El avance de los biocombustibles y la demanda de soja y maíz suma un factor estructural al mercado agrícola internacional. Según publicó TN el 12 de octubre de 2026, un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), elaborado por Matías Contardi y Emilce Terré, analizó cómo la expansión del bioetanol y el biodiésel en Estados Unidos y Brasil incide sobre los precios, el consumo interno y las exportaciones.
El reporte sostiene que los granos ya no responden solamente a la demanda alimentaria y a los costos de producción. La utilización de materias primas agrícolas para fabricar combustibles también compite por la oferta disponible y puede modificar la relación entre las cotizaciones de distintos países.
De acuerdo con los datos citados en el informe, en el año 2000 se utilizaron 22 millones de toneladas de maíz para producir bioetanol en el mundo. En 2010, el volumen había llegado a 144 millones de toneladas. Para 2026, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estima un uso de 205 millones de toneladas.
En el caso del biodiésel, el reporte cita proyecciones de Oil World según las cuales la producción de ese combustible requeriría en 2026 el equivalente a 89 millones de toneladas de soja. El cálculo representa cerca del 24% del consumo mundial de la oleaginosa y considera el poroto necesario para obtener el aceite utilizado en la industria.
Estados Unidos y Brasil concentran una porción importante de esta actividad. Según las cifras citadas por la BCR, ambos países reúnen el 79% de la producción mundial de bioetanol y el 73% del consumo. En biodiésel, representan el 40% de la producción global y el 44% del consumo; además, explican el 77% de la producción de biodiésel elaborado con aceite de soja.
El informe relaciona el encarecimiento del petróleo durante 2026 con el movimiento de los mercados agrícolas. En junio, el aceite de soja en Chicago llegó a US$ 1.747 por tonelada, una suba del 60% desde enero, según la publicación. El precio del aceite continuó en niveles superiores a los de comienzos del año, aunque por debajo del máximo alcanzado a mediados de 2026.
En Argentina, el precio de exportación del aceite de soja acompañó esa tendencia, pero con menor intensidad. La BCR señaló que la diferencia entre la cotización local y Chicago llegó a un máximo de 33% y que, desde fines de febrero, el aceite argentino operó con una prima negativa promedio del 24% frente al mercado estadounidense.
El reporte también indica que en Estados Unidos los mandatos obligatorios de mezcla de aceite de soja para biocombustibles aumentaron 77% en 2026 respecto de 2025. Ese cambio implicó procesar el equivalente a 3,7 millones de toneladas adicionales de soja, de acuerdo con el análisis publicado por TN.
El mayor uso industrial puede reducir la cantidad de grano o aceite disponible para vender al exterior y elevar los precios internos en los países con una demanda energética fuerte. El informe cita como ejemplo a Brasil, que había exportado 14,5 millones de toneladas de maíz en 2026, un volumen 13% inferior al promedio de los seis años anteriores, pese a que la oferta total de la campaña era 25% superior.
Para la BCR, el precio de la energía actúa por dos vías: encarece los costos de producción y, al mismo tiempo, estimula la demanda de materias primas destinadas a sustituir combustibles fósiles. El efecto puede ser más marcado en los países donde la industria de biocombustibles tiene mayor peso.
El análisis concluye que las cotizaciones de los principales orígenes pueden separarse ante cambios en la demanda energética, aunque no desconectarse por completo porque los precios internacionales tienden a arbitrar entre sí.