La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) modificó sus proyecciones para la campaña agrícola 2026/27 y anticipó un escenario más favorable para el maíz y el trigo, mientras redujo levemente la superficie prevista para soja. El nuevo informe, difundido el 10 de septiembre, elevó en 200.000 hectáreas la intención de siembra del cereal y proyectó una cosecha de al menos 67,5 millones de toneladas, además de sumar 500.000 toneladas a la estimación de trigo, que ahora alcanzaría 21 millones. Los cambios reflejan una mejora en la relación económica entre maíz y soja, una menor preocupación por la presencia de chicharrita y condiciones climáticas que podrían permitir que la producción maicera incluso se acerque a 70,5 millones de toneladas.
El relevamiento de la BCR marca un cambio respecto de las primeras previsiones para la campaña gruesa. Hace apenas un mes, las estimaciones indicaban una reducción mucho más pronunciada del área destinada al maíz. Ahora, las nuevas consultas realizadas por los técnicos muestran que los productores moderaron esa decisión y que el cereal recuperó parte del terreno que inicialmente parecía destinado a otros cultivos.
El área maicera proyectada llega a 10,6 millones de hectáreas, un 3,6% menos que en el ciclo anterior, pero por encima de la estimación previa. Con una superficie destinada a grano comercial de 8,9 millones de hectáreas y bajo un escenario climático considerado normal, la producción podría ubicarse en 67,5 millones de toneladas.
La BCR, sin embargo, dejó abierta la posibilidad de una cosecha superior. Los pronósticos climáticos anticipan un Niño fuerte, una condición que podría aportar lluvias suficientes para mejorar los rindes y llevar la producción hasta alrededor de 70,5 millones de toneladas, un volumen que igualaría el récord alcanzado durante la campaña anterior.

El cambio más significativo de las nuevas estimaciones aparece en el maíz. En la primera proyección para 2026/27, la BCR había calculado una caída del 7,3% en la superficie, equivalente a unas 600.000 hectáreas menos.
La reducción inicial era especialmente fuerte en el norte argentino. En algunas consultas realizadas en esa región, la intención de disminuir la superficie maicera había llegado hasta el 40%, con productores que evaluaban reemplazar el cereal por trigo y sorgo.
Uno de los principales obstáculos era el riesgo asociado a la chicharrita, insecto vector de enfermedades que afecta al maíz. A ese problema se sumaban los costos necesarios para realizar controles, estimados en unos US$55 por hectárea, y el impacto del transporte sobre los márgenes debido al precio de los combustibles.
El escenario comenzó a modificarse a medida que avanzó la campaña. Aunque los técnicos de la BCR señalaron que la ecuación económica general no experimentó un cambio sustancial, sí observaron una menor presencia de chicharrita y una serie de incentivos comerciales ofrecidos por las empresas proveedoras de insumos.
“Entre promociones, bonificaciones, agroquímicos y descuentos que se ofrecen con la compra de semilla, la caída de área va a ser menor”, explicaron los técnicos, según consignó TN.
En Chaco, la disponibilidad de financiamiento continúa siendo una de las principales limitaciones. Según los relevamientos citados por TN, hay productores con dificultades para acceder a crédito y comprar herbicidas. En ese contexto, parte de los lotes fueron preparados para evitar que las malezas avancen hasta fin de año, mientras aumentó la presencia de soja de primavera, sorgo y maíz temprano.
El maíz temprano, sin embargo, también genera preocupación sanitaria porque puede funcionar como reservorio para la chicharrita y favorecer el aumento de la población del insecto hacia el momento de siembra de los lotes tardíos.
En Santiago del Estero, la reducción de la superficie maicera también sería menor a la prevista inicialmente. Allí se registra algo de maíz temprano, aunque por debajo del nivel del año pasado, junto con un avance de la soja de primavera y el girasol.
Con estos cambios, la BCR estima ahora que la caída interanual del área maicera será de entre 26% y 27% en Chaco y Santiago del Estero, frente a las reducciones de hasta 40% que se habían contemplado inicialmente.
En la región pampeana, las decisiones son más heterogéneas.
En Buenos Aires, los productores del centro y del este mantienen cautela debido al riesgo de excesos hídricos. Sin embargo, en el sudeste provincial la comparación económica entre los dos principales cultivos favorece al maíz. Esa situación llevó a proyectar un incremento de alrededor del 1% en la superficie maicera respecto del ciclo anterior.
En Córdoba, en cambio, se espera una leve disminución de la superficie en el norte de la provincia, que llevaría el retroceso provincial al 2%.
Santa Fe presenta una situación más favorable para el cereal. En el centro de la provincia se observa una apuesta por el maíz temprano, mientras que en el sur podrían incorporarse nuevas hectáreas. El resultado sería un incremento interanual cercano al 2%.
La Pampa constituye uno de los principales puntos de retroceso. Después de haber alcanzado el año pasado un máximo histórico, la superficie prevista para esta campaña caería 7%, principalmente por el impacto de los costos de flete.
En Entre Ríos, en tanto, la estimación basada en los datos del SIBER de la Bolsa de Cereales provincial anticipa un incremento de aproximadamente 3% en la superficie destinada al cereal.
El conjunto de estas variaciones explica por qué la BCR revisó al alza su estimación nacional de superficie, aun cuando el área total continuará por debajo de la campaña anterior.
El otro cultivo que mejoró su perspectiva es el trigo. La BCR elevó en 500.000 toneladas su estimación de producción y ahora proyecta una cosecha de 21 millones de toneladas, un incremento del 2,44% respecto de la previsión anterior.
El ajuste se produce pese a que las condiciones climáticas son diferentes de las registradas durante la campaña pasada.
Hace un año, el trigo atravesó un escenario excepcionalmente húmedo, con lluvias abundantes incluso en zonas del oeste argentino que habitualmente reciben menores precipitaciones durante el invierno. Este año, en cambio, buena parte de esa región recibió volúmenes significativamente menores.
Durante las últimas semanas, además, se produjo una rápida desecación de los suelos asociada al ingreso de aire frío y seco, situación que se intensificó después de las heladas registradas durante el último fin de semana.
Como consecuencia, comenzaron a aparecer lotes con condiciones regulares en sectores de Córdoba, el noreste de Buenos Aires y Chaco. Esa superficie representa aproximadamente el 7% del área sembrada, unas 500.000 hectáreas.
Pese a ese deterioro localizado, el panorama general continúa siendo favorable. El 93% del trigo permanece en condiciones buenas a muy buenas, lo que permite sostener la nueva proyección productiva. La estimación contempla un área sembrada de 6,95 millones de hectáreas y una superficie no cosechada dentro de los valores promedio.
El escenario sanitario, de todos modos, requiere atención. En el norte del país se detectó una fuerte presión de roya, luego de un julio y agosto con temperaturas elevadas y numerosos días nublados.
En Chaco, técnicos citados por TN describieron una situación de alta presión de la enfermedad y advirtieron que, pese al buen desarrollo inicial de los cultivos, la falta de agua podría terminar afectando los rindes si no se producen nuevas precipitaciones.
“Si no llueve dentro de 10 a 15 días, vamos a quedar con rindes por debajo de la media”, señalaron técnicos de Chaco, según TN.
En otras regiones también aparece la mancha amarilla, especialmente en materiales sensibles. En la zona núcleo se evalúan aplicaciones para proteger el cultivo y prolongar el estado de la hoja bandera.
La situación es diferente en el sudeste bonaerense, donde el trigo, la cebada y las colzas presentan un estado destacado y cuentan con una adecuada reserva de humedad en los suelos.
Mientras el maíz mejora sus perspectivas, la soja recibió un ajuste a la baja. La nueva estimación de intención de siembra se ubica en 16,7 millones de hectáreas, unas 100.000 hectáreas menos que la proyección anterior.
La superficie, sin embargo, seguiría por encima de la campaña previa. La BCR calcula un crecimiento interanual cercano al 2%, pese al recorte registrado en la última estimación.
Con un rendimiento promedio estimado en 29,1 quintales por hectárea y una superficie no cosechable también dentro de los parámetros históricos, la producción podría alcanzar 47,8 millones de toneladas.
La revisión de las tres principales variables muestra así un cambio en el mapa productivo esperado para Argentina. El maíz recupera parte del terreno que parecía perder frente a la soja y otros cultivos, el trigo mantiene una proyección elevada pese a algunas dificultades climáticas y sanitarias, y la oleaginosa registra un ajuste moderado.
El nuevo escenario tendrá implicancias para la comercialización, la logística y las exportaciones agrícolas de la próxima campaña. Una mayor producción de maíz permitiría sostener una oferta importante del cereal, mientras que los 21 millones de toneladas proyectados para trigo consolidan una expectativa positiva para el cultivo de invierno.
De todos modos, las cifras todavía están sujetas a la evolución del clima. En el caso del maíz, un Niño fuerte podría llevar la cosecha hasta el nivel del récord anterior. Para el trigo, en cambio, las próximas lluvias serán determinantes en las zonas donde ya comenzaron a aparecer signos de déficit hídrico.
La campaña 2026/27 comienza así con un mapa productivo diferente al que se proyectaba apenas un mes atrás: el maíz gana espacio frente a la soja, el trigo mejora su pronóstico y el clima vuelve a ser la principal variable capaz de modificar las estimaciones.