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De contador a productor de frutillas: el emprendimiento familiar

Una familia de profesionales recuperó su chacra en Misiones y ya produce frutillas con 24 invernaderos y 110.000 plantas

De contador a productor de frutillas: el emprendimiento familiar
domingo 09 de agosto de 2026

En Loreto, Misiones, una familia de profesionales transformó una chacra familiar en un emprendimiento dedicado a la producción de frutillas. El proyecto comenzó durante la pandemia, cuando Nicolás Rolón y sus seis hermanos decidieron recuperar la actividad productiva, y actualmente cuenta con 24 invernaderos y cerca de 110.000 plantas. Según informó Bichos de Campo, el establecimiento abastece principalmente al mercado interno de la provincia.

Rolón es contador público, al igual que varios de sus hermanos, pero durante el aislamiento por el Covid-19 encontraron en el campo una alternativa para retomar una actividad que ya tenía antecedentes dentro de la familia.

“Empezamos porque estábamos parados por la pandemia. Somos distintos profesionales, pero en su mayoría contadores y no teníamos nada para hacer”, recordó Rolón en diálogo con Bichos de Campo.

La relación de la familia con las frutillas tampoco era nueva. Su padre había probado con el cultivo a campo hasta 2008. A partir de aquella experiencia, los hermanos decidieron recuperar la chacra y adaptar el proyecto a un modelo de producción diferente.

De contador a productor de frutillas: el emprendimiento familiar

El emprendimiento fue bautizado “Ale Ale”, en homenaje a su madre, Alejandra. “Es un reconocimiento a que ella es la base de todos los que vinimos después”, explicó Rolón.

El establecimiento comenzó con apenas dos invernaderos. Con el paso del tiempo, la familia reinvirtió para ampliar la superficie productiva hasta alcanzar las 24 estructuras que tiene actualmente.

Cada invernadero mide 14 metros de ancho por 50 metros de largo y, en conjunto, permiten sostener una producción cercana a las 110.000 plantas de frutilla.

Uno de los cambios más importantes fue la incorporación de un sistema semihidropónico, una alternativa que permitió superar las limitaciones del suelo de la chacra y mejorar las condiciones de trabajo.

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“Nuestra tierra en la chacra no es óptima para el cultivo en tierra porque tiene mucha piedra y ahí apareció este sistema como una alternativa para la producción”, señaló Rolón.

Las plantas crecen sobre un sustrato inerte compuesto por 60% de cáscara de arroz, 25% de turba rubia y 15% de perlita. El sistema permite sostener las raíces y facilita las tareas de manejo y limpieza.

Para la familia, la semihidroponía también representa una mejora en las condiciones laborales. “Es más amigable y saludable con la gente que trabaja, uno no tiene que estar agachado y cuida el cuerpo”, explicó el productor.

Los plantines utilizados en “Ale Ale” llegan principalmente desde Bariloche y El Bolsón. Cada año, la familia renueva entre el 15% y el 20% de las plantas y retira aquellas que alcanzaron tres años de producción.

De contador a productor de frutillas: el emprendimiento familiar

La variedad principal es San Andreas, elegida por su adaptación al clima subtropical de Misiones. Este año, además, comenzaron a experimentar con Marisma, que hasta el momento presenta buenos resultados.

El objetivo es mantener la producción durante nueve o diez meses al año, aunque las condiciones climáticas pueden modificar el calendario. El ciclo anterior se extendió de marzo a diciembre, con una pausa durante los meses de verano debido a las altas temperaturas.

“Este año arrancamos un poco más tarde por el clima y ahora nos viene castigando un poco la falta de sol”, contó Rolón.

La producción se destina principalmente al mercado interno de Misiones. La familia abastece a reposterías, supermercados y algunos mayoristas mediante una distribución propia que cubre distintas localidades del sur provincial, desde Posadas hasta Jardín América y desde Leandro N. Alem hasta Oberá.

De contador a productor de frutillas: el emprendimiento familiar

Uno de los desafíos para los hermanos fue incorporarse a una actividad productiva de la que no tenían experiencia. La sanidad vegetal y la búsqueda de trabajadores especializados se convirtieron en parte del aprendizaje cotidiano.

“Es una búsqueda constante y aprendemos en el camino”, reconoció Rolón.

A pesar de las dificultades, el balance de la familia es positivo. El objetivo no pasa solamente por aumentar el volumen, sino también por conseguir una fruta que pueda diferenciarse por sus características.

“Nuestra mayor satisfacción, además del volumen productivo, es poder lograr una fruta de calidad, tanto en tamaño como en sabor”, sostuvo.

De contador a productor de frutillas: el emprendimiento familiar

El proyecto permitió recuperar el vínculo de la familia con la chacra y desarrollar una actividad que involucra a los padres y a los seis hermanos. Para Nicolás Rolón, ese componente tiene un valor que va más allá del resultado económico.

“Por sobre todo, poder producir, poder hacer posible este emprendimiento en familia es algo impagable”, concluyó.

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