El Niño cambia las reglas para la campaña agrícola: qué recomiendan desde el INTA para la siembra de gruesa

Con buena humedad en los suelos y lluvias previstas por encima de lo normal, el desafío será sembrar a tiempo sin perder piso.

El Niño cambia las reglas para la campaña agrícola: qué recomiendan desde el INTA para la siembra de gruesa
martes 08 de septiembre de 2026 - 10:00

Lcampaña agrícola de gruesa 2026/27 comienza con una condición hídrica favorable y un escenario climático marcado por El Niño, que anticipa precipitaciones superiores a los valores habituales durante los próximos meses, según el análisis del INTA Chascomús. El organismo recomendó ajustar el manejo de cada lote, priorizar la conservación del piso y definir las fechas de implantación de acuerdo con la capacidad de drenaje de los ambientes para aprovechar el agua disponible y reducir los riesgos de encharcamiento, inundaciones y pérdida de calidad de los granos.

El escenario presenta una oportunidad para los cultivos de verano, pero no de manera uniforme. Mientras los lotes con buen drenaje podrían aprovechar las reservas de agua para apuntar a mayores rendimientos, aquellos con menor capacidad de evacuación del exceso hídrico requerirán decisiones diferentes, incluso con posibles retrasos en la siembra.

El diagnóstico fue realizado por Mariano Cicchino, jefe del INTA Chascomús y especialista en manejo de cultivos y verdeos, quien describió una situación inicial similar a la de la campaña anterior en términos de disponibilidad de agua.

“Hoy nos encontramos en una situación buena en cuanto a reserva de agua útil en el suelo que ronda el 70-80 %, parecida a como empezamos la campaña pasada. Pero, en esta campaña tenemos un pronóstico de Niño bastante certero, con un pronóstico a corto plazo de tres meses que da lluvias superiores a lo normal”, explicó Cicchino.

La combinación entre una elevada reserva hídrica y la posibilidad de nuevas precipitaciones genera un contexto que puede favorecer el desarrollo de los cultivos de verano. Sin embargo, el agua disponible no representa por sí sola una garantía de buenos resultados. El comportamiento del suelo, su capacidad de drenaje y las condiciones existentes al momento de ingresar con maquinaria serán factores determinantes.

Para el especialista, El Niño puede convertirse en una ventaja productiva cuando las precipitaciones se distribuyen de manera adecuada y los lotes no presentan limitantes. El escenario permite considerar objetivos de rendimiento más elevados, aunque exige diferenciar ambientes y evitar decisiones uniformes para toda la superficie agrícola.

“El año Niño en general se presenta con abundantes precipitaciones, aunque no en forma generalizada, y eso puede ser una ventaja”, señaló Cicchino al analizar las posibilidades que abre el escenario climático.

La principal dificultad aparece en los sectores donde el agua puede acumularse. Los lotes bajos, tendidos o con problemas de drenaje tienen una mayor exposición a excesos hídricos. En esas áreas, las lluvias previstas pueden transformar una condición inicialmente favorable en una limitante para la implantación y el desarrollo de los cultivos.

“Sin embargo, en lotes más tendidos o con baja capacidad de retención de agua, se pueden producir excesos pérdidas de superficie sembrada por encharcamiento o inundación, o bien por deterioro de la calidad de los granos”, sostuvo el especialista.

Los efectos del exceso de humedad pueden extenderse a diferentes etapas del ciclo productivo. Además de comprometer la superficie efectivamente implantada, las condiciones de alta humedad pueden generar dificultades para ingresar a los lotes, complicar las labores y favorecer determinados problemas sanitarios.

Cicchino también advirtió que el exceso de agua puede incidir sobre enfermedades, plagas y calidad de semilla, además de afectar las distintas tareas que requiere el cultivo. Por eso, el manejo comienza antes de la siembra y debe contemplar las condiciones particulares de cada ambiente.

La prioridad: preservar el piso

En un escenario con lluvias frecuentes, uno de los principales activos de los productores será conservar la transitabilidad de los lotes. Ingresar con maquinaria sobre un suelo demasiado húmedo puede provocar compactación, huellas y deterioro de la estructura superficial, además de generar condiciones que dificulten las labores posteriores.

Por ese motivo, el INTA puso el foco en manejar las labranzas y evitar movimientos innecesarios del suelo. La recomendación adquiere especial importancia en ambientes donde la disponibilidad de agua no constituye una limitante, pero sí puede transformarse en un problema cuando las precipitaciones superan la capacidad de absorción o evacuación.

“Básicamente las recomendaciones son tratar de manejar las labranzas, no mover mucho el suelo donde no sea necesario como para ganar piso y sobre todo apuntar a fechas de siembra tempranas”, indicó Cicchino.

La estrategia busca aprovechar las ventanas de condiciones favorables que puedan presentarse durante la campaña. Una fecha de siembra bien definida puede permitir que el cultivo se establezca antes de que lleguen nuevos excesos de humedad y, al mismo tiempo, mejorar las posibilidades de completar las labores en condiciones adecuadas.

Sin embargo, la recomendación de anticipar la implantación no debe interpretarse como una regla idéntica para todos los lotes. En sectores donde la humedad permanezca elevada y el piso no sea suficiente, ingresar a sembrar demasiado pronto podría generar daños sobre el suelo y dificultades posteriores.

Por eso, el manejo deberá combinar el pronóstico climático, la humedad disponible, el estado del suelo y las características de cada ambiente.

Maíz, girasol y soja, en el centro de las decisiones

La secuencia de implantación de los principales cultivos de verano también tendrá un papel relevante. De acuerdo con Cicchino, las labores de siembra comienzan con maíz, continúan con girasol y posteriormente avanzan sobre la soja.

Cada cultivo presenta diferentes alternativas en función de la fecha de implantación. En caso de que las condiciones del suelo o del clima impidan cumplir con la ventana inicial, existen opciones de siembra más tardía, aunque con consecuencias sobre el potencial productivo.

“Obviamente, con un manejo diferencial en función de la fecha de siembra y con menores potenciales de rendimiento”, precisó el especialista al referirse a las alternativas tardías.

Esto implica que la planificación de la campaña no debería limitarse a establecer una fecha tentativa de siembra. Los productores deberán contemplar escenarios alternativos y definir de antemano qué estrategia adoptar si las condiciones de humedad impiden ingresar a un lote.

La posibilidad de demorar la implantación puede ser una herramienta particularmente útil en sectores con problemas de drenaje. Esperar a que el suelo alcance condiciones adecuadas puede resultar preferible a ingresar con maquinaria sobre un lote saturado y provocar daños que afecten el establecimiento del cultivo y las labores posteriores.

En cambio, los ambientes con buen piso y menor riesgo de anegamiento podrían aprovechar mejor la disponibilidad de agua mediante una implantación dentro de la ventana óptima.

Manejo por ambientes

La heterogeneidad de los lotes será uno de los principales aspectos a considerar durante la campaña. La misma lluvia puede representar una oportunidad en un sector y una limitante en otro, según la profundidad del suelo, la capacidad de retención, el drenaje y la posición dentro del paisaje.

En los lotes con buen piso, el escenario permite pensar en estrategias orientadas a aprovechar el potencial productivo. Entre las herramientas mencionadas se encuentran el manejo del agua, la definición de niveles de fertilización acordes con los objetivos de rendimiento y la elección de híbridos de alto potencial.

La disponibilidad de agua puede sostener mayores expectativas productivas siempre que el resto de los factores acompañe. Por eso, la fertilización deberá definirse en función del potencial del ambiente y de las reservas existentes, sin perder de vista que un exceso hídrico también puede alterar la dinámica de nutrientes.

En los ambientes más restrictivos, la estrategia cambia. Los sectores someros, bajos o con tendencia al encharcamiento requieren una planificación específica y pueden justificar una fecha de siembra diferente.

En estos casos, la prioridad puede ser esperar hasta contar con suficiente piso para realizar las labores sin deteriorar el suelo. La decisión de postergar la implantación no responde necesariamente a una expectativa menor sobre el cultivo, sino a la necesidad de reducir el riesgo asociado a un ingreso prematuro en condiciones de humedad excesiva.

Este enfoque por ambientes permite evitar decisiones generales para toda la explotación. Un mismo establecimiento puede contener sectores con diferentes capacidades productivas y comportamientos frente a las precipitaciones, por lo que el manejo deberá ajustarse a esas diferencias.

Una campaña con oportunidades y riesgos

El escenario climático previsto para los próximos meses combina dos factores que obligan a afinar la planificación: reservas de agua favorables y una expectativa de lluvias superiores a lo normal.

La primera condición constituye una ventaja para iniciar los cultivos de verano con humedad suficiente. La segunda puede contribuir a sostener los cultivos durante el ciclo, pero también elevar el riesgo de excesos en los ambientes con drenaje limitado.

En este contexto, el principal desafío será transformar la disponibilidad de agua en rendimiento sin que el exceso hídrico se convierta en una limitante. La estrategia dependerá de la capacidad de los productores para anticipar decisiones y adaptar el manejo a la evolución de las condiciones climáticas.

El pronóstico de El Niño no implica que todas las regiones o todos los lotes recibirán el mismo volumen de precipitaciones. Como señaló Cicchino, las lluvias pueden ser abundantes sin distribuirse de manera uniforme. Por eso, el seguimiento de los pronósticos de corto plazo y de las condiciones reales de cada establecimiento será fundamental.

La campaña también pondrá a prueba la capacidad de planificación ante ventanas de trabajo acotadas. Cuando las lluvias se suceden con poca distancia entre sí, disponer de un lote con buen piso puede marcar la diferencia entre realizar una labor a tiempo o tener que postergarla.

La recomendación del INTA apunta, en definitiva, a no tomar el escenario de abundancia de agua como una condición homogénea. La humedad disponible debe analizarse junto con las características físicas y topográficas del lote y con el cultivo elegido.

Para los productores, el desafío

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