Alejandro Alonso construyó en Tierra del Fuego un modelo integrado de producción y comercialización de carne que hoy reúne cinco carnicerías en Río Grande, dos feedlots y ventas a hoteles y barcos turísticos. Su recorrido comenzó a los 18 años, cuando dejó el sur bonaerense para trabajar en la Patagonia, y atravesó fracasos, cambios de actividad y nuevos comienzos hasta consolidar un negocio propio.
Según informó Infocampo, Alonso nació en 1961 y se crió en Pasteur, en el sur de la provincia de Buenos Aires. Cursó sus estudios en un colegio agrario de Realicó y a los 18 años se trasladó a Río Gallegos, donde comenzó a trabajar en una estancia y aprendió sobre producción ovina.
Su acercamiento al negocio de la carne llegó después, cuando las personas para las que trabajaba compraron un frigorífico. “Después, los que me llevaron a la Patagonia compraron un frigorífico y ahí me picó el negocio de la carne, ahí aprendí lo que era, encontré la vocación ahí, me dio las armas para iniciarme solo en el negocio años más tarde”, recordó Alonso, según Infocampo.

Antes de convertirse en empresario, también pasó por la industria petrolera. A los 25 años, con ingresos importantes para su edad, decidió emprender por su cuenta. Su primera experiencia con una carnicería fue en Ushuaia, pero el proyecto terminó en una quiebra.
“Me vine a Ushuaia, arranqué, pero me fundí tratando de salir solo porque yo sabía la parte laboral, el manejo de la carne, pero no lo comercial, la gestión del negocio en sí”, explicó.
Después del fracaso, Alonso regresó a Río Grande y buscó una alternativa. Recordó sus conocimientos de la escuela rural y comenzó a producir lechuga en dos hectáreas alquiladas. El emprendimiento agrícola le permitió recuperarse y volver a pensar en el negocio de la carne.

En 1997 abrió una nueva carnicería en un pequeño espacio dentro de una verdulería. El negocio creció rápidamente y seis meses después pudo comprar el local. Sin embargo, apareció un nuevo desafío: la demanda estaba concentrada en cortes de mayor valor, mientras que quedaban excedentes de cortes delanteros.
La solución fue abrir otra carnicería en una zona diferente de Río Grande. Con el tiempo llegaron la tercera, la cuarta y la quinta sucursal.
A medida que crecía la red comercial, Alonso decidió avanzar también sobre la producción. El objetivo era tener mayor control sobre el abastecimiento, reducir la dependencia de proveedores externos y contar con animales disponibles en momentos de mayor demanda.
“Yo quería depender de mí, pero no sólo es por el tiempo, también es por la plata, porque es caro que te traigan la carne hasta acá”, señaló.
Así comenzó a desarrollar sus propios establecimientos de engorde. Actualmente cuenta con un feedlot en Río Grande y otro en Gaiman, Chubut, que funciona como una pieza estratégica para la producción de animales destinados a Tierra del Fuego.
En Río Grande maneja unos 3.600 animales y 200 vacas, mientras que en Gaiman tiene alrededor de 1.900 animales. En total, el esquema ronda los 5.000 bovinos.

El establecimiento de Gaiman cumple además una función vinculada al clima. Los terneros de menor peso son trasladados hacia esa zona, donde las condiciones invernales son menos extremas que en Tierra del Fuego.
Alonso explicó que compra terneros de alrededor de 180 kilos y busca llevarlos hasta unos 360 kilos. En ese proceso, apunta a una ganancia de aproximadamente 1,4 kilos diarios, con ciclos de engorde de entre 90 y 120 días.
Para los novillos destinados a sus carnicerías, el sistema también busca adaptar la terminación a la demanda. Compra animales de unos 300 kilos y faena alrededor de 600 por mes.
El desafío logístico es uno de los principales factores que condicionan la actividad. Parte del alimento llega desde Tornquist, mientras que el forraje procede de zonas productivas del valle de Trelew y del valle del Río Negro. La distancia y las condiciones climáticas hacen que el abastecimiento tenga un peso central en los costos.
Cada año, Alonso acumula cerca de un millón de kilos de alimento para atravesar el invierno. Los camiones transportan entre 28.000 y 32.000 kilos por viaje, mientras que los megafardos de forraje rondan los 700 kilos.

El clima también representa uno de los mayores riesgos productivos. Alonso contó que en 2024 llegó a registrar una mortandad del 10% entre animales de hasta 180 kilos debido a las condiciones extremas.
“Vos das de comer con el frío que hace acá y no generas calorías, no te devuelve un gramo de carne por el gramo de alimento consumido”, describió.
Con el tiempo, la estrategia también se extendió hacia Ushuaia. Allí comenzó a comercializar su carne hace más de una década y encontró una oportunidad vinculada al turismo. Además de las carnicerías, el negocio abastece a hoteles y barcos que llegan a la Patagonia.
El emprendimiento avanza ahora sobre una nueva etapa: la terminación de un sector de cámaras y desposte que permitirá entregar carne envasada al vacío y con packaging propio para clientes institucionales.
“Yo aposté mi negocio al servicio, lo que tenga el ganadero se lo compro, después vemos a cuánto y cómo cerramos el negocio, pero les saco el animal de encima, porque es desesperante muchas veces saber que si no vendés lo perdés, más que nada por el clima extremo de esta zona”, explicó Alonso.

Su modelo combina así producción ganadera, feedlot, faena, comercialización minorista y venta institucional. Para Alonso, esa integración permite reducir riesgos y aprovechar mejor los recursos disponibles en una región donde la distancia, el clima y la logística son factores determinantes.
“Lo que no tenemos es miedo. Avanzamos. Nos hemos equivocado, sí, pero vamos para adelante”, resumió.
La historia empresarial de Alonso muestra cómo un primer fracaso no necesariamente marca el final de un proyecto. Después de una quiebra, una etapa de producción hortícola y varios cambios de rumbo, logró construir una cadena propia alrededor de la carne y convertir el conocimiento adquirido durante décadas en un esquema productivo que continúa expandiéndose en el extremo sur argentino.