El sésamo puede perder hasta 80% de rendimiento si la siembra se demora hasta enero

Ensayos realizados en Córdoba mostraron una fuerte caída del rendimiento cuando el sésamo pasó de sembrarse en noviembre a enero.

El sésamo puede perder hasta 80% de rendimiento si la siembra se demora hasta enero
jueves 13 de agosto de 2026

La fecha de siembra aparece como uno de los factores decisivos para definir el potencial productivo del sésamo en el centro-norte de Córdoba, según ensayos realizados durante las campañas 2024/25 y 2025/26 en el Campo Escuela de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba (FCA-UNC). Los resultados mostraron que el cultivo alcanzó 2.275 kilos por hectárea cuando fue implantado en noviembre, pero apenas 461 kilos por hectárea cuando la siembra se trasladó a enero, una diferencia cercana al 80% que marca la importancia de elegir correctamente el momento de implantación.

El trabajo fue realizado por Walter Hugo Londero, con análisis de Ricardo H. Maich y el propio Londero, ambos vinculados a la FCA-UNC. La experiencia buscó aportar información sobre una alternativa productiva que puede desarrollarse en el centro-norte de la provincia de Córdoba y, al mismo tiempo, determinar cuánto puede afectar el calendario sobre los resultados del cultivo.

Los ensayos contemplaron tres fechas de siembra: noviembre, diciembre y enero. La comparación permitió observar una caída muy marcada del rendimiento a medida que la implantación se retrasó, informo TodoAgro

El resultado adquiere mayor relevancia cuando se lo compara con el comportamiento de otros cultivos extensivos. Los investigadores remarcaron que las brechas de rendimiento asociadas con la fecha de siembra no son iguales para todas las especies. Mientras algunos cultivos presentan una respuesta relativamente moderada frente a un atraso, otros tienen una sensibilidad mucho mayor.

En el caso del sésamo, los datos obtenidos en Córdoba muestran que postergar la siembra desde noviembre hasta enero puede comprometer una parte sustancial del potencial productivo.

Qué ocurrió con el rendimiento del sésamo

Durante las campañas 2024/25 y 2025/26, Londero condujo ensayos en el Campo Escuela de la FCA-UNC con el objetivo de evaluar el comportamiento del sésamo frente a distintas fechas de implantación.

El tratamiento correspondiente a noviembre alcanzó un rendimiento de 2.275 kg/ha. En enero, en cambio, la producción cayó hasta 461 kg/ha.

La diferencia entre ambos valores representa una merma del orden del 80%. En términos productivos, significa que por cada 100 kilos obtenidos bajo la primera fecha de siembra, el cultivo implantado en enero produjo aproximadamente 20.

La experiencia también incluyó una fecha intermedia, correspondiente a diciembre, lo que permitió analizar la evolución del cultivo a medida que se desplazaba el momento de implantación. Aunque el dato central del trabajo surge de la comparación entre noviembre y enero, la inclusión de tres fechas permitió estudiar el efecto del calendario de manera más completa.

Para los investigadores, el resultado muestra que la elección de la fecha de siembra debe formar parte de la planificación del cultivo desde el comienzo de la campaña. No alcanza con considerar al sésamo como una alternativa potencial para una determinada región: también es necesario conocer en qué momento conviene implantarlo para reducir las pérdidas de rendimiento.

La comparación con la soja y el girasol

El comportamiento observado en el sésamo puede ponerse en perspectiva a partir de experiencias realizadas con otros cultivos.

Los investigadores señalaron que, en términos generales, retrasar la fecha de siembra suele generar una reducción del rendimiento en soja y girasol, aunque la magnitud de esa caída depende de cada especie y de las condiciones ambientales.

En soja, el análisis realizado por Rubén R. Toledo a partir de más de dos décadas de ensayos comparativos encontró una diferencia muy marcada entre distintas fechas de implantación. Al comparar siembras realizadas entre octubre y enero, los rendimientos de los cultivos implantados en enero fueron 62% inferiores a los obtenidos con la siembra de noviembre.

El dato permite dimensionar el efecto del calendario en un cultivo ampliamente difundido en la agricultura argentina. Sin embargo, el sésamo evaluado en Córdoba mostró una respuesta todavía más pronunciada: la reducción registrada entre noviembre y enero se ubicó en torno al 80%.

En el caso del girasol, la caída fue mucho menor. De acuerdo con el trabajo citado por los investigadores, retrasar la siembra desde noviembre hasta enero provocó una merma del 9,9% en el rendimiento.

La comparación deja en evidencia que no existe una única respuesta al atraso de la implantación. Cada cultivo presenta una relación particular con la fecha de siembra, determinada por sus características agronómicas y por la interacción con las condiciones ambientales.

El maíz presenta otro comportamiento

El maíz ofrece un contraste todavía mayor. Según los resultados de un ensayo trienal realizado con fechas de siembra que se extendieron desde octubre hasta febrero, los rendimientos obtenidos con la implantación en enero fueron incluso 2% superiores a los registrados con la siembra de noviembre.

Esto significa que, en ese caso, trasladar la fecha hacia enero no provocó una pérdida de rendimiento respecto de noviembre.

La comparación resulta relevante porque demuestra que el efecto del calendario no puede extrapolarse automáticamente entre especies. Una fecha que puede ser desfavorable para un cultivo puede no tener el mismo impacto en otro.

Por eso, los datos obtenidos específicamente para el sésamo adquieren valor para quienes evalúan incorporar esta especie a los planteos productivos del centro-norte cordobés.

Una alternativa que requiere planificación

El sésamo aparece como una opción para diversificar la producción agrícola en determinadas zonas de Córdoba, pero los resultados de los ensayos indican que su incorporación requiere considerar varios factores desde la planificación inicial.

La fecha de siembra es uno de ellos. También influyen variables como la densidad de plantas, la disponibilidad de nutrientes y el manejo del agua, factores que pueden modificar la brecha entre el rendimiento potencial y el rendimiento efectivamente obtenido.

La experiencia desarrollada en la FCA-UNC se concentró específicamente en el calendario de implantación y permitió cuantificar una diferencia que puede resultar determinante desde el punto de vista económico.

Una producción de 2.275 kg/ha, como la registrada en noviembre, presenta un escenario productivo muy diferente al de una cosecha de 461 kg/ha. La diferencia de más de 1.800 kilos por hectárea puede modificar por completo el resultado económico de una campaña, aunque la rentabilidad final también dependerá de los precios, los costos y el resto de las variables del sistema.

Por esa razón, los resultados no deberían interpretarse como una recomendación aislada, sino como una referencia para analizar el comportamiento del cultivo bajo determinadas condiciones y fechas de implantación.

Una brecha que pone el calendario en el centro

El trabajo realizado durante dos campañas aporta una señal concreta para quienes estudian la posibilidad de producir sésamo en Córdoba: el momento de sembrar puede definir una parte sustancial del rendimiento final.

La comparación entre noviembre y enero fue contundente. Mientras la primera fecha permitió alcanzar 2.275 kg/ha, la segunda terminó con 461 kg/ha. La merma fue cercana al 80%, un valor que supera incluso la reducción observada en los análisis históricos de soja citados por los investigadores.

La principal enseñanza del trabajo de Maich y Londero es que las brechas de rendimiento deben analizarse para cada cultivo y ambiente. No todos responden de la misma manera a un atraso en la implantación y, por eso, las decisiones de manejo requieren información específica.

En el caso del sésamo, los ensayos realizados en el Campo Escuela de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba muestran que noviembre aparece como una fecha de referencia muy diferente de enero en términos de rendimiento.

Para una alternativa productiva que todavía busca ampliar su presencia en el centro-norte cordobés, contar con este tipo de información puede ser determinante. El cultivo no solo necesita condiciones adecuadas de suelo, agua y nutrición: también exige respetar una ventana de siembra capaz de preservar su potencial productivo.

Así, el calendario deja de ser un detalle del manejo para convertirse en una de las principales variables a considerar antes de decidir la implantación. En los ensayos analizados, demorarla hasta enero implicó resignar alrededor de ocho de cada diez kilos potenciales frente a la siembra de noviembre.

 

 

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