Un estudio elaborado por especialistas del INTA El Colorado caracterizó la calidad nutricional de distintas especies forrajeras utilizadas por los sistemas ganaderos de Chaco y Formosa y aportó información sobre sus niveles de proteína y minerales esenciales. El informe, disponible para consulta online desde agosto de 2026, busca brindar herramientas para que productores y asesores puedan planificar el pastoreo, anticipar necesidades de suplementación y aprovechar mejor los recursos naturales del nordeste argentino, donde los pastizales constituyen una parte central de la alimentación de los rodeos.
La investigación parte de una situación habitual en los establecimientos ganaderos del NEA: la disponibilidad y composición de las pasturas cambia según la especie y la época del año. Conocer esas diferencias permite tomar decisiones con mayor precisión y evitar que el manejo de los animales dependa únicamente de estimaciones generales sobre el valor del recurso forrajero.
El trabajo del INTA evaluó muestras provenientes de distintos ambientes ganaderos y analizó proteína bruta, fósforo, potasio, sodio, calcio, magnesio, hierro, manganeso, cobre y zinc. Además de establecer perfiles nutricionales para cada especie, los investigadores incorporaron una comparación por estaciones para determinar cómo varía la calidad de las pasturas a lo largo del año.
La información tiene una aplicación directa en la planificación ganadera. El contenido de nutrientes de una pastura condiciona el aporte que recibe el animal y, por lo tanto, puede influir en las decisiones vinculadas con la carga animal, el momento de utilización de determinados potreros y la necesidad de incorporar suplementos.
“El informe permite conocer con mayor precisión el aporte nutricional de las principales especies forrajeras presentes en los sistemas ganaderos del NEA. Contar con esta información facilita la toma de decisiones sobre el manejo del pastoreo y la suplementación de los rodeos”, explicó Federico Miranda, investigador del INTA.
Uno de los principales resultados del relevamiento fue la diferencia registrada entre estaciones. La primavera presentó el promedio más alto de proteína bruta, con 10,26%, mientras que el otoño alcanzó 9% y el verano 8,79%. El invierno mostró el menor promedio, con 7,48%.
La diferencia entre el máximo y el mínimo estacional evidencia que el valor nutricional del recurso forrajero no permanece constante durante el ciclo anual. Para los sistemas que dependen principalmente de pastizales y especies adaptadas a las condiciones locales, disponer de estos datos puede ayudar a anticipar períodos de menor aporte nutricional.
El comportamiento también permite pensar estrategias de suplementación vinculadas con momentos específicos del año. Si la oferta natural presenta una menor concentración de proteína durante el invierno, por ejemplo, el productor puede utilizar la información como parte de la evaluación necesaria para definir si debe complementar la dieta del rodeo.
“Las variaciones que observamos entre especies y entre estaciones muestran que la calidad nutricional de las pasturas no es uniforme. Disponer de estos datos permite planificar mejor el uso de los recursos forrajeros durante el año y ajustar las decisiones de manejo según cada situación”, señaló Miranda.
El estudio no plantea una única especie como solución para todos los establecimientos, sino que muestra diferencias entre los recursos disponibles. Esa información permite considerar las características particulares de cada pastura y su aporte dentro del sistema productivo.
Entre las especies estudiadas, el pasto de bañado, identificado como Leersia hexandra / Luziola peruviana, obtuvo el mayor promedio de proteína bruta, con 12,77%. Además, presentó las concentraciones promedio más elevadas de hierro y manganeso, con 2.091 y 642 partes por millón, respectivamente.
Otra especie destacada fue el pasto jesuita gigante (Paspalum almum), que registró 11,38% de proteína bruta y mostró niveles elevados de calcio, magnesio y zinc.
La gramilla o pasto amargo (Paspalum conjugatum) alcanzó 10,59% de proteína y se caracterizó por sus contenidos de fósforo, calcio y magnesio. En este último mineral registró el promedio más alto entre las especies analizadas, con 0,37%.
El pasto dulce (Hymenachne amplexicaulis) presentó 10,71% de proteína bruta y tuvo el mayor promedio de potasio, con 3,32%. Por su parte, el pasto cadenero (Paspalum modestum) llegó a 11,16% de proteína y se distinguió por sus niveles de sodio y cobre.
La evaluación también incluyó otras especies de presencia habitual en los ambientes ganaderos estudiados. La grama bermuda (Cynodon dactylon) alcanzó 11,28% de proteína; el pasto horqueta (Paspalum notatum), 10,12%; y el pasto colorado (Paspalum urvillei), 9,88%.
En un nivel intermedio se ubicaron el pasto salado (Paspalum alcalinum) y el pasto nilo (Panicum milioides). Los menores promedios de proteína correspondieron al espartillo o cola de ratón (Sporobolus indicus), el pasto crespo (Paspalum intermedium), el pasto estrella (Cynodon plectostachium) y el dicantio erecto (Dicanthium aristatum).
La comparación permite observar que dos especies que forman parte de un mismo sistema productivo pueden aportar cantidades diferentes de determinados nutrientes. Por eso, la identificación de los perfiles de cada una puede resultar útil al momento de definir qué sectores del campo utilizar en determinados períodos.
La investigación no se concentró exclusivamente en la proteína. Los especialistas analizaron una serie de minerales esenciales que participan en distintos procesos vinculados con la nutrición animal.
En el caso del fósforo, los mayores valores promedio fueron registrados en la gramilla o pasto amargo y en la setaria (Setaria kazungula), ambas con 0,31%.
La gramilla y el pasto jesuita gigante se destacaron por sus concentraciones de calcio. La primera especie también presentó el mayor contenido promedio de magnesio, mientras que el pasto de bañado encabezó los registros de hierro y manganeso.
En otros minerales, los resultados estuvieron asociados a especies diferentes. El pasto cadenero mostró el mayor contenido de cobre y el pasto jesuita gigante se destacó por sus niveles de zinc.
Este tipo de información permite complementar la evaluación visual de una pastura. Una especie puede presentar una buena producción de biomasa y, al mismo tiempo, tener un perfil nutricional diferente al de otra especie disponible en el mismo establecimiento.
Para los productores, conocer esa composición puede contribuir a una planificación más precisa del uso de los potreros. También ofrece elementos para evaluar si las necesidades nutricionales del rodeo están cubiertas durante determinadas etapas productivas.
El relevamiento adquiere especial importancia en el NEA, donde buena parte de la producción ganadera se desarrolla sobre ambientes que cuentan con pastizales naturales y especies forrajeras adaptadas a las condiciones locales.
La adaptación de estas especies permite sostener sistemas productivos en ambientes donde las características climáticas, edáficas y de disponibilidad de agua condicionan la oferta de alimento. Sin embargo, esa adaptación no implica que el valor nutricional sea igual durante todo el año.
La información generada por el INTA puede incorporarse a las decisiones de manejo junto con otros datos del establecimiento, como disponibilidad de materia seca, carga animal, categoría del rodeo, estado corporal y objetivos productivos.
El aporte de proteína constituye uno de los indicadores centrales para evaluar la calidad de un recurso forrajero, pero el análisis de minerales amplía la mirada sobre el valor nutricional de cada especie. Por eso, el estudio permite construir perfiles más completos y utilizarlos como referencia para los sistemas ganaderos de la región.
El trabajo también puede ser de utilidad para asesores y profesionales veterinarios y agronómicos, que cuentan con información específica sobre especies presentes en los ambientes de Chaco y Formosa. La posibilidad de consultar los resultados en el repositorio institucional del INTA facilita el acceso a los datos y su incorporación en recomendaciones de manejo.
La investigación no reemplaza los análisis particulares que puedan realizarse en cada establecimiento, ya que la composición de una pastura puede variar según el ambiente, el estado de crecimiento y las condiciones de cada campaña. Sin embargo, ofrece una referencia regional para interpretar el comportamiento de las principales especies evaluadas.
En ese sentido, uno de los aportes centrales del estudio es mostrar que la calidad del forraje debe analizarse de manera dinámica. La estación del año y la especie disponible son dos variables que pueden modificar de manera significativa el aporte de nutrientes.
Con una primavera que presentó el mayor promedio de proteína y un invierno con el valor más bajo, la planificación anual adquiere un papel relevante. El productor puede utilizar esta información para anticipar los períodos en los que será necesario prestar mayor atención a la alimentación del rodeo y evaluar alternativas de suplementación.
El informe también aporta elementos para pensar el manejo de los recursos naturales desde una perspectiva de mayor eficiencia. Identificar las especies con mejores perfiles nutricionales permite valorar su presencia dentro del sistema y considerar estrategias que favorezcan su aprovechamiento sin comprometer la disponibilidad futura del recurso.
Para una actividad ganadera que depende en buena medida de la oferta forrajera regional, contar con información cuantitativa sobre proteína y minerales representa una herramienta adicional para tomar decisiones. El estudio del INTA El Colorado reúne esos datos y los pone a disposición de productores y técnicos.
Los resultados muestran que las pasturas del nordeste argentino presentan diferencias importantes en su composición nutricional, tanto entre especies como entre estaciones. Esa variabilidad puede convertirse en información útil cuando se incorpora a la planificación del pastoreo y de la suplementación.
El objetivo final es avanzar hacia un manejo más preciso de los recursos disponibles. En lugar de considerar a los pastizales como una oferta uniforme durante todo el año, los datos permiten reconocer sus particularidades y adaptar las decisiones productivas a cada momento y ambiente.