La rentabilidad agrícola mejoró durante julio, con una recuperación de entre US$60 y US$83 por hectárea, según un informe del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de la Fundación Mediterránea, pero la mejora no alcanzó para cerrar las brechas entre las distintas regiones productivas. El análisis, elaborado para la campaña agrícola argentina, mostró que el margen neto de un productor propietario llegó a US$411 por hectárea en la zona núcleo y a US$83 en la región extra pampeana, mientras que la presión tributaria continuó absorbiendo una parte significativa del resultado.
El informe fue elaborado por Juan Manuel Garzón y Franco Artusso .imdica queel repunte mensual estuvo explicado principalmente por la recuperación de los precios de los granos y por una reducción de algunos costos vinculados con la producción.,informo tNCampo-
Sin embargo, la mejora de julio debe analizarse en perspectiva. Los márgenes obtenidos todavía quedaron entre US$135 y US$183 por hectárea por debajo de los promedios registrados entre 2018 y 2025, lo que muestra que la recuperación reciente todavía no alcanza para devolver al negocio agrícola a los niveles históricos considerados en el estudio.

La diferencia entre regiones también permanece como uno de los principales rasgos del escenario actual. Mientras un establecimiento ubicado en la zona núcleo logró un margen neto significativamente mayor, el resultado para un productor propietario de la zona extra pampeana fue mucho más reducido.
La estructura de tenencia de la tierra constituye otro elemento que modifica la ecuación. Los resultados de un productor propietario no son equivalentes a los de quienes deben afrontar alquileres, por lo que la mejora de los precios de los granos no tiene el mismo impacto sobre todos los modelos productivos.
Uno de los principales puntos destacados por el IERAL es el peso que mantiene la carga tributaria sobre el excedente económico generado por la agricultura.
Durante el último año analizado, los impuestos representaron el 55,4% del excedente económico en la zona núcleo. En la región extra pampeana, la proporción fue todavía mayor y alcanzó el 76,4%.
Dentro de esa estructura, los derechos de exportación (DEX) tuvieron una participación relevante. Según el estudio, explicaron el 32,2% del excedente en la zona núcleo y el 53,1% en la extra pampeana.
La diferencia entre ambas regiones refleja, entre otros factores, el impacto que tienen los distintos niveles de productividad, costos, precios y estructura tributaria sobre la renta final del productor.
El trabajo de la Fundación Mediterránea pone así el foco en un punto que excede la evolución mensual de los precios agrícolas: cuánto del excedente que genera la producción queda efectivamente en manos del productor después de considerar los distintos impuestos.
“Los resultados siguen mostrando fuertes diferencias según la zona y el régimen de tenencia de la tierra, mientras que la carga tributaria continúa absorbiendo una proporción elevada del excedente económico”, plantearon Garzón y Artusso en el informe citado por la información de origen.
La conclusión adquiere especial relevancia en un contexto en el que la evolución de los precios internacionales y locales de los granos puede modificar los márgenes con rapidez. Una mejora en las cotizaciones puede elevar el ingreso bruto, pero el resultado final depende también de los costos productivos, los alquileres, los impuestos y las condiciones particulares de cada región.
El IERAL también realizó una estimación sobre el impacto que tendría una eliminación de los derechos de exportación en la rentabilidad de los productores propietarios.
De acuerdo con el ejercicio presentado en el informe, si las retenciones fueran eliminadas, el margen del productor aumentaría en aproximadamente US$212 por hectárea en la zona núcleo y en US$160 por hectárea en la región extra pampeana.
El cálculo no implica que la totalidad del dinero que actualmente se recauda mediante DEX se transforme automáticamente en renta adicional para el productor. El sistema tributario incluye otros impuestos que también inciden sobre el resultado final.
Por ese motivo, el IERAL estimó cuál sería el destino de una eventual reducción de los derechos de exportación. Según el análisis, por cada US$100 menos pagados en DEX, unos US$70 se convertirían en un mayor margen para el productor, mientras que los US$30 restantes regresarían al Estado a través de otros tributos, principalmente el Impuesto a las Ganancias.
“Por cada 100 dólares de DEX eliminados, alrededor de 70 se habrían transformado en mayor margen y 30 habrían retornado al Estado mediante otros impuestos, principalmente Ganancias”, concluyó la entidad.
La estimación permite dimensionar el efecto que tendría una modificación de la estructura tributaria sobre la rentabilidad agrícola, aunque también muestra que la eliminación de un impuesto no significa que desaparezca toda la carga fiscal sobre la actividad.
El dato de julio muestra una mejora respecto de los meses anteriores, pero el panorama general continúa siendo heterogéneo. Para los productores ubicados en las regiones de mayor productividad, los márgenes permiten absorber con mayor facilidad determinados costos y sostener inversiones.
En las zonas con menores rendimientos o mayores costos logísticos, en cambio, una mejora de los precios puede resultar insuficiente para generar una rentabilidad equivalente. El resultado también depende del régimen de tenencia, debido al peso que tiene el alquiler de la tierra en aquellos establecimientos que no son propietarios.
La diferencia entre los US$411 por hectárea de margen neto en la zona núcleo y los US$83 de la zona extra pampeana ilustra esa disparidad. Entre ambos valores existe una brecha de US$328 por hectárea, aun bajo un mismo contexto general de precios agrícolas.
A esto se suma que los márgenes actuales permanecen por debajo de los promedios históricos. El IERAL calculó que los resultados de julio quedaron entre US$135 y US$183 por hectárea por debajo del promedio del período 2018-2025, según la zona considerada.
El dato marca que la recuperación observada en julio no debe interpretarse como una recomposición completa de la rentabilidad del sector. El agro logró mejorar su ecuación en el corto plazo, pero todavía enfrenta una estructura de costos y tributos que limita el excedente disponible.
La situación también plantea un desafío para las decisiones de inversión. La agricultura requiere capital para afrontar semillas, fertilizantes, combustibles, labores, arrendamientos y tecnología. Cuando el margen se reduce, disminuye el espacio para absorber aumentos de costos o enfrentar campañas con rendimientos inferiores a los esperados.
El comportamiento de los precios agrícolas fue uno de los principales factores que explicaron la mejora registrada durante julio. La recuperación de las cotizaciones permitió incrementar los ingresos esperados por hectárea, mientras que algunos costos mostraron una evolución favorable.
Pero el informe advierte indirectamente que la rentabilidad no puede analizarse únicamente a partir del precio de venta. La ubicación del establecimiento, la productividad, el costo de los insumos, la forma de tenencia de la tierra y la estructura tributaria determinan cuánto de ese ingreso termina convirtiéndose en excedente.
Por eso, dos productores que comercialicen un mismo cultivo a un precio similar pueden obtener resultados muy diferentes.
La cuestión impositiva adquiere una importancia adicional porque los derechos de exportación inciden directamente sobre el precio efectivo recibido por determinadas producciones agrícolas. En el análisis del IERAL, su peso es especialmente significativo en la región extra pampeana, donde representa más de la mitad del excedente económico calculado para el último año.
El escenario deja planteada una discusión que atraviesa al sector: cómo lograr que una mayor proporción del ingreso generado por las exportaciones agrícolas se transforme en rentabilidad, inversión y capacidad productiva, sin desconocer el impacto que tienen los impuestos sobre las cuentas públicas.
Por ahora, los números de julio muestran una señal favorable para el campo. La mejora de entre US$60 y US$83 por hectárea permitió recomponer parcialmente los márgenes, impulsada por los granos y por menores costos en algunos componentes de la producción.
Pero el dato central del informe es que la recuperación sigue siendo desigual. La distancia entre regiones permanece elevada, los productores que alquilan enfrentan una ecuación diferente a la de los propietarios y la presión fiscal continúa absorbiendo una proporción considerable del excedente.
Con ese panorama, la evolución de los precios de los granos será importante para los próximos meses, pero no será el único determinante. La rentabilidad agrícola también estará condicionada por los costos, los rendimientos, los arrendamientos y, especialmente, por la política tributaria que defina el margen efectivo de quienes producen.