Chevron negoció ampliar su presencia en Venezuela mediante derechos de operación sobre dos campos petroleros de la región de Carabobo, en la Faja del Orinoco, mientras Estados Unidos avanza con un rediseño de su participación en la industria energética del país sudamericano. La operación podría darle acceso a yacimientos con reservas de miles de millones de barriles de crudo pesado, según informó Infobae.
Las conversaciones se desarrollaron en paralelo a una estrategia más amplia de Washington orientada a aumentar la producción venezolana y reforzar su capacidad de influencia sobre el destino del petróleo.
Según informó Infobae, los campos que interesan a Chevron se encuentran cerca de otro gran yacimiento que la compañía ya explota a través de PetroIndependencia, su empresa conjunta con Petróleos de Venezuela SA.
La petrolera texana es actualmente la única gran compañía estadounidense con operaciones activas en Venezuela y mantuvo contactos con el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez para analizar nuevas condiciones fiscales que permitan avanzar con inversiones adicionales.
El movimiento de Chevron coincide con una serie de acuerdos que modifican el escenario petrolero venezolano. La Casa Blanca informó que North American Blue Energy Partners (NABEP) recibió concesiones por 100 años sobre 17 yacimientos del país.
El esquema incluye condiciones favorables para Estados Unidos. El Departamento de Estado obtuvo el derecho a adquirir un 20% de la producción a precio de costo y tendrá prioridad para comprar el 80% restante a valores de mercado.
Washington también tendrá poder de veto sobre la designación de miembros del directorio de NABEP, mientras que la mayoría de sus integrantes deberá tener nacionalidad estadounidense.
El presidente Donald Trump presentó estos acuerdos como una herramienta para reforzar la seguridad energética de Estados Unidos. “Todo viene a Estados Unidos para las refinerías”, afirmó el mandatario en declaraciones citadas por Infobae.
El objetivo oficial contempla utilizar parte del petróleo para reforzar las reservas estratégicas estadounidenses y aumentar el suministro disponible para las refinerías del país.
En ese contexto, un eventual acuerdo con Chevron tendría un peso significativo. La compañía analiza sumar nuevos activos en la Faja del Orinoco, una de las zonas con mayores reservas de crudo pesado del mundo.
La expansión se produciría además en un momento de creciente interés de empresas estadounidenses sobre el sector energético venezolano.
NABEP proyecta elevar la producción de sus operaciones en el lago de Maracaibo y la Faja del Orinoco hasta superar 1 millón de barriles diarios. Esa cifra se aproxima al nivel total que actualmente produce Venezuela, estimado en alrededor de 1,1 millones de barriles por día.
La estrategia estadounidense también incluye una participación directa en el capital de la compañía. Según la información oficial citada por Infobae, la Oficina de Capital Estratégico del Pentágono tendrá una participación accionaria del 35% en la matriz de NABEP.
La Casa Blanca sostuvo que esta operación no será financiada por los contribuyentes y estimó que la participación podría generar para Estados Unidos valor y dividendos por cientos de miles de millones de dólares.
Sin embargo, el potencial petrolero venezolano convive con importantes limitaciones de infraestructura. El país posee algunas de las mayores reservas probadas de crudo del mundo, pero su industria arrastra décadas de falta de inversión, deterioro de oleoductos, derrames y problemas en los equipos productivos.
Eso plantea dudas sobre la velocidad con la que las compañías podrían incrementar la producción hasta los niveles proyectados.

La negociación de Chevron aparece así como una pieza dentro de un cambio más amplio en la relación entre Estados Unidos y el sector energético venezolano. Washington busca incrementar la producción, atraer capital estadounidense y ganar mayor influencia sobre la comercialización del crudo.
Al mismo tiempo, la estrategia genera interrogantes políticos dentro y fuera de Venezuela. Sectores opositores manifestaron preocupación por el impacto que los acuerdos energéticos puedan tener sobre las negociaciones institucionales y el proceso político del país.
La Casa Blanca, por su parte, aseguró que mantiene su respaldo a reformas mediante conversaciones entre las autoridades interinas y sectores de la oposición.