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De un sueño adolescente a liderar 1.000 hectáreas hortícolas

Desde distintas regiones del país, Marina Lambertini impulsa una red productiva basada en tecnología, trazabilidad y capacitación

De un sueño adolescente a liderar 1.000 hectáreas hortícolas
jueves 04 de junio de 2026

La ingeniera agrónoma Marina Lambertini coordina actualmente unas 1.000 hectáreas de producción hortícola distribuidas en distintas regiones de Argentina. Su trabajo consiste en desarrollar productores, incorporar tecnología, mejorar la trazabilidad y garantizar el abastecimiento de verduras frescas durante todo el año. Según informó el diario La Nación en una nota de la periodista Belkis Martínez, su historia combina vocación, innovación y una apuesta constante por profesionalizar uno de los sectores más desafiantes del agro argentino.

La pasión de Lambertini por el campo comenzó cuando tenía apenas 13 años. Aunque provenía de una familia sin tradición agropecuaria, la compra de un establecimiento ganadero por parte de su padre despertó una curiosidad que terminaría definiendo su futuro profesional. Lo que más la fascinaba no eran los animales, sino el trabajo del ingeniero agrónomo que asesoraba el campo.

Tras graduarse como ingeniera agrónoma en la Universidad de Buenos Aires, orientó su carrera hacia la horticultura, una actividad que en aquellos años comenzaba a transformarse gracias a la expansión de los invernaderos y las nuevas tecnologías de producción.

De un sueño adolescente a liderar 1.000 hectáreas hortícolas

Sus primeros años profesionales transcurrieron en el establecimiento familiar de General Madariaga, donde comenzó a desarrollar cultivos hortícolas y a experimentar con distintas técnicas productivas. Esa experiencia le permitió combinar los conocimientos académicos con la práctica diaria en el campo.

Con el paso de los años trabajó en distintas empresas vinculadas al sector hasta incorporarse a proyectos especializados en la producción y abastecimiento de vegetales frescos. Hoy coordina una red de productores que abastecen a supermercados, restaurantes, hoteles y comercios de todo el país.

La producción que supervisa se distribuye estratégicamente según las condiciones climáticas de cada región. Durante el verano, gran parte de la actividad se concentra en Mar del Plata. En invierno, la producción se traslada a invernaderos de la provincia de Buenos Aires y a establecimientos ubicados en Bella Vista, Corrientes. También trabaja con productores en Mendoza y explora nuevas oportunidades en la Patagonia, especialmente en Chubut y Neuquén.

De un sueño adolescente a liderar 1.000 hectáreas hortícolas

Según explicó Lambertini, las verduras de hoja presentan un desafío particular debido a su corta vida útil. "Las verduras de hoja son extremadamente perecederas. Todos los días tienen que entrar los camiones con verduras frescas y seguras", señaló según informó La Nación.

Su tarea no se limita a la producción. También participa en la selección de semillas, el análisis de suelos, el acompañamiento técnico de los productores y el desarrollo de sistemas de trazabilidad que permiten seguir cada producto desde el campo hasta el consumidor final.

Uno de los aspectos que más destaca es la necesidad de profesionalizar la horticultura argentina. Actualmente trabaja con entre 10 y 12 productores permanentes, aunque en algunas regiones el número puede superar los 15 establecimientos.

"La horticultura en Argentina es muy informal. Hay productores que ni siquiera están inscriptos. Nosotros buscamos desarrollar otra forma de trabajar, compartiendo conocimientos, tecnología y trazabilidad", afirmó Lambertini según consignó La Nación.

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Otro eje central de su trabajo son las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) y el uso responsable de insumos. La ingeniera sostiene que la producción moderna debe combinar eficiencia, seguridad alimentaria y sostenibilidad ambiental.

Sin embargo, también advierte sobre los desafíos que enfrenta el sector. Entre ellos menciona la falta de financiamiento, las dificultades para incorporar maquinaria moderna y la creciente escasez de mano de obra especializada.

Según explicó, buena parte de la producción hortícola argentina continúa dependiendo de tareas manuales que demandan mucho tiempo y esfuerzo físico. En ese contexto, considera que la mecanización puede convertirse en una herramienta clave para mejorar la competitividad y la productividad.

De un sueño adolescente a liderar 1.000 hectáreas hortícolas

A pesar de las dificultades, Lambertini mantiene una visión optimista sobre el futuro de la horticultura argentina. Destaca las ventajas climáticas del país, la diversidad de regiones productivas y el potencial para incorporar tecnología e innovación en toda la cadena de valor.

Su historia refleja cómo la combinación de conocimiento técnico, experiencia en el territorio y trabajo conjunto con los productores puede impulsar cambios significativos en una actividad fundamental para la alimentación y el desarrollo agroindustrial argentino.



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