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Pistacho, el nuevo negocio del agro: inversión, dólares y una oportunidad exportadora en expansión

La superficie cultivada creció 20% en un año y ya supera en 500% el área de hace cinco años, impulsada por la demanda externa

Pistacho, el nuevo negocio del agro: inversión, dólares y una oportunidad exportadora en expansión
lunes 14 de septiembre de 2026 - 10:28

El pistacho gana espacio en el mapa productivo argentino y comienza a disputar tierras tradicionalmente destinadas a la vitivinicultura, en particular en San Juan y Mendoza, donde la superficie implantada con este fruto seco creció 20% entre 2024 y 2025. El avance responde a la demanda internacional, las perspectivas de exportación y una rentabilidad estimada superior al 16% en dólares, factores que despiertan el interés de productores e inversores en un contexto de dificultades para la producción de uva. El relevamiento de AgroFides, desarrolladora de proyectos agrícolas de escala, contabilizó unas 1.800 nuevas hectáreas de pistacho durante el último año.

El crecimiento modifica de manera gradual el escenario de las economías regionales de Cuyo. Aunque todavía no existen estadísticas que permitan cuantificar cuántas hectáreas de vid fueron reemplazadas específicamente por pistachos, el sector observa que algunos productores comenzaron a incorporar el fruto seco como una alternativa dentro de sus establecimientos, sin abandonar por completo la actividad vitivinícola.

El fenómeno ocurre mientras la superficie destinada a la vid continúa reduciéndose. De acuerdo con las estadísticas del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), al 31 de diciembre de 2025 había 3.726 hectáreas menos de viñedos que un año antes. En la última década, la reducción acumulada llegó a 27.724 hectáreas, equivalente al 12,4% del área cultivada.

Una alternativa que atrae inversiones

El interés por el pistacho no responde únicamente a una cuestión productiva. Para el mercado de inversiones agropecuarias, el cultivo comenzó a adquirir atractivo por la combinación de demanda global creciente, oferta relativamente limitada y potencial exportador.

Según el relevamiento de AgroFides, el consumo mundial de pistachos registra un crecimiento cercano al 6,5% anual, una evolución que sostiene las expectativas sobre el comportamiento futuro del mercado. A esto se suma que la participación argentina en la producción mundial todavía es reducida, por lo que existe margen para incrementar la superficie cultivada y ampliar la presencia del país en los mercados internacionales.

Estamos viendo un interés creciente por proyectos vinculados al pistacho porque reúne atributos que hoy son muy valorados por los inversores: escasez relativa de oferta global, potencial exportador y perspectivas de largo plazo en un mercado que continúa expandiéndose”, explicó Juan Ignacio Ponelli, CEO y fundador de AgroFides, en declaraciones difundidas por TN.

Pistacho, el nuevo negocio del agro: inversión, dólares y una oportunidad exportadora en expansión

La comparación con la vitivinicultura constituye otro de los factores que explican el cambio de interés entre algunos productores. Mientras la producción de uva para vinificar enfrenta un escenario de márgenes ajustados, las estimaciones citadas para el pistacho ubican la rentabilidad por encima del 16% anual en dólares.

Esa diferencia económica genera incentivos para analizar alternativas productivas, aunque el pistacho tiene características que obligan a pensar las inversiones con un horizonte de largo plazo. Se trata de una plantación que requiere años para alcanzar su madurez productiva, por lo que la decisión de implantar nuevas hectáreas no implica un reemplazo inmediato de la actividad existente.

San Juan concentra el crecimiento

San Juan es actualmente la provincia con mayor superficie implantada de pistacho del país y concentra buena parte de los nuevos desarrollos. Mendoza también registra un aumento sostenido de proyectos.

Las condiciones naturales de ambas provincias resultan favorables para el cultivo. El pistacho se adapta particularmente bien a determinadas zonas áridas y requiere sistemas de riego eficientes, un aspecto en el que las economías regionales cuyanas cuentan con experiencia acumulada.

La disponibilidad y gestión del agua se convierte, por lo tanto, en un factor central para evaluar la expansión del cultivo. La implantación de nuevas superficies requiere inversiones iniciales y planificación de largo plazo, pero el potencial de producción de un cultivo orientado a mercados internacionales genera expectativas entre los desarrolladores de proyectos agrícolas.

En los últimos cinco años, el área plantada con pistacho en Argentina aumentó más de 500%, según las estimaciones difundidas por el sector. El incremento muestra que la expansión no constituye solamente un fenómeno de los últimos meses, sino una tendencia que viene consolidándose en las principales zonas productoras.

El ritmo de crecimiento, de todos modos, todavía no permite hablar de un reemplazo generalizado de la vitivinicultura. La transformación es localizada y se concentra en determinadas áreas donde las condiciones productivas y económicas favorecen la incorporación del fruto seco.

La crisis de la vid abre espacio para nuevos cultivos

El avance del pistacho coincide con un período complejo para la vitivinicultura mundial. La caída del consumo de vino, la reducción de superficie y la presión sobre los márgenes de los productores generaron un escenario que obliga a muchas explotaciones a revisar sus estrategias.

En Argentina, la reducción de la superficie de viñedos registrada durante la última década refleja parte de ese proceso. Las 27.724 hectáreas perdidas en diez años representan un descenso del 12,4% del área productiva.

En este contexto, algunos establecimientos comenzaron a evaluar esquemas de diversificación. En lugar de abandonar completamente la uva, incorporan pistacho en nuevas superficies o destinan parte de sus tierras a la producción de frutos secos.

Ponelli explicó que el fenómeno debe interpretarse como una transformación gradual de las economías regionales. “Lo que estamos viendo es un proceso de diversificación productiva dentro de las economías regionales, no un reemplazo masivo de la vitivinicultura”, señaló el empresario, según publicó TN.

La incorporación de pistachos tampoco supone que todas las tierras vitivinícolas sean automáticamente aptas para este cultivo. La disponibilidad de agua, las características del suelo, las temperaturas y la planificación de la plantación son variables determinantes para definir la viabilidad de cada proyecto.

Por eso, el proceso observado en Cuyo se desarrolla de manera selectiva. El interés está puesto especialmente en zonas donde la combinación de condiciones agroclimáticas, infraestructura de riego y acceso a mercados permite construir proyectos competitivos.

Un cultivo pensado para el mercado externo

Uno de los principales atractivos económicos del pistacho es su orientación exportadora. El crecimiento de la demanda mundial y la concentración de la producción en determinados países generan oportunidades para nuevos proveedores.

Estados Unidos e Irán se encuentran entre los principales productores mundiales, mientras que otros países intentan incrementar su participación mediante estrategias vinculadas con calidad, diferenciación y ventanas comerciales.

Para Argentina, el desafío consiste en desarrollar una escala suficiente para competir internacionalmente y, al mismo tiempo, construir una cadena de valor que incluya producción, procesamiento, empaque y comercialización.

La expansión registrada en San Juan y Mendoza representa una primera etapa de ese proceso. El incremento de superficie permite ampliar la futura oferta exportable, aunque las nuevas plantaciones requieren un período prolongado antes de alcanzar su máximo potencial productivo.

Esto explica también por qué el pistacho despierta interés entre inversores con una mirada de largo plazo. A diferencia de cultivos anuales, la decisión de implantar un monte implica comprometer capital y tierra durante muchos años.

La perspectiva de una demanda internacional sostenida es, en ese sentido, un componente central de los proyectos. El crecimiento mundial del consumo aporta una señal favorable para quienes analizan inversiones agrícolas con horizontes prolongados.

El escenario plantea así una nueva competencia por el uso de la tierra en algunas zonas de Cuyo. La vid mantiene un peso central en la identidad y economía regional, pero enfrenta la necesidad de mejorar su rentabilidad, mientras que el pistacho aparece como una alternativa capaz de combinar producción de alto valor, orientación exportadora y expectativas de rentabilidad en dólares.

El proceso todavía es incipiente y no existen datos oficiales que permitan afirmar que el pistacho está reemplazando masivamente a la vid. Sin embargo, el crecimiento de 20% en la superficie durante un solo año y de más de 500% en cinco años muestra que el cultivo dejó de ser una actividad marginal para convertirse en una opción cada vez más considerada por productores y capitales privados.

En las economías regionales argentinas, donde la rentabilidad y el acceso a los mercados externos condicionan cada vez más las decisiones productivas, el pistacho busca ocupar ese espacio. Y en Cuyo, esa expansión ya comenzó a modificar, aunque de manera gradual, el destino de algunas hectáreas que durante generaciones estuvieron asociadas a la vid.

 

 

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