debe considerar tanto la oportunidad que ofrece el ambiente como la posibilidad de que aparezcan restricciones durante el llenado.
Salvagiotti resumió el escenario con una expectativa favorable de producción, aunque supeditada al manejo: “Creo que es un año muy bueno para poder esperar alto rendimiento del maíz, en el cual el manejo tecnológico va a ser central para poder aprovechar esa oferta que tenemos de ambiente”.
La conclusión técnica es que la disponibilidad de agua prevista debe traducirse en decisiones concretas de fertilización, densidad y fecha de siembra. El resultado final dependerá de cómo interactúen esas decisiones con las condiciones ambientales que efectivamente atraviese el cultivo.