El arquitecto argentino Máximo Tettamanzi desarrolló junto a la arquitecta Alyina Ahmed una tecnología que permite fabricar ladrillos utilizando arena del desierto, un material históricamente descartado para la construcción. La iniciativa nació durante una investigación académica en Londres, evolucionó hacia una empresa sustentable en Dubái y actualmente genera una facturación anual de entre seis y siete cifras.
Según informó La Nación, en una nota de Manuela Viñales, el proyecto surgió a partir de una pregunta que parecía simple: ¿por qué los Emiratos Árabes Unidos importan arena para construir si gran parte de su territorio está cubierto por desiertos?

La respuesta estaba en las características físicas del material. La arena del desierto posee partículas redondeadas por la erosión del viento, lo que dificulta su adherencia al cemento. Por ese motivo, durante décadas fue considerada inadecuada para la fabricación de hormigón y otros materiales constructivos.
Frente a ese desafío, Tettamanzi y Ahmed comenzaron una investigación para desarrollar una fórmula capaz de estabilizar la mezcla. Con una inversión inicial de apenas US$8.000, obtenida mediante subsidios, iniciaron una serie de pruebas para transformar un recurso abundante en una alternativa viable para la construcción.

El punto de inflexión llegó durante la pandemia. Mientras cumplía el confinamiento en Dubái, Ahmed instaló un laboratorio improvisado en el garaje de su casa y continuó experimentando con arena obtenida en su propio jardín. Finalmente logró una combinación que permitió estabilizar la mezcla y alcanzar niveles de resistencia compatibles con los estándares de la industria.
El desarrollo no solo resolvió un problema técnico. También aportó una solución ambiental. La nueva fórmula permite reducir hasta un 50% el uso de cemento, uno de los materiales con mayor impacto en las emisiones globales de carbono. Además, elimina la necesidad de importar arena desde otros países, reduciendo costos logísticos y el impacto asociado al transporte.

Tras validar el producto en laboratorios especializados, los emprendedores decidieron convertir la investigación en un negocio. Aplicaron a programas de aceleración, incubadoras y exposiciones internacionales, donde obtuvieron una recepción positiva que confirmó el potencial comercial de la innovación.
En 2022 fundaron ARDH Collective, una empresa enfocada en el desarrollo de materiales sustentables para la construcción y el diseño. El nombre combina la palabra árabe "ardh", que significa tierra, con una visión colectiva de innovación aplicada a recursos locales.

La compañía amplió luego su propuesta incorporando otro material sostenible. Junto a Alhaan Ahmed, hermano de Alyina, desarrollaron paneles elaborados a partir de carozos de dátiles reciclados, un residuo abundante en Emiratos Árabes Unidos. El producto puede utilizarse como revestimiento o superficie para mobiliario.
La consolidación del proyecto llegó con su participación en la Dubai Design Week, una de las principales exposiciones de diseño de Medio Oriente. Allí presentaron por primera vez ladrillos decorativos fabricados con arena del desierto, destinados principalmente a fachadas arquitectónicas.

Estos ladrillos permiten generar patrones geométricos que filtran la luz y aportan privacidad, combinando funcionalidad, estética y sustentabilidad. La repercusión fue inmediata y posicionó a la empresa dentro del ecosistema innovador de la región.
Actualmente, los fundadores consideran que el potencial de la tecnología va mucho más allá de los ladrillos decorativos. El próximo objetivo es validar nuevas aplicaciones estructurales mediante alianzas con ingenieros y consultoras especializadas.
Según explicó Tettamanzi a La Nación, la iniciativa busca demostrar que la innovación puede surgir a partir de recursos disponibles localmente y que otras regiones del mundo podrían desarrollar soluciones similares para reducir la huella ambiental de la construcción.
Cinco años después de sus primeras pruebas, el emprendimiento pasó de generar ingresos modestos a convertirse en una operación con facturación anual de entre seis y siete cifras. Aunque no descartan una expansión internacional, la prioridad actual es consolidar su presencia en Dubái y en otros emiratos de la región.
