La sarna del peral presenta un riesgo severo de infección en el Alto Valle de Río Negro, donde las lluvias frecuentes y la elevada humedad favorecieron condiciones propicias para el desarrollo de enfermedades en frutales de pepita. El INTA Alto Valle recomendó reforzar el monitoreo sanitario, especialmente en montes con antecedentes de la enfermedad, y ajustar las estrategias de protección de los cultivos, según informó Argentina.gob.ar el 15 de octubre de 2026.
El informe técnico advierte que las condiciones registradas durante la primavera de 2026 plantean desafíos para la producción frutícola de la Norpatagonia. Entre fines de septiembre y comienzos de octubre, los frutales atravesaron etapas fenológicas sensibles, en las que la humedad persistente puede favorecer las infecciones.
La alerta se apoya en los registros de la red de estaciones meteorológicas del INTA Alto Valle. A partir de esos datos, los especialistas elaboran boletines fitosanitarios para identificar situaciones de riesgo y orientar las decisiones de manejo en las distintas localidades.
La sarna del peral es una enfermedad causada por el hongo Venturia pyrina. Su desarrollo se favorece cuando las lluvias o los períodos prolongados de humedad coinciden con temperaturas adecuadas para la infección.
El patógeno puede afectar hojas, flores y frutos. En las peras, produce manchas oscuras que pueden derivar en deformaciones y pérdidas de calidad comercial. Las flores y las hojas jóvenes son especialmente susceptibles, por lo que una infección durante esas etapas puede generar lesiones en los tejidos y provocar la caída prematura de las flores.
El riesgo sanitario no depende solamente de la cantidad de lluvia acumulada. También influyen la temperatura durante el período húmedo y el tiempo durante el cual permanece la humedad en los tejidos vegetales.
“Los registros indicaron un índice de riesgo severo de infección de sarna para todo el Alto Valle, con condiciones homogéneas en toda la región. El monitoreo de las condiciones meteorológicas permite identificar situaciones de riesgo y ajustar las estrategias de manejo sanitario”, explicó Marisa Aluminé Tudela, especialista del INTA Alto Valle.
En variedades susceptibles, como Williams y Red Bartlett, los especialistas recomiendan prestar especial atención a los montes con antecedentes de sarna.
En esos casos, la recomendación es aplicar fungicidas sistémicos dentro de las 48 a 96 horas posteriores al inicio de la lluvia, siempre de acuerdo con las indicaciones de uso de cada producto.
El momento de aplicación es relevante porque la infección puede permanecer sin síntomas visibles durante un período prolongado. Según el informe, entre la infección y la aparición de las primeras manifestaciones pueden transcurrir entre dos y tres semanas, según las temperaturas.
Por ese motivo, el INTA recomienda realizar un monitoreo de hojas y frutos jóvenes a comienzos de noviembre de 2026. La revisión de los montes permitirá identificar posibles síntomas y evaluar la situación sanitaria después de los períodos de riesgo.
Además de la sarna, las condiciones de humedad durante la floración y la caída de pétalos pueden favorecer infecciones por hongos como Botrytis y Cladosporium. Estos patógenos pueden permanecer latentes y manifestarse como podredumbres durante la poscosecha.
“Las condiciones de humedad durante la floración y la caída de pétalos pueden favorecer las infecciones por hongos como Botrytis y Cladosporium, que pueden permanecer latentes y manifestarse como podredumbres durante la poscosecha. Por eso, es importante prestar especial atención a los lotes con antecedentes de estos problemas”, señaló Jonatán Lago, especialista del INTA Alto Valle.
Las lluvias persistentes no solo elevan el riesgo fitosanitario. También pueden dificultar las labores dentro de los establecimientos frutícolas.
La elevada humedad del suelo limita el tránsito de tractores y el ingreso de maquinaria a los montes, lo que complica las aplicaciones y otras tareas de manejo.
Ante esas dificultades, el equipo técnico evalúa el uso de drones para aplicar productos fitosanitarios. Estos equipos permitirían realizar aplicaciones dirigidas con dispositivos livianos y reducir el tránsito de maquinaria dentro de las chacras.
Sin embargo, la tecnología requiere evaluaciones previas. El INTA señala que es necesario comprobar la calidad de la aplicación y la eficacia del control, además de respetar las recomendaciones técnicas y la normativa vigente.
La incorporación de drones, por lo tanto, se encuentra en evaluación y no debe interpretarse como una alternativa ya validada para todos los establecimientos o situaciones productivas.
El monitoreo meteorológico y sanitario continúa siendo una herramienta central para definir las intervenciones. La identificación de períodos de riesgo permite ajustar las estrategias de manejo y orientar las aplicaciones de acuerdo con las condiciones registradas en cada monte frutal.