Guillermo Rauch, fundador y CEO de Vercel, anticipó que la inteligencia artificial transformará el trabajo y abrirá nuevas oportunidades para quienes puedan entender problemas, dar contexto a los agentes y evaluar con criterio los resultados. Su visión apunta a un futuro en el que la tecnología permitirá producir más y ampliar la capacidad de crear software y nuevos negocios.
El empresario argentino, nacido en Lanús y convertido en una de las figuras tecnológicas de Silicon Valley, sostiene que la inteligencia artificial no implica necesariamente el reemplazo de las personas. Por el contrario, considera que el cambio puede elevar el valor de las capacidades humanas vinculadas con el criterio, la creatividad, la autonomía y la capacidad de tomar decisiones.
Al frente de Vercel, una compañía valuada en miles de millones de dólares y creadora de tecnologías como Next.js y v0, Rauch impulsa una transformación para adaptar la empresa a una nueva etapa dominada por aplicaciones y agentes de inteligencia artificial.
“Antes construíamos páginas. Ahora vamos a construir agentes”, resumió al explicar la evolución que atraviesa la compañía y el futuro que imagina para el desarrollo tecnológico.
Para Rauch, uno de los principales cambios estará en la forma de trabajar. Durante años, saber programar fue una de las habilidades más demandadas por la industria tecnológica. Sin embargo, a medida que los modelos de inteligencia artificial pueden generar mayores cantidades de código, el diferencial comienza a trasladarse hacia otras capacidades.
La ventaja estará en comprender sistemas, formular correctamente los problemas, aportar contexto, conectar herramientas y evaluar la calidad de los resultados.
En ese escenario, el trabajo humano puede pasar de la ejecución directa a una función de mayor valor: dirigir, seleccionar, corregir y mejorar lo que producen los sistemas de inteligencia artificial.
Rauch también considera que esta transformación puede ampliar la cantidad de personas capaces de crear tecnología. Herramientas como v0 permiten describir en lenguaje natural una aplicación para que la inteligencia artificial comience a desarrollarla.
El cambio, según su visión, no se limita a los programadores. Áreas como marketing, operaciones, producto y diseño también podrían aprovechar agentes para crear nuevas herramientas y resolver problemas con mayor velocidad.
Ese proceso obliga a repensar incluso cómo funcionan las empresas. Rauch plantea un modelo que denomina “Recursive Founder Mode”, basado en construir organizaciones donde más personas puedan asumir autonomía, responsabilidad y capacidad de decisión.
La idea es evitar que todas las decisiones dependan de una estructura jerárquica tradicional. En cambio, las empresas pueden desarrollar equipos capaces de actuar con mentalidad de fundador y hacerse cargo del resultado completo de los productos.
La inteligencia artificial también puede ayudar a reducir uno de los principales costos invisibles de las organizaciones: la coordinación. Vercel desarrolló un agente interno conocido como V, diseñado para facilitar el acceso a información y resolver tareas que antes requerían más intercambios entre personas.
La visión de Rauch apunta a organizaciones donde cada trabajador pueda contar con agentes de IA capaces de colaborar en distintas tareas. En lugar de reducir necesariamente la capacidad humana, la tecnología podría multiplicar el alcance de cada persona.
Este cambio también tendrá impacto sobre la industria del software. Si desarrollar una aplicación se vuelve más rápido y accesible, algunas compañías podrán crear soluciones propias para resolver necesidades específicas.
Sin embargo, Rauch no plantea la desaparición del software, sino una nueva competencia. Las empresas que aporten infraestructura, datos, distribución, comunidades y capacidades difíciles de replicar conservarán una ventaja relevante.
En ese contexto, el código podría perder parte de su valor como barrera de entrada, mientras que ganarían importancia otros factores como la marca, la velocidad de aprendizaje y el criterio para detectar oportunidades.
La pregunta central, entonces, dejará de ser solamente quién puede construir algo. El desafío será definir qué vale la pena construir.
Para Rauch, la inteligencia artificial está reduciendo el costo de crear y acelerando la velocidad de ejecución. Su respuesta frente a esa transformación no es reducir la ambición, sino aprovechar las nuevas herramientas para aumentar la capacidad de producción.
“¿10.000 horas? ¿996? Eso son números de novato”, afirmó durante una conversación sobre la intensidad del trabajo y la velocidad de la innovación.
Detrás de la frase hay una visión más amplia: si la inteligencia artificial permite avanzar más rápido, el desafío para las personas y las empresas será aprender a utilizar esa capacidad para crear más, resolver problemas de mayor escala y elevar sus objetivos.
La habilidad más valiosa de la nueva era, según la mirada de Guillermo Rauch, no será solamente saber ejecutar una tarea, sino tener el criterio para decidir qué hacer, cómo hacerlo y cómo mejorar el resultado.