La producción de búfalos bajo sistemas de pastoreo rotativo comienza a consolidarse como una alternativa sustentable en el norte argentino, a partir de experiencias como la del productor y médico veterinario Martín Alonso, quien desarrolla este modelo en la localidad de Selvas de Río de Oro, en el departamento General San Martín, Chaco. El caso, difundido por Agroperfiles, cobra relevancia en el contexto actual por su enfoque en el bienestar animal, el manejo eficiente del suelo y la diversificación productiva, en una región donde la ganadería tradicional enfrenta desafíos ambientales y económicos.
Alonso inició su emprendimiento hace apenas dos años, pero asegura que la especie le permitió avanzar rápidamente en el aprendizaje y la implementación de prácticas innovadoras. “No creí que esta especie era tan manejable”, afirmó en diálogo con Agroperfiles, al describir su experiencia con la producción bubalina.

El sistema que impulsa se basa en el pastoreo racional, con el uso de electrificadores para dividir los potreros en parcelas pequeñas, lo que permite un control más preciso del consumo forrajero y favorece la regeneración del suelo. Según explicó, esta metodología no es improvisada, sino que surge de la adaptación de técnicas que ya aplicaba previamente en otros esquemas productivos. “Nosotros ya veníamos haciendo pastoreo racional con uso de electrificador y tenemos muy presente el bienestar animal”, detalló.
Uno de los aspectos que más destaca el productor es la docilidad de los animales cuando son manejados adecuadamente. A diferencia de los sistemas tradicionales, en su establecimiento no utiliza perros para el arreo. “No usamos perros. Tenemos, pero no para trabajar. En nuestro sistema no hacen falta”, explicó, al tiempo que subrayó la importancia del trato en la productividad: “Todo animal, para que sea productivo, hay que tratarlo bien”.
El cambio de manejo se puso a prueba con animales provenientes de ambientes muy distintos. Alonso relató que incorporó búfalas desde los Esteros del Iberá, acostumbradas a condiciones extensivas y con abundante presencia de agua, y las adaptó a un sistema de parcelas reducidas. “No entendían nada al principio”, reconoció, aunque destacó que con el uso del electrificador “responden de manera impresionante”.
A pesar de su corta trayectoria, el productor resalta las ventajas de la especie. “Es muy fuerte, muy inteligente y si lo manejas bien, te da resultados”, sostuvo. En ese sentido, cuestionó ciertos prejuicios arraigados en el sector ganadero: “Muchos dicen que el búfalo es para campos malos, pero en realidad no hay campos malos, hay malos manejos”.
El modelo productivo también incorpora herramientas vinculadas a la sustentabilidad y la medición de resultados. Alonso explicó que comenzó a registrar datos de producción y a trabajar en esquemas asociados a bonos de carbono, lo que podría representar un valor agregado en el futuro. “Empezamos a medir lo que producimos, a cuidar el suelo y estamos en sistemas de bonos de carbono. Eso en algún momento va a ser un plus”, afirmó.
En paralelo, uno de los desafíos principales para el crecimiento de la actividad es la aceptación de la carne de búfalo en el mercado interno. Según el productor, se trata de un producto con excelentes cualidades nutricionales, aunque aún enfrenta barreras culturales. “La carne es excelente, pero falta que la gente la conozca”, indicó.
Entre las características que diferencian a este tipo de carne, destacó su bajo contenido graso y su alto nivel de hierro. Sin embargo, explicó que este último atributo puede jugar en contra desde el punto de vista comercial. “Cuando la carne queda oscura, muchos piensan que es vieja, pero en realidad es por el alto contenido de hierro”, señaló.
Actualmente, la comercialización de carne bubalina aún es incipiente. Alonso mencionó que en algunos supermercados ya se ofrece el producto, aunque muchas veces se comercializa como carne vacuna, lo que limita su posicionamiento. “Estaría bueno que uno vaya y diga ‘estoy comprando búfalo’”, planteó.
En cuanto al desarrollo del sector en el Chaco, el productor consideró que existen condiciones favorables, aunque remarcó la necesidad de mayor difusión y acompañamiento institucional. “Falta que la gente se anime y que haya más promoción”, afirmó, y agregó que sería importante articular con entidades que impulsen este tipo de producción.
También hizo hincapié en la capacitación como factor clave para el éxito. “Si se hace mal, pierde el estímulo. Hay que empezar de a poco y conocer la especie”, recomendó, especialmente para quienes buscan iniciarse en la actividad.
A pesar de los desafíos, el mercado comienza a mostrar señales positivas. “Ya hay frigoríficos que te llaman y te dicen cuando tengas, avísame”, comentó, aunque advirtió que todavía falta consolidar canales de comercialización más visibles para el consumidor.
La difusión de su experiencia también tuvo un rol clave en la expansión del interés por la actividad. Alonso comenzó a compartir contenidos en redes sociales y rápidamente captó la atención de otros productores. “Vino gente a visitarme y a conocer el sistema. A mí me gusta mostrar lo que hago”, explicó.
En ese sentido, valoró el rol de los medios especializados en la difusión de este tipo de iniciativas. “Son pocos los que difunden este tipo de manejo y por eso agradezco a Agroperfiles”, expresó.
De cara al futuro, el productor se mostró optimista sobre el crecimiento de la ganadería bubalina en el país. Considera que, con mayor visibilidad y adopción de buenas prácticas, el sistema puede expandirse y consolidarse como una alternativa viable dentro del esquema productivo nacional.
“Con el trabajo de todos esto va a crecer. Ojalá seamos más productores y podamos seguir mostrando lo que hacemos”, concluyó Alonso.