El Gobierno aprobó este lunes el ingreso al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) del proyecto de Pampa Energía para construir una mega planta de fertilizantes en Bahía Blanca, una iniciativa que contempla una inversión de US$2.693 millones hasta diciembre de 2029. La autorización fue formalizada mediante la Resolución 1468/2026 del Ministerio de Economía y habilita a Fértil Pampa SAU, sociedad creada específicamente para desarrollar el emprendimiento, a avanzar con una obra que busca producir 2,1 millones de toneladas de urea por año, sustituir importaciones y generar un nuevo flujo de exportaciones.
La aprobación, publicada en el Boletín Oficial, representa un paso determinante para uno de los mayores proyectos industriales vinculados con la transformación del gas de Vaca Muerta en productos destinados al sector agropecuario. El complejo se instalará en Ingeniero White, dentro del área del Puerto de Bahía Blanca, y tendrá como principal materia prima el gas natural proveniente de la formación neuquina.
La magnitud de la inversión ubica al proyecto entre los emprendimientos industriales de mayor escala aprobados bajo el RIGI. El plan de Pampa Energía contempla no solo las plantas destinadas a producir urea y amoníaco, sino también una infraestructura complementaria necesaria para procesar el gas, disponer de agua industrial, generar vapor, producir nitrógeno y almacenar y despachar los fertilizantes,informo Bichos de Campo.
El proyecto denominado “Fertilizantes” estará integrado por dos plantas gemelas de urea granulada, cada una con una capacidad de producción de 3.000 toneladas diarias. A ellas se sumará una planta de amoníaco con una capacidad de 3.450 toneladas por día.
En conjunto, las instalaciones permitirán alcanzar una producción estimada de aproximadamente 2,1 millones de toneladas de urea anuales una vez que el complejo entre en operación.
El objetivo es atender una parte sustancial de la demanda argentina de fertilizantes nitrogenados y, al mismo tiempo, desarrollar una capacidad exportadora. El país mantiene desde hace años una dependencia significativa de las compras externas de urea: actualmente importa alrededor de 1,3 millones de toneladas por año.
La puesta en marcha de una planta de esta dimensión modificaría ese esquema. Según las estimaciones asociadas al proyecto, la producción local permitiría reducir las importaciones y generar excedentes para vender en el exterior, con un impacto potencial sobre la balanza comercial cercano a US$1.000 millones anuales.
De ese monto, las exportaciones podrían representar más de US$800 millones por año, de acuerdo con las proyecciones difundidas por el Ministerio de Economía y la compañía.
El emprendimiento contempla además unidades auxiliares para garantizar el funcionamiento integral del complejo. La resolución de Economía incluye entre ellas sistemas de agua de enfriamiento, desmineralización, compresión de gas, generación de vapor y producción de nitrógeno, junto con las instalaciones destinadas al almacenamiento y despacho de urea y amoníaco.
De esta manera, la inversión busca conformar un complejo industrial integrado, con capacidad para transformar un recurso energético disponible en el país en un insumo fundamental para la producción agrícola.
Los US$2.693 millones reconocidos dentro del régimen de promoción se desembolsarán en dos grandes etapas.
La primera abarcará el período comprendido hasta diciembre de 2027 y demandará unos US$1.105 millones. En esta fase estarán concentradas principalmente las tareas de ingeniería y la adquisición de equipamiento necesario para la construcción del complejo.
La segunda etapa se extenderá desde 2028 hasta diciembre de 2029 y requerirá otros US$1.588 millones. En ese período se prevén las tareas de montaje, comisionado y puesta en marcha de las instalaciones.
La obra será ejecutada bajo un esquema de contrato “llave en mano”, adjudicado a un consorcio integrado por la italiana Tecnimont y la argentina SACDE.
Según surge de la documentación oficial, aproximadamente el 46% de la inversión estará vinculado con componentes y tecnología que deberán ser adquiridos en el exterior. En cambio, las obras que se ejecuten dentro del país serán contratadas íntegramente con proveedores locales.
La combinación de proveedores nacionales y tecnología importada responde a las características de un proyecto industrial de alta complejidad, que requiere equipamiento especializado para las distintas etapas de producción de amoníaco y urea.
Uno de los aspectos centrales de la iniciativa es la posibilidad de agregar valor al gas natural de Vaca Muerta. El proyecto utilizará ese recurso como principal insumo para producir amoníaco y posteriormente urea, uno de los fertilizantes nitrogenados más utilizados por la agricultura.
La estrategia plantea así una conexión directa entre dos sectores considerados claves para la economía argentina: la industria energética y el complejo agroexportador.
La disponibilidad de gas natural es un factor determinante para la competitividad de la producción de fertilizantes. En ese sentido, la expansión de Vaca Muerta no solo permite aumentar la oferta energética, sino que también abre oportunidades para desarrollar industrias que utilicen el gas como materia prima.
Para Pampa Energía, el proyecto supone una ampliación de su perfil industrial y una apuesta de largo plazo por la integración entre energía y agroindustria.
La localización en Bahía Blanca también responde a factores logísticos. La zona cuenta con infraestructura portuaria y una fuerte concentración de actividad industrial, condiciones que pueden facilitar tanto el abastecimiento de materias primas como la distribución de fertilizantes hacia el mercado interno y la salida de producción al exterior.
La proximidad con el puerto resulta especialmente relevante para un proyecto que contempla exportaciones de gran volumen. La infraestructura disponible en el área permitirá articular la producción industrial con las rutas comerciales internacionales.
La iniciativa comenzó a tomar forma en 2024, cuando Pampa Energía reservó unas 80 hectáreas dentro del ámbito del Puerto de Bahía Blanca para desarrollar el complejo.
Desde entonces, el proyecto avanzó en sus distintas etapas de planificación hasta llegar a la presentación formal de la solicitud de adhesión al RIGI. La empresa presentó el pedido durante abril de 2026 y, en julio, confirmó su intención de concretar la inversión.
La aprobación oficial llegó ahora con la publicación de la Resolución 1468/2026, que reconoce al proyecto y a Fértil Pampa SAU dentro del régimen creado para promover grandes inversiones en sectores estratégicos.
El RIGI ofrece un conjunto de beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios destinados a mejorar las condiciones para proyectos de gran escala y largo plazo. Para una obra que requiere casi US$2.700 millones y varios años de construcción, el régimen constituye un elemento central dentro de la estructura financiera y económica del emprendimiento.
La aprobación no significa que el complejo comience a producir de inmediato. El cronograma contempla varios años de ingeniería, adquisición de equipos, construcción y montaje antes de alcanzar la etapa de operación comercial prevista.
Además del efecto sobre la producción de fertilizantes y el comercio exterior, el proyecto tendrá impacto sobre la actividad industrial y el empleo durante su construcción.
Las estimaciones oficiales señalan que la obra podría generar unos 4.800 puestos de trabajo durante la etapa de ejecución. Una vez que la planta entre en funcionamiento, se sumará el empleo asociado a la operación del complejo, el mantenimiento, los servicios industriales, la logística y las actividades vinculadas con la comercialización de los fertilizantes.
El proyecto también puede generar demanda para empresas argentinas que participen como proveedoras de bienes y servicios. Aunque una parte significativa del equipamiento tecnológico deberá importarse, la resolución establece que las obras realizadas en el país serán contratadas con proveedores locales.
El efecto buscado trasciende, por lo tanto, la sustitución de fertilizantes importados. La apuesta consiste en desarrollar una nueva cadena industrial vinculada con el gas natural, incorporar valor en territorio argentino y ampliar la capacidad exportadora del país.
La producción prevista de 2,1 millones de toneladas anuales de urea representa una escala suficiente para modificar de manera significativa el balance entre producción doméstica, importaciones y exportaciones de este fertilizante.
La aprobación del RIGI constituye así un nuevo avance para una inversión que Pampa Energía comenzó a estructurar hace dos años y que ahora cuenta con respaldo formal del Estado para continuar hacia las siguientes etapas.
Con la autorización de Economía, el proyecto de US$2.693 millones queda incorporado al esquema de grandes inversiones y avanza hacia una nueva fase de ejecución. Su desarrollo será seguido de cerca por los sectores energético, industrial y agropecuario, debido al potencial de convertir parte del gas de Vaca Muerta en un insumo estratégico para el campo y, a la vez, reducir una de las fuentes de salida de divisas vinculadas con la producción agrícola.
Si se cumple el cronograma previsto, Bahía Blanca sumará hacia el final de la década un complejo industrial de escala internacional, con capacidad para abastecer una parte importante del mercado argentino de urea y generar excedentes destinados a la exportación.