Una empresa santafesina concretó esta semana su primera exportación a Chile de oleínas y ácidos grasos vegetales, subproductos de la industria aceitera y del biodiésel que son utilizados como insumos en la formulación de alimentos para salmones. Doble L Bioenergías, instalada en la localidad de Sa Pereira, despachó cuatro camiones con destino a la región de Chiloé, en un paso que la firma considera estratégico para desarrollar un nuevo negocio basado en la economía circular y el aprovechamiento de derivados de la cadena sojera.
El envío representa la puesta en marcha de un proyecto que demandó más de cinco años de trabajo y que busca transformar materiales de menor valor relativo en insumos para otras industrias. Según explicó Marcelo Kusznierz, titular de la compañía y presidente de la Cámara Santafesina de Energías Renovables, la empresa proyecta alcanzar un flujo inicial de unas 600 toneladas mensuales hacia el mercado chileno.
La información fue publicada por Bichos de Campo, medio que entrevistó a Kusznierz con motivo de la primera operación internacional de la planta.

El producto tiene una aplicación específica dentro de la industria acuícola. Los ácidos grasos de origen vegetal son utilizados en la elaboración del alimento destinado a los salmones y permiten realizar un recubrimiento que ayuda a evitar que determinados componentes se dispersen en el agua antes de que los peces consuman el alimento.
Kusznierz destacó ante Bichos de Campo la apertura de este nuevo canal comercial y señaló: “A partir de ahora abrimos este canal de exportación, esperemos que por mucho tiempo”. También indicó que existe una demanda que todavía no está completamente cubierta para este tipo de insumos de origen vegetal.
La planta de Sa Pereira es el resultado de una inversión que terminó siendo considerablemente superior a la prevista en los primeros planes del proyecto. La estimación inicial, realizada en 2022, contemplaba un desembolso de alrededor de US$2,5 millones. Con el avance de las obras y la ampliación de las capacidades industriales, la inversión llegó a aproximadamente US$12 millones.
La infraestructura incorporó nuevas naves, equipamiento y un alto nivel de automatización. El objetivo fue adaptar la planta para procesar y obtener productos con características específicas para diferentes destinos industriales.
A esa inversión se sumó un sistema de generación de energía mediante paneles solares, con una capacidad de 500 kilovatios. De acuerdo con la información difundida sobre el proyecto, esta instalación demandó cerca de $900 millones y contribuyó a reforzar el perfil ambiental de la empresa.
La iniciativa le permitió a Doble L Bioenergías obtener el Sello Verde de la provincia de Santa Fe, reconocimiento asociado a las características sustentables de su actividad.
La combinación entre procesamiento de subproductos, automatización y generación de energía renovable forma parte de una estrategia que apunta a agregar valor dentro del territorio santafesino antes de que los productos lleguen a sus mercados de destino.
El desarrollo de Doble L Bioenergías se inserta en una cadena productiva en la que la soja ocupa un lugar central. La industria aceitera genera distintos derivados y corrientes de menor valor que pueden convertirse en materias primas para nuevas aplicaciones si cuentan con el tratamiento y las especificaciones requeridas.
En este caso, la empresa encontró una oportunidad en la acuicultura chilena, una actividad con fuerte presencia en la región de Chiloé. El nuevo destino permite vincular dos cadenas productivas que, a primera vista, pertenecen a sectores diferentes: la agroindustria argentina y la producción de salmón en Chile.
El aprovechamiento de estos materiales responde a un concepto de economía circular, porque busca reducir el desperdicio y generar nuevos usos industriales a partir de productos derivados de procesos existentes.
La exportación también incorpora una dimensión logística. El envío por camión de los primeros cuatro cargamentos representa el inicio de un circuito comercial que, de consolidarse, podría incrementar el movimiento de mercaderías y la demanda de servicios asociados al transporte y la operación de la planta.
La empresa prevé que el flujo alcance las 600 toneladas mensuales en esta primera etapa, aunque la evolución del mercado chileno determinará el ritmo de crecimiento posterior.
La primera exportación a Chile no constituye el único objetivo internacional de la compañía. Doble L Bioenergías también trabaja sobre un proyecto para avanzar con biocombustibles de segunda generación destinados al mercado europeo.
En ese camino, la empresa ya obtuvo la certificación ISCC, el Sistema de Certificación Internacional de Sostenibilidad y Carbono. Este estándar adquiere especial importancia para los mercados que demandan acreditar el origen y la sostenibilidad de las materias primas utilizadas en los procesos industriales.
Kusznierz explicó a Bichos de Campo que la firma apunta principalmente a España y Países Bajos para esa próxima etapa. Según señaló, la certificación permite agregar valor a la cadena vinculada con la soja y mejorar las posibilidades de acceso a destinos internacionales con mayores exigencias ambientales.
El objetivo plantea una evolución desde el aprovechamiento de subproductos hacia productos con mayor grado de transformación y certificación. En ese proceso, la sustentabilidad deja de ser sólo una característica del sistema productivo y pasa a formar parte de los requisitos para competir en determinados mercados.
La operación también recibió un reconocimiento institucional dentro de Santa Fe. La Cámara de Diputados y Diputadas de la provincia declaró de interés provincial la primera exportación realizada por Doble L Bioenergías.
La declaración puso en valor el impacto de la operación sobre la producción santafesina, la industria agroalimentaria y la posibilidad de que empresas radicadas en la provincia amplíen su presencia en mercados internacionales.
Para la compañía, el desafío ahora consiste en transformar una primera operación comercial en un flujo sostenido de exportaciones. El desarrollo de un mercado estable en Chile permitiría ampliar la escala del negocio y fortalecer el uso industrial de subproductos provenientes de la cadena aceitera.
A la vez, la ampliación de la planta genera actividad vinculada con empleo, transporte, logística y servicios, además de incrementar el movimiento de materias primas y productos terminados.
La estrategia se apoya en una premisa concreta: obtener mayor valor económico de materiales que antes tenían un aprovechamiento limitado. En lugar de considerar esos derivados como residuos, la empresa busca incorporarlos a otras cadenas productivas con demanda específica.
Más allá de la operación con Chile y del proyecto europeo, Kusznierz señaló que la industria continúa a la espera de definiciones sobre un nuevo marco para los biocombustibles que permita ampliar la participación de los combustibles de origen biológico y de las energías limpias en el consumo cotidiano.
El planteo tiene una dimensión particular para las provincias del centro del país, donde se concentra una parte importante de la producción agrícola y de las industrias vinculadas con su transformación.
La posibilidad de desarrollar nuevos mercados para subproductos, biocombustibles y materiales certificados aparece así asociada a una mayor integración de las cadenas agroindustriales. Para empresas como Doble L Bioenergías, la exportación de oleínas y ácidos grasos vegetales hacia Chile funciona como una primera experiencia internacional que puede abrir nuevas oportunidades.
El caso también muestra cómo una industria vinculada originalmente con los biocombustibles y la soja puede encontrar aplicaciones en sectores tan diferentes como la acuicultura. La conexión entre la producción agroindustrial argentina y la alimentación de salmones en Chile surge, en este caso, a partir de un subproducto que adquiere valor cuando es procesado y destinado a una demanda específica.
Con el primer envío ya concretado, la próxima etapa será consolidar ese vínculo comercial y avanzar con la escala proyectada. En paralelo, la certificación internacional obtenida y los planes para ingresar a Europa plantean un objetivo de mayor alcance: convertir el aprovechamiento de subproductos y la producción sustentable en una plataforma para generar nuevos negocios de exportación desde Santa Fe.