n los últimos años, la producción de vacunos ha sufrido el recrudecimiento de una vieja ectoparasitosis como es la sarna. La intensificación de los sistemas, apoyada en el incremento de la carga animal en pastoreos y los encierres para engorde a corral, ha favorecido la transmisión del ácaro Psoroptes bovis que produce la sarna común del bovino.
En este contexto, los consultores César Fiel y Pedro Steffan aseguran que el contacto entre animales ha contribuido a que el ácaro se difunda rápidamente durante el otoño y el invierno.
“La baja del consumo, las pérdidas de proteína por las lesiones dérmicas y las enfermedades asociadas son responsables de mermas productivas que pueden llegar a los 40-50 kilos en feedlot o los 10-20 kilos en pastoreo en 4-8 semanas de curso clínico de la parasitosis. Esto ha motivado consultas permanentes de veterinarios y ganaderos, quienes describen la gravedad de los cuadros clínicos y, especialmente, la falla en los tratamientos con productos inyectables”, comentan Fiel y Steffan.
El pequeño ácaro vive siempre en la piel del vacuno, presumiendo ser un blanco muy accesible para a los antisárnicos. Sin embargo, la piel también asegura una temperatura y alimentación adecuada para que la infestación progrese rápidamente.
“El ciclo de vida lo completa entre diez y doce días, por lo que en ocho semanas de curso clínico se producen entre cinco y seis generaciones sucesivas del parásito; esto se traduce en lesiones masivas de la piel del dorso, flancos y pecho de los animales”, explican los consultores.
De acuerdo con Fiel y Steffan, los antisárnicos disponibles en el mercado deben superar una rigurosa prueba (100% de eficacia) auditada por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa). “Tradicionalmente, se han utilizado formulaciones y principios activos para baños de inmersión o aspersión. Sin embargo, la falta de bañaderos y de equipos de aspersión apropiados han condicionado seriamente su aplicación en la práctica”, expresan.
“Por ello, y también por la alta eficacia y practicidad, los ganaderos se han volcado masivamente a los endectocidas inyectables, derivados de las avermectinas y/o milbemicinas. Estos compuestos registrados por Senasa deben eliminar la sarna de los animales. Entonces, ¿por qué hay tanta dificultad para curar la sarna?”, agregan.
Según los consultores, algunas de las razones son:
- Diagnóstico incorrecto. Muchas veces se confunde la sarna con piojera, a pesar de que la primera produce lesiones “húmedas”, costrosas y con mayor compromiso de la piel que los piojos, mientras que éstos se caracterizan por depilaciones secas y pérdida de pelo por rascado.
- Desparasitar la tropa completa. basta con que un solo animal quede sin dosificar para que el tratamiento fracase, ya que éste se convierte en fuente de infección del resto, con la reaparición de casos clínicos a las pocas semanas de realizado el tratamiento.
- Ajuste incorrecto de la dosis. La subdosificación atenta directamente contra la eficacia del producto. Un solo tratamiento debe curar a los animales.
Tal como indican los especialistas, lo importante es no mezclar tropas hasta dos semanas después de la aplicación de los productos al uno por ciento y cuatro semanas para los de alta concentración, debido a que la eficacia absoluta se alcanza poco antes de los catorce días pos tratamiento para los primeros y entre los 21 y 28 días para los de alta concentración.
“La sarna de los bovinos se puede prevenir y hasta erradicar en los establecimientos ganaderos si se implementa un programa basado en antisárnicos y el manejo apropiado de los animales tratados”, comentan.
Finalmente, recomiendan tener en cuenta que la sarna no se trasmite entre ovinos y vacunos; que las piojeras también provocan prurito y rascado, y no son completamente alcanzadas por los inyectables; y que los animales ajenos al sistema deberían desparasitarse y estar aislados durante dos semanas antes de incorporarlos al rodeo.