Martín Macías, gerente de Avellanas del Valle, llegó al Valle de Viedma en 2003 para desarrollar un proyecto de producción de trufas negras que finalmente no prosperó. Más de dos décadas después, transformó aquella experiencia en un emprendimiento dedicado al cultivo de avellanas que alcanza rindes de hasta 4.000 kilos por hectárea y abastece a la industria chocolatera, consolidando a Río Negro como una región con potencial para este fruto seco.
Lo que comenzó como una apuesta vinculada a la producción de trufas terminó convirtiéndose en uno de los proyectos más representativos del cultivo de avellanos en la Patagonia. La iniciativa arrancó con la compra de una chacra de 30 hectáreas y la instalación de infraestructura especializada para la producción de plantines inoculados. Sin embargo, las condiciones de riego disponibles en aquel momento no permitieron desarrollar la actividad prevista y obligaron a replantear el negocio.

La reconversión llegó en 2009 con las primeras plantaciones de avellanos. Posteriormente se incorporaron nuevas superficies en distintas etapas hasta alcanzar unas 18 hectáreas implantadas. El desarrollo productivo siguió el esquema técnico impulsado para abastecer a la industria chocolatera, con variedades seleccionadas y sistemas de polinización orientados a maximizar los rendimientos.
Según explicó Macías, la clave del cultivo está en lograr una adecuada cobertura foliar y un manejo agronómico preciso. Las plantas atraviesan procesos sensibles durante la floración y fecundación, especialmente frente a fenómenos climáticos como heladas tardías o vientos cálidos, factores que pueden afectar directamente la producción de cada campaña.
A pesar de esas dificultades, los resultados obtenidos en el establecimiento fueron destacados. En algunas temporadas se alcanzaron rindes cercanos a los 4.000 kilos por hectárea, mientras que durante la última campaña el promedio se ubicó alrededor de los 3.500 kilos por hectárea.

La avellana es un producto con fuerte inserción internacional y su valor depende en gran medida de la producción mundial liderada por Turquía. Las variaciones climáticas registradas durante los últimos años impactaron sobre la oferta global y favorecieron una mejora significativa de los precios internacionales. En determinados momentos, el valor de la avellana llegó a ubicarse cerca de los seis dólares por kilo, muy por encima de los niveles históricos.
Uno de los aspectos distintivos de Avellanas del Valle es la incorporación de tecnología desarrollada dentro del propio establecimiento. Parte de la maquinaria utilizada para clasificar, descascarar y procesar la producción fue diseñada especialmente para adaptarse a las necesidades del emprendimiento, permitiendo mejorar la eficiencia y agregar valor a la cosecha.

Durante los primeros años, cuando los volúmenes eran reducidos, la empresa también avanzó en la elaboración de productos con valor agregado. Experimentó con avellanas tostadas, chocolates y distintas presentaciones destinadas al mercado gourmet. Con el crecimiento de la producción, la estrategia se concentró en el abastecimiento de empresas chocolateras, actividad que actualmente representa el eje principal del negocio.
El empresario considera que el potencial de crecimiento del cultivo en el Valle de Viedma sigue siendo importante. La llegada de nuevas inversiones y el desarrollo de servicios especializados podrían impulsar una mayor expansión de la actividad y fortalecer toda la cadena productiva regional.

Después de más de veinte años de trabajo en la Patagonia, la historia de Macías refleja cómo un proyecto inicial que no logró consolidarse abrió la puerta a una oportunidad diferente. Lo que comenzó como una apuesta por las trufas terminó convirtiéndose en una empresa dedicada a uno de los frutos secos más demandados por la industria chocolatera mundial.