Un terreno heredado, una tradición familiar y una visión de largo plazo dieron origen a María Manuela, un proyecto que combina vitivinicultura, producción de vino y enoturismo. Ubicado en O Boqueixón, cerca de Santiago de Compostela, el emprendimiento nació a partir de una parcela familiar y hoy reúne un viñedo, una bodega y alojamientos rurales integrados al paisaje.
El proyecto fue impulsado por Nieves Millán y su esposo, Moisés Rodríguez, quienes decidieron transformar la tierra trabajada durante décadas por la madre y la abuela de Nieves en una iniciativa que preserva el legado familiar y genera valor a través del turismo y la producción de vino.
Actualmente, el predio cuenta con siete hectáreas de viñedos, una bodega dedicada a la elaboración de albariño y nueve cabañas construidas en medio de un bosque de robles, pensadas para quienes buscan una experiencia de descanso vinculada con la naturaleza.
La propuesta integra tres actividades complementarias: el cultivo de la uva, la elaboración del vino y el alojamiento turístico. Ese modelo permitió diversificar el emprendimiento y convertirlo en una experiencia que acompaña todo el proceso, desde el viñedo hasta la copa.
La producción apuesta por la calidad antes que por el volumen. Aunque la bodega posee capacidad para elaborar unas 50.000 botellas al año, actualmente produce alrededor de 7.500 unidades mediante un proceso de mínima intervención y una crianza prolongada sobre lías, con el objetivo de preservar las características del albariño.
El desarrollo turístico surgió a partir de una decisión empresarial que modificó el rumbo del proyecto. Inicialmente, parte del terreno estaba destinado a la explotación forestal, pero tras conocer otras experiencias de alojamiento en plena naturaleza, la familia decidió conservar el bosque y construir las cabañas, que hoy forman parte de la identidad del establecimiento.
La historia familiar también quedó reflejada en la imagen de la marca. Blanca, hija de los fundadores, diseñó la identidad visual luego de varios meses de trabajo. La etiqueta reúne elementos que representan a las cuatro generaciones de la familia: el peinado y las gafas que caracterizaban a María y Manuela, hojas de roble que evocan el entorno natural y racimos de uva como símbolo del origen del proyecto.
Más que una bodega, María Manuela representa una propuesta que une tradición, innovación y turismo sostenible, demostrando cómo una herencia familiar puede transformarse en un emprendimiento con identidad propia y proyección a largo plazo.