a aplicación de las rutinas higiénicas en la producción de leche, principalmente en el proceso de ordeño, son sin duda las claves del éxito.
Cuando se empezó a tomar conciencia de la importancia económica de la calidad de la leche, tanto higiénica como sanitaria, y se comenzó a tratar la problemática de la mastitis en los tambos de forma poblacional, los planes de control se enfocaron especialmente en la prevención más que en medidas curativas de casos clínicos.
En los últimos años, pese a tener un paquete tecnológico mucho más moderno y eficiente, sobre todo en lo que respecta al uso de desinfectantes y antibióticos, se observó una regresión en la salud de las ubres, lo que hizo que aumentara significativamente el conteo de células somáticas sobre los valores de referencia. En parte, esta regresión se explica por la falta de actualización en las instalaciones de ordeño, así como por el deterioro y mal funcionamiento de los equipos.
La mayoría de los tambos no solo han crecido en el número de vacas, sino que también han aumentado significativamente sus producciones individuales debido a las modificaciones en la estrategia de nutrición. Al no actualizarse los equipos, los rodeos se ordeñan de manera ineficiente, deteriorándose la salud de las ubres y aumentando significativamente el tiempo de ordeño, lo que genera pérdidas en la producción y en el bienestar de los animales.
El equipo de ordeño tiene la función de recolectar la leche que la glándula mamaria libera principalmente por la función de una hormona llamada oxitocina, que baja al torrente sanguíneo de la ubre como consecuencia de la estimulación previa al ordeño. Sin esta estimulación la leche quedará retenida en los tejidos superiores de la ubre sin posibilidad de ser recolectada por la pezonera.
Para generar esta situación de equilibrio, el equipo debe funcionar correctamente. Existen tres aspectos básicos que definen la eficiencia del ordeño:
1- Nivel de vacío en la punta del pezón.
2- Estabilidad de la curva de pulsado.
3- Frecuencia de la relación mensaje/ordeño.
Si estos puntos no funcionan dentro de los parámetros aceptados como referencia, el estímulo de la vaca no será bueno, el pezón sufriría falta o exceso de vacío dañando sus tejidos, y la extracción de leche no será eficiente.
El bajo rendimiento en el proceso de ordeño incidirá en la curva de lactancia de los animales, generando significativas mermas de producción.
Las caídas y los deslizamientos de las pezoneras generan entradas de aire, afectando la estabilidad de vacío en la punta del pezón y dejando ingresar gérmenes patógenos que generan mastitis.
Los animales que no son ordeñados en el tiempo correcto y tienen los pezones afectados no se sienten cómodos en el brete, comienzan a inquietarse y tratan de desprenderse de la unidad de ordeño, afectando la armonía de todo el brete, la rutina y el confort animal.
El funcionamiento de la pezonera es clave para tener un ordeño eficiente y cuidar la salud de las ubres. Es una pieza de goma que se mueve rítmicamente permitiendo el ordeño. Son piezas que tienen la capacidad de resiliencia, es decir, luego del colapso que genera el masaje, vuelve a su posición normal que posibilita el ordeño. Tienen una vida útil de 2.500 ordeños y deben ser reemplazados cuando se cumple ese plazo. Si los cambios se prolongan pierden flexibilidad, deteriorando la salud del esfínter y aumentando el tiempo de ordeño.
Con respecto a la calidad higiénica de la leche, se mide con el conteo de unidades formadoras de colonias (UFC), que no son ni más ni menos que las bacterias que están en el ambiente y crecen dentro del equipo cuando no se encuentra bien lavado y desinfectado.
Dichos gérmenes se reproducen en presencia de restos de leche y son arrastrados por la misma en el proceso de ordeño, contaminando la leche del tanque. Los equipos tienen un sistema de lavado automático, pero para que este sistema sea eficiente, además de utilizar buenos detergentes y bien dosificados, la máquina y el tanque se tienen que lavar bien.
Los componentes de la máquina tienen una determinada vida útil y deben reemplazarse periódicamente: las pezoneras cada 2.500 ordeños; las membranas de los pulsadores cada 4.000 horas; y las paletas de la bomba de vacío cada 8.000 horas.
En la medida en que los rodeos aumentan su producción de leche, las vacas están más expuestas a contraer mastitis. Los equipos utilizados para ordeñar eficientemente a estos animales no solo deben estar bien diseñados y poseer la tecnología adecuada, sino que también deben ser bien mantenidos. Un equipo debe funcionar igual los 365 días del año. Para ello, debe plantearse un programa de mantenimiento preventivo que asegure el cambio periódico de los repuestos críticos y funcione bajo estándares internacionales.