Las cerezas de Los Antiguos, reconocidas como las más australes del mundo, avanzan hacia un nuevo objetivo comercial: concretar su primera exportación bajo una Denominación de Origen (DO). El proceso se desarrolla en el valle de Los Antiguos, en Santa Cruz, donde 10 establecimientos productivos y dos plantas de empaque completaron una prueba piloto destinada a poner a punto el sistema de certificación que permitirá identificar la fruta en los mercados internacionales y aprovechar el diferencial asociado a su origen geográfico.
El avance representa una nueva etapa para un producto que en abril de 2025 se convirtió en la primera fruta fresca de la Argentina en obtener una Denominación de Origen. La herramienta comenzó a ser impulsada por productores locales en 2017 y busca que las características particulares de las cerezas cultivadas en esa región puedan ser reconocidas comercialmente frente a otras frutas de origen argentino o extranjero.
La prueba piloto fue financiada por el Gobierno de Santa Cruz a través del Consejo Federal de Inversiones (CFI) y tuvo como principal objetivo poner en funcionamiento el Sistema de Gestión de Calidad (SGC) asociado a la Denominación de Origen. El mecanismo establece procedimientos para garantizar la trazabilidad y verificar que la fruta comercializada bajo el sello cumpla con las condiciones establecidas para acceder a esa identificación.
Según informó Bichos de Campo, el trabajo permitió detectar puntos críticos y ajustar procedimientos antes del comienzo de la próxima temporada de cosecha, prevista para la primavera.

La Denominación de Origen establece un vínculo directo entre las características de un producto y el territorio donde se produce. En el caso de las cerezas de Los Antiguos, el área comprendida por el reconocimiento abarca las plantaciones ubicadas entre el lago Buenos Aires y el valle de Los Antiguos.
La producción regional tiene como principales variedades a Bing y Lapins, aunque también se cultivan variedades de cosecha tardía como Sweetheart, Kordia, Regina y Skeena.
El diferencial que busca destacar el sello está relacionado con determinadas características de la fruta, entre ellas su firmeza, contenido de sólidos solubles, concentración de azúcar y fecha de cosecha.
Las condiciones climáticas de la zona tienen un papel importante en esas propiedades. La amplitud térmica característica del valle contribuye al desarrollo de frutos con atributos que los productores consideran distintivos dentro de la oferta de cerezas.
La fruta se caracteriza, de acuerdo con la información difundida sobre el proceso, por su dulzor, acidez final, textura crocante, jugosidad, piel lisa y color homogéneo, además de un tamaño que puede diferenciarla de otras producciones.
Sin embargo, contar con esas características no alcanza para utilizar comercialmente el sello. La fruta debe atravesar un sistema de controles que permita demostrar que cumple con los requisitos establecidos por la Denominación de Origen.
Ese es precisamente el objetivo del Sistema de Gestión de Calidad que comenzó a probarse de manera integral.
Durante la prueba participaron productores, técnicos y representantes de distintas instituciones vinculadas con la cadena.
Las listas de chequeo fueron aplicadas en 10 establecimientos productivos y dos plantas de empaque, mientras que también se realizaron capacitaciones y encuentros informativos destinados a trabajadores de las chacras, personal de empaque y productores.
El sistema contempla las distintas etapas de la cadena productiva. Los procedimientos comienzan en los establecimientos donde se produce la fruta y continúan durante la cosecha, el ingreso de las cerezas al empaque, las operaciones posteriores y la comercialización.
La trazabilidad constituye uno de los elementos centrales del esquema. La intención es que cada lote que llegue al mercado bajo la Denominación de Origen pueda acreditar que fue producido y procesado de acuerdo con las condiciones establecidas.
Durante la implementación se identificaron dificultades y puntos que requerían ajustes. Esa instancia permitió unificar criterios y generar una base documental y operativa que podrá ser utilizada por los productores que quieran acceder al sello.
En el proceso participaron integrantes del Consejo Regulador de la Denominación de Origen, del Consejo Asesor, de la Cámara Argentina de Productores de Cerezas Integrados (CAPCI), del INTA, del Ministerio de Producción, Industria y Comercio de Santa Cruz y del Consejo Agrario Provincial.
Para la cadena, la puesta en funcionamiento del sistema representa un paso necesario antes de trasladar el diferencial de origen desde el plano institucional al mercado internacional.
La Denominación de Origen no solo busca proteger la identidad de la producción. También representa una herramienta para diferenciar la fruta y construir una estrategia comercial alrededor de esa identidad.
En los mercados internacionales, el origen puede convertirse en un atributo relevante cuando está acompañado por características verificables, estándares de calidad y una estrategia de posicionamiento.
En ese sentido, la cereza de Los Antiguos parte de una condición particular: es considerada la producción de cerezas más austral de la Argentina y del Hemisferio Sur.
El cultivo de esta fruta comenzó a desarrollarse en la región durante la década de 1970. Desde entonces, la actividad se consolidó como una de las producciones características del valle y construyó una cadena que integra productores, empaques y exportadores.
El próximo paso será transformar ese reconocimiento territorial en una marca comercial capaz de llegar al consumidor.
Aníbal Caminiti, gerente de CAPCI, destacó la importancia del proceso. “Es importante que la sociedad santacruceña conozca este proceso, porque se trata de un hecho inédito para la Argentina: la cereza de Los Antiguos es la primera fruta fresca del país en obtener una Denominación de Origen”, afirmó, según consignó Bichos de Campo.
El dirigente también remarcó la necesidad de cumplir con el Sistema de Gestión de Calidad como condición para que la fruta pueda ingresar a diferentes mercados externos con el sello de origen.
La declaración refleja uno de los principales desafíos que enfrenta ahora la cadena: lograr que el reconocimiento institucional se traduzca en valor económico y comercial.
La oportunidad aparece sobre una cadena exportadora que ya tiene presencia internacional. Los principales destinos de la cereza argentina son Estados Unidos y China, mientras que también existen envíos hacia Canadá, países de Medio Oriente, Reino Unido y España.
En ese escenario, la Denominación de Origen podría funcionar como una herramienta para diferenciar la fruta de Los Antiguos dentro de una oferta más amplia.
La estrategia no necesariamente implica buscar nuevos mercados desde cero. También puede apuntar a mejorar el posicionamiento del producto en destinos donde la cereza argentina ya tiene presencia y donde existe una demanda por alimentos con identidad, trazabilidad y atributos diferenciados.
Para conseguirlo, será necesario que el sello sea reconocible y que exista una estrategia de comunicación que explique al consumidor qué representa la Denominación de Origen.
Por eso, una vez concluida la etapa piloto, el proyecto contempla dos objetivos centrales: construir la marca “DO Cereza del Valle de Los Antiguos-Patagonia” y desarrollar un plan de comercialización y posicionamiento.
La intención es orientar esa estrategia hacia mercados donde los consumidores valoran especialmente los productos vinculados con un territorio específico y con características de producción verificables.
El desafío será, entonces, pasar de una certificación de origen a una herramienta concreta de diferenciación comercial.
Con el sistema de gestión probado y los procedimientos ajustados, la cadena se prepara para la próxima temporada productiva.
La expectativa es que las primeras cerezas puedan ser exportadas con la Denominación de Origen una vez que se complete el proceso de certificación correspondiente.
El trabajo realizado durante la prueba piloto busca reducir los riesgos de implementación cuando el volumen de fruta aumente y más establecimientos quieran incorporarse al sistema.
Para los productores, esto también supone asumir nuevas exigencias de registro, control y cumplimiento. El sello solo tendrá valor comercial si existe confianza en que la fruta que lo lleva cumple efectivamente con las condiciones establecidas.
La trazabilidad será, por lo tanto, una pieza fundamental para sostener la credibilidad de la certificación.
El objetivo final es que el consumidor pueda asociar la marca con un producto concreto y con un conjunto de atributos que no dependen solamente de una campaña de marketing, sino de las características del territorio y de un sistema de producción controlado.
Después de casi una década de trabajo desde el inicio de la gestión de la Denominación de Origen, las cerezas de Los Antiguos se encuentran ante una nueva etapa. El reconocimiento obtenido en 2025 dejó de ser solamente un antecedente institucional y comenzó a transformarse en una herramienta para competir en los mercados internacionales.
Ahora, el desafío será conseguir que ese origen tenga un valor reconocible en la góndola y que la identificación “Cereza del Valle de Los Antiguos-Patagonia” permita construir una posición diferenciada para una producción que busca convertir su condición de fruta austral en una ventaja comercial.